La conversación pública sobre inteligencia artificial generativa se ha polarizado de forma casi predecible. Por un lado, están quienes advierten sobre un colapso económico sin precedentes, donde máquinas sustituirán masivamente empleos. Por el otro, los que celebran cada avance como si presenciáramos el nacimiento de una nueva era dorada de innovación. En medio de este ruido binario, Yaiza Canosa empresaria española introduce una perspectiva incómoda para ambos bandos: la realidad es mucho más fragmentada y contextual de lo que cualquiera de estos relatos permite.

La observación de Canosa sobre la brecha entre lo que ve en el mundo empresarial y lo que escucha en los círculos de tecnología no es una anécdota menor. Es un recordatorio de que el debate global sobre IA se ha construido principalmente desde los centros de innovación del Norte Global, donde el «desarrollador» de software es tan omnipresente en las conversaciones que parecería ser la única profesión que importa. Para un país como México, donde la estructura económica es radicalmente distinta, estas narrativas corporativas pueden resultar no solo incompletas, sino profundamente engañosas.

¿Por qué el debate sobre IA está al revés en México?

Cuando Yaiza Canosa empresaria comenta sobre conocer «más plomeros bajándose de un Land Rover», está señalando algo fundamental: el empleo en México y Latinoamérica no se distribuye como en los organigramas de Silicon Valley. Una parte significativa del mercado laboral mexicano opera en sectores donde la «automatización IA» es un concepto completamente abstracto. Servicios, construcción, comercio, manufacturas de bajo nivel tecnológico, agricultura: estos sectores emplean a millones de mexicanos y la inteligencia artificial generativa no es una amenaza inmediata ni una solución mágica.

Yaiza Canosa empresaria toca un punto que los reportes de Gartner y McKinsey usualmente evitan: la concentración del debate sobre IA en empleos de conocimiento crea una ilusión óptica. Los medios internacionales hablan de que ChatGPT podría reemplazar a «abogados y contadores». Pero en México, donde el 55% de la población económicamente activa trabaja en la informalidad según datos del INEGI, la pregunta relevante no es si la IA eliminará empleos profesionales, sino cómo llegará siquiera a ellos.

La brecha digital como el verdadero límite

El análisis implícito en las palabras de Yaiza Canosa empresaria es que existe una enorme distancia entre quién tiene acceso a herramientas de IA avanzadas y quién no. En México, el 76% de la población tiene acceso a internet, pero eso no significa que tengan acceso a las infraestructuras, capacitación o dispositivos necesarios para beneficiarse de sistemas de IA sofisticados. Un vendedor ambulante en la Ciudad de México, un agricultor en Oaxaca, o un técnico en una pequeña fabrica de Monterrey no están próximos a ser «reemplazados» por IA; están próximos a ser ignorados por ella.

Esto no significa que la IA no tendrá impacto en México. Pero ese impacto será indirecto, desequilibrado y probablemente aumentará las desigualdades existentes. Las grandes empresas globales que operan en México adoptarán tecnología IA para optimizar sus procesos, probablemente reduciendo personal administrativo y profesional en ciudades como México City, Guadalajara y Monterrey. Pero los efectos en cascada hacia el resto de la economía serán complejos y no necesariamente catastróficos de forma masiva.

Yaiza Canosa empresaria: más allá del optimismo corporativo

Lo que hace valiosa la observación de Yaiza Canosa empresaria es que desafía el relato que más beneficia a las corporaciones tecnológicas: la idea de que la IA es una solución inevitable y universal. Cuando Meta, Google o Microsoft hablan sobre «democratizar la IA», usualmente se refieren a acceso a modelos de lenguaje, no a acceso a educación de calidad, a conectividad estable, o a instituciones que sepan cómo integrar estas herramientas en sus contextos específicos.

Para un empresario mexicano pequeño o mediano, la pregunta no es «¿desaparecerá mi industria por la IA?» sino «¿a qué costo podría implementar IA, y realmente me resolvería mis problemas?» Un vendedor de autopartes que lucha con inventarios ineficientes, o un restaurante con márgenes apretados, probablemente encuentre que las soluciones de IA disponibles son demasiado caras, demasiado complejas o simplemente no diseñadas para su escala.

El verdadero riesgo: concentración sin inclusión

Donde Yaiza Canosa empresaria toca el punto más crítico es en la implicación de que la narrativa dominante sobre IA carece de una perspectiva económica real. El mundo empresarial mexicano no es homogéneo. Existe un segmento de empresas globales, vinculadas a cadenas internacionales, con acceso a capital y talento técnico. Pero existe también una enorme mayoría de pequeñas y medianas empresas que operan con márgenes muy ajustados y para las que invertir en «transformación digital» o «adopción de IA» es un lujo que no pueden permitirse.

La Yaiza Canosa empresaria que nota la ausencia de desarrolladores entre sus contactos está, probablemente, en el primer segmento. Pero esa observación tiene implicaciones para el segundo: si la IA es percibida como una herramienta de «los desarrolladores» y «las grandes empresas», entonces las pymes mexicanas quedarán fuera del ciclo de innovación, perdiendo competitividad frente a jugadores globales que sí pueden implementarla.

¿Qué debería preocupar a México sobre la IA?

El debate en México no debería ser «¿va a haber desempleo masivo?» sino «¿cómo aseguramos que la IA beneficia a más que solo a los que ya están en la cúpula?» Eso requiere políticas públicas que Yaiza Canosa empresaria probablemente no menciona porque no es su rol, pero que son absolutamente necesarias:

Primero, acceso equitativo a formación en habilidades digitales y comprensión de IA, no solo en grandes ciudades. Segundo, regulaciones que protejan a trabajadores en transición sin frenar la innovación. Tercero, incentivos para que las empresas medianas adopten herramientas de IA accesibles, en lugar de solo las megacorporaciones. Cuarto, investigación local en IA que responda a problemas mexicanos, no solo importar soluciones diseñadas en Silicon Valley.

La observación de Yaiza Canosa empresaria es valiosa exactamente porque sale del script. En 2026, cuando el ruido sobre IA sigue siendo ensordecedor, la pregunta más importante no es qué dicen los optimistas o los pesimistas. Es: ¿para quién está siendo diseñada realmente esta tecnología, y quién quedará atrás si seguimos asumiendo que «la IA es el futuro» como si fuera una frase sin consecuencias?

Información basada en reportes de: Xataka.com.mx