Cuando una figura política de la oposición rechaza explícitamente una amnistía, está tomando una decisión que va mucho más allá de una declaración táctico. María Corina Machado descarta amnistía y, con ello, traza una línea sobre cómo imagina el futuro judicial de Venezuela. Esta postura, expresada en una conversación reciente con el Grupo de Diarios América desde Panamá, abre debates urgentes sobre justicia, reconciliación y la viabilidad política de cualquier transición democrática en la región.

La opositora venezolana ha sido clara: no habrá blancos ni olvidos para quienes considera responsables de la crisis que ha devastado a Venezuela durante años. Al mismo tiempo, promete que ese camino hacia la justicia no será sinónimo de venganza. Es una posición delicada, incluso contradictoria en apariencia, pero que merece análisis profundo más allá de los titulares.

¿Qué significa María Corina Machado descarta amnistía para Venezuela?

Rechazar una amnistía es, en esencia, comprometerse con la rendición de cuentas. Esto implica que los funcionarios públicos y militares que participaron en decisiones de gobierno —especialmente durante años de represión, crisis económica y migración forzada— enfrentarían investigaciones y, potencialmente, procesos judicales. No es un gesto menor en un país donde la impunidad ha sido la norma durante décadas.

Machado no está inventando este dilema. En América Latina, este debate ha acompañado cada transición democrática importante: Chile, Argentina, Guatemala, El Salvador. La pregunta central permanece igual: ¿cómo reconstruir un país sin justicia? ¿Y cómo lograr justicia sin desgarrar la frágil cohesión social que una transición requiere?

Lo que distingue el planteamiento de María Corina Machado descarta amnistía es que simultáneamente rechaza la venganza. No promete ni caza de brujas ni persecución política. Propone, en teoría, un camino intermedio: responsabilidad sin revancha. La pregunta incómoda es si tal equilibrio es posible cuando hay décadas de sufrimiento acumulado.

Las reformas institucionales como preludio a la justicia

La postura sobre amnistía no aparece aislada. Machado señala la necesidad de reformar instituciones clave: el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Ambas son, en el contexto venezolano actual, instrumentos que han legitimado un orden considerado ilegítimo por amplios sectores de la población.

Esto tiene lógica: difícilmente pueda haber justicia real si los tribunales que la administrarían son los mismos que permitieron la corrupción y la represión. Es un reconocimiento de que el problema no es meramente penal, sino institucional y estructural. Venezuela no necesita solo juicios; necesita instituciones que sean percibidas como legítimas.

Además, Machado insiste en fijar una fecha electoral clara. Este punto es crucial para entender su estrategia: sin certeza temporal sobre cuándo habrá elecciones, la transición permanece en suspenso, y con ella, toda promesa de cambio.

Delcy Rodríguez: símbolo de responsabilidades específicas

Que María Corina Machado descarta amnistía cobra una dimensión más concreta cuando señala específicamente a Delcy Rodríguez como responsable de la crisis. No es acusación vaga: es identificación de rostros en la cadena de mando. Rodríguez, quien ha ocupado posiciones clave en el gobierno venezolano, encarna para la oposición la continuidad del modelo de poder que ha generado la crisis migratoria, económica y política.

Este énfasis es revelador porque sugiere que la justicia que se propone no será abstracta. Tendrá nombres, apellidos y rostros. Esto la hace más creíble para quienes demandan responsabilidad, pero también más peligrosa potencialmente para cualquier negociación política que requiera acuerdos entre sectores.

¿Qué importa esto para México y Latinoamérica?

Para el lector mexicano, esta conversación sobre María Corina Machado descarta amnistía no es una anécdota ajena. México vive su propio debate sobre justicia transicional. Décadas de violencia relacionada con el crimen organizado, desapariciones forzadas y corrupción de Estado han dejado un país donde la pregunta sobre quién responde por qué nunca se resolvió. A diferencia de Venezuela, México no enfrenta una transición política clara, pero enfrenta un dilema similar: ¿perdón sin verdad? ¿Justicia sin instituciones confiables?

La postura de Machado ofrece un espejo. Dice que es posible exigir justicia sin venganza. Pero también expone la tensión real: ¿cómo se garantiza eso? ¿Con qué mecanismos? ¿Bajo qué supervisión internacional?

En toda Latinoamérica, gobiernos y sociedades civiles enfrentan este mismo acertijo. Argentina juzgó a militares de la dictadura, pero la reconciliación sigue siendo parcial. Chile creó comisiones de verdad, pero muchos casos permanecen sin cierre. Guatemala intentó ambas cosas y fracasó de manera dramática cuando persiguió a militares con poder real.

El riesgo de prometer lo imposible

Aquí está el riesgo que asume quien decide que María Corina Machado descarta amnistía: prometer justicia sin venganza es satisfacer a dos públicos simultáneamente. A las víctimas, que demandan castigo. A las élites y fuerzas armadas, que necesitan garantías de no persecución para participar en cualquier transición.

La historia regional sugiere que ese equilibrio es extraordinariamente frágil. Las comisiones de verdad funcionan mejor cuando hay aceptación genuina de cambio de poder. Cuando el cambio es forzado, mediático o incompleto, la justicia transicional tiende a convertirse en justicia selectiva, que es apenas un paso mejor que la impunidad.

Lo que hace valioso el posicionamiento de Machado —aunque sea retórico por ahora— es que no niega el dilema. Lo reconoce: sí a la justicia, no a la revancha. Es una invitación a pensar en cómo lograr eso en la práctica, no solo en los discursos.

Venezuela, como muchos países latinoamericanos, necesitará más que buenas intenciones. Necesitará instituciones reformadas, supervisión internacional real, y sobre todo, una sociedad dispuesta a que otros sean juzgados sin convertir esos juicios en arma política. Por ahora, María Corina Machado descarta amnistía. La pregunta que sigue es: ¿con qué la reemplazará?

Información basada en reportes de: Diario EL PAIS Uruguay