México: menos homicidios, pero la violencia sigue acechando en las sombras
En los últimos meses, México ha experimentado una tendencia que genera esperanza cautelosa: la disminución en los índices de homicidios. Sin embargo, detrás de estos números que parecen alentadores se esconde una realidad más compleja y dolorosa que afecta profundamente a millones de mexicanos que viven bajo el yugo de otras formas de violencia sistemática.
La administración actual ha centrado sus esfuerzos en reducir las muertes violentas, una métrica que históricamente ha sido el principal indicador de seguridad en el país. Los resultados, en papel, muestran avances. Pero pregúntale a las personas que reciben llamadas amenazantes cada semana, a los comerciantes que deben entregar porcentajes de sus ganancias a grupos criminales, o a las familias que llevan años buscando a sus desaparecidos, y el panorama cambia dramáticamente.
La cara oculta de la inseguridad
La extorsión en México se ha convertido en una epidemia silenciosa. A diferencia del homicidio, que genera titulares y estadísticas oficiales, la extorsión opera en las penumbras. Los negocios pequeños, desde taquerías hasta ferreterías, viven bajo un régimen de terror financiero. Los taxistas, los transportistas, los propietarios de locales comerciales: todos ellos pagan un precio invisible por intentar ganarse la vida.
En estados como Guerrero, Michoacán y Jalisco, la extorsión ha alcanzado niveles que sobrepasan la capacidad de respuesta institucional. Las víctimas raramente denuncian porque saben que hacerlo puede costarles la vida o la de sus seres queridos. Esta cifra negra, como la llaman los criminólogos, es probablemente varios múltiplos de lo que aparece en los registros oficiales.
Las desapariciones forzadas y voluntarias también persisten como una herida abierta en la sociedad mexicana. Desde 2006, cuando comenzó el operativo militar contra el narcotráfico, más de 100,000 personas han desaparecido. Muchas de estas desapariciones ocurren en contextos donde la violencia homicida ha disminuido, lo que sugiere que los grupos criminales han diversificado sus métodos de control territorial y extorsión.
Números que ocultan realidades
Los indicadores de seguridad, aunque útiles, pueden ser engañosos. Una reducción en homicidios no significa necesariamente que las comunidades sean más seguras. Puede significar que los criminales han encontrado formas más rentables y menos visibles de ejercer control: la extorsión no mata directamente, pero destruye economías locales y consume el espíritu de emprendimiento de millones de personas.
Comparando con otros países latinoamericanos, México enfrenta un desafío particular. Mientras que en países como Colombia se ha logrado reducir la violencia a través de operativos dirigidos y cooperación institucional, México sigue fragmentado. La falta de coordinación entre autoridades federales y estatales ha permitido que los criminales operen en una suerte de frontera institucional, aprovechando los vacíos de poder y las rivalidades políticas.
El rompecabezas de la seguridad
La seguridad pública requiere algo que va más allá de estrategias puntuales. Necesita coordinación genuina entre todos los niveles de gobierno, participación comunitaria real, y el fortalecimiento de sistemas de justicia que actualmente están colapsados. Cuando un comerciante es extorsionado y no denuncia porque sabe que la policía local es controlada por los mismos criminales, el problema no es de seguridad pública: es de captura institucional.
Los gobiernos subnacionales tienen un papel crucial que jugar. Mientras algunos estados mantienen independencia relativa de los grupos criminales, otros están prácticamente cooptados. Esta heterogeneidad hace que una estrategia nacional única sea insuficiente. Se necesitan abordajes diferenciados, recursos suficientes para instituciones locales, y mecanismos de rendición de cuentas que realmente funcionen.
Más allá de las estadísticas
La pregunta fundamental que debe hacerse cada mexicano es: ¿me siento seguro? ¿Puedo dejar que mis hijos jueguen en la calle? ¿Puedo montar un negocio sin temor a que me extorsionen? ¿Tengo confianza en que si algo me sucede, el sistema de justicia actuará?
Para la mayoría de los mexicanos, la respuesta sigue siendo no. Y eso es lo que realmente importa. Las reducciones en homicidios son bienvenidas, pero no pueden servir como cortina de humo para ignorar las otras dimensiones de la violencia que atormentan la vida cotidiana. La seguridad verdadera requiere enfrentar todas las formas de violencia, no solo las que aparecen en las gráficas de los reportes oficiales.
Información basada en reportes de: Latercera.com


