Cuando la aguja se encuentra con el algoritmo
La industria de la moda en América Latina vive en un tiempo extraño. Mientras en otras regiones del mundo hace años que diseñadores usan inteligencia artificial para prototipado, marcas implementan blockchain para rastrear cadenas de suministro y plataformas de e-commerce generan miles de millones en ventas, en Colombia, México, Perú y otros países de la región aún persisten modelos de negocio casi artesanales. Nextech, la primera feria dedicada a la intersección entre tecnología y moda en Colombia, cerró recientemente sus puertas con una conclusión incómoda que merece análisis: llegamos tarde, pero al menos llegamos.
La frase del presidente ejecutivo de Inexmoda—»si era el momento indicado, yo diría: no, llegó tarde»—no es solo un comentario casual. Es el reconocimiento de que mientras el mundo de la moda aceleró su transformación digital hace casi una década, la industria latinoamericana apenas está despertando. Y esto tiene implicaciones profundas.
El rezago que nadie quería nombrar
Durante años, la narrativa dominante en la industria textil latinoamericana fue la de la tradición, la artesanía, el valor cultural. Discurso romántico, sin duda. Pero también paralizante. Mientras se exaltaban los telares ancestrales y los bordados tradicionales, competidores de Vietnam, Bangladesh e incluso China modernizaban sus operaciones con tecnología IoT, automatización inteligente y sistemas de producción bajo demanda.
En América Latina, la mayoría de pequeñas y medianas empresas de moda—que constituyen el 85% del tejido empresarial del sector—operan con métodos de gestión que no han evolucionado significativamente en dos décadas. Inventarios excesivos, largos ciclos de producción, dificultad para adaptarse a tendencias rápidas, desconexión entre diseñadores y mercado final. Son problemas que la tecnología podría resolver, pero que requieren inversión, capacitación y, sobre todo, disposición al cambio.
¿Qué llegó a Nextech?
Una feria de tecnología y moda en 2024 debería ser casi un anacronismo. En ciudades como Nueva York, París, Milán o Londres, hace años que estos ecosistemas conviven naturalmente. Pero en el contexto latinoamericano, Nextech representa algo diferente: es el reconocimiento público de que la brecha existe, y que existe urgencia de cerrarla.
El evento probablemente reunió a startups de software para gestión de inventarios, plataformas de diseño colaborativo, herramientas de comercio electrónico, soluciones de realidad aumentada para probadores virtuales, y quizás algunas propuestas de sostenibilidad tecnológica. Todas necesarias. Todas llegando tarde, pero llegando.
El verdadero problema: acceso y educación
Aquí está lo que las ferias como Nextech raramente abordan de frente: el problema no es la falta de tecnología disponible. Es la falta de capacidad de absorción en la industria. Una pequeña empresa textil en Medellín no cierra porque no exista software de gestión; cierra porque no tiene capital para implementarlo, personal capacitado para usarlo, ni modelos de negocio flexibles para adaptarse a él.
Las grandes marcas latinoamericanas—aquellas que pueden invertir—frecuentemente externalizan producción en países con costos menores. Las medianas y pequeñas, que son la mayoría, luchan contra márgenes reducidos y competencia global despiadada. Para estas últimas, la tecnología no es un lujo aspiracional; es una necesidad de supervivencia que muchas no pueden permitirse.
¿Importa que llegue tarde?
Sí, importa. Pero no como una simple cuestión de moda (nunca mejor dicho). El rezago de la industria de confecciones en la adopción tecnológica tiene implicaciones económicas y laborales reales. Significa que los empleos en el sector seguirán siendo vulnerables a la automatización no controlada. Significa que las PYMES no competirán globalmente. Significa que la región seguirá siendo proveedora de materia prima y mano de obra barata en lugar de generadora de valor agregado.
Nextech, entonces, no es la solución. Es apenas el inicio del reconocimiento del problema. Lo importante ahora es ver si este evento genera no solo un mercado de tecnología para la moda, sino políticas públicas, programas de capacitación y acceso a financiamiento que democraticen realmente esta transformación.
Porque la verdadera pregunta no es si llegó tarde. Es si, ahora que está aquí, haremos algo realmente diferente.
Información basada en reportes de: Enter.co


