El dilema de las cifras insuficientes
México enfrenta una paradoja persistente: mientras cientos de miles de jóvenes demandan acceso a educación superior, las instituciones públicas responden con aumentos que resultan prácticamente simbólicos. La propuesta reciente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de incorporar 755 nuevos lugares en sus programas de licenciatura —lo que equivale a apenas nueve estudiantes adicionales por carrera— ejemplifica de manera cruda esta brecha estructural entre necesidad y oferta.
Esta cifra, que podría parecer un avance, requiere contextualizarse en un panorama donde millones de mexicanos carecen de oportunidad para acceder a formación universitaria. Según datos de organismos internacionales, México se encuentra muy por debajo de la media de cobertura en educación superior comparado con países latinoamericanos similares. Mientras Chile, Argentina y Costa Rica han logrado tasas de cobertura superiores al 50%, México ronda el 35-40%, dejando fuera del sistema a millones de potenciales estudiantes.
La UAM en el contexto nacional
La Universidad Autónoma Metropolitana representa uno de los proyectos más importantes de educación pública en México. Creada hace más de cinco décadas como respuesta a la demanda creciente de espacios educativos, la UAM se ha posicionado como una institución de calidad con cobertura en la zona metropolitana. Sin embargo, los recursos limitados —tanto presupuestarios como físicos— la han obligado a mantener una postura defensiva respecto a su expansión.
El agregado de menos de un centenar de estudiantes por año en toda la institución es insuficiente para responder a una demanda que, lejos de disminuir, continúa intensificándose. El problema no es responsabilidad exclusiva de la UAM, sino síntoma de una política educativa nacional que no ha priorizado la educación superior pública con la magnitud requerida.
¿Qué significan realmente 755 lugares?
Para dimensionar esta cifra, es útil recordar que en México aproximadamente 1.2 millones de jóvenes egresan anualmente de la educación media superior. De estos, menos del 40% logra acceder a algún programa de licenciatura. La UAM, como una de las principales instituciones públicas, podría absorber muchos más estudiantes si contara con inversión adecuada.
Estos 755 lugares distribuidos entre decenas de programas académicos representan un aumento marginal que apenas toca la superficie del problema. Es como intentar resolver una sequía plantando nueve árboles cuando se necesita reforestar un bosque completo.
Lecciones desde América Latina
Otros países latinoamericanos han enfrentado desafíos similares con respuestas más ambiciosas. Uruguay ha logrado expandir significativamente su sistema de educación superior pública manteniendo excelentes estándares de calidad. Brasil, a pesar de sus limitaciones presupuestarias, implementó programas masivos de ampliación acceso universitario que beneficiaron a millones. Incluso Colombia ha avanzado en cobertura universitaria con políticas de financiamiento innovadoras.
Estas experiencias sugieren que la ampliación de la educación superior no es imposible en contextos de recursos limitados; requiere voluntad política, financiamiento estratégico y planificación de mediano plazo.
La paradoja del crecimiento insuficiente
Existe una tensión importante entre mantener calidad académica y expandir cobertura. Algunos argumentan que la UAM debe crecer lentamente para preservar sus estándares. Este razonamiento tiene validez, pero también encierra un riesgo: convertirse en una institución cada vez más selectiva y menos pública, accesible solo para quienes ya poseen ventajas socioeconómicas.
La verdadera pregunta no es si crecer, sino cómo crecer responsablemente. ¿Es posible duplicar la matrícula manteniendo calidad? La experiencia internacional sugiere que sí, con las inversiones correctas.
Hacia una agenda propositiva
Es momento de plantear una agenda más ambiciosa para la educación superior pública mexicana. Esto incluye: aumento sustantivo del presupuesto para instituciones como la UAM; desarrollo de nuevos campus o sedes regionales; innovación en modelos educativos que mejoren eficiencia sin sacrificar calidad; y políticas de financiamiento estudiantil que reduzcan barreras económicas.
La UAM no es culpable de esta insuficiencia, sino víctima de decisiones presupuestarias tomadas en niveles superiores. Sin embargo, todos —gobierno, instituciones, sociedad civil— tenemos responsabilidad en construir un sistema que responda a las aspiraciones legítimas de millones de jóvenes mexicanos.
Una esperanza con exigencia
Que la UAM proponga expandirse, aunque sea modestamente, es positivo. Refleja que la institución reconoce su responsabilidad social. Pero debe ser el punto de partida, no de llegada. México necesita pensar en grande cuando se trata de educación superior pública.
El futuro del país depende de cuántos jóvenes logremos incorporar a la educación universitaria. Nueve estudiantes más por carrera es un paso; el desafío es que sea el primero de muchos otros.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx


