El próximo 3 de noviembre de 2024 será un punto de inflexión para la política estadounidense que resonará en toda América Latina. Las elecciones noviembre 2024 definirán no solo quién controla el Capitolio, sino también qué tipo de políticas enfrentará México en los próximos años. Para los mexicanos, este proceso electoral es mucho más que un asunto interno de Estados Unidos.

¿Qué está realmente en juego en las elecciones noviembre 2024?

El Congreso estadounidense se juega su composición en una batalla que promete ser cerrada. Los republicanos intentan mantener el control en la Cámara de Representantes, donde actualmente tienen una ventaja estrecha de 218 diputados contra 212 demócratas. En el Senado, la situación es igualmente tensa: los conservadores cuentan con 53 senadores frente a 47 de la oposición. Estos números, que parecen cómodos a primera vista, esconden una realidad más frágil de lo que aparenta.

Para los demócratas, la matemática electoral es clara: necesitan ganar apenas tres escaños netos en la Cámara Baja para arrebatar la mayoría, y cuatro en el Senado para hacer lo propio en la cámara alta. Esto significa que cualquier cambio modesto en la preferencia electoral podría volcarse la balanza. Ninguno de los dos bandos tiene garantizado mantener su posición actual.

Trump desatado o ‘pato cojo’: qué significa para México

La pregunta central que se hacen los analistas es si el próximo gobierno estadounidense, sea quien sea, tendrá un congreso cooperante o confrontacional. Si el mismo partido controla la presidencia y el Congreso de manera sólida, tendremos un ejecutivo «desatado», con capacidad real para implementar su agenda sin grandes obstáculos. Si hay división, estaremos ante un gobierno «pato cojo», paralizado o limitado en sus iniciativas.

Para México, la diferencia es abismal. Una administración con control total del Congreso puede cambiar unilateralmente las reglas comerciales del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), impulsar políticas migratorias más restrictivas o renegociar acuerdos bilaterales desde una posición de fuerza. Un gobierno dividido, en cambio, podría verse obligado a negociar más con el otro partido, lo que teoréticamente generaría espacio para que México defienda sus intereses.

El impacto directo en la economía mexicana y el comercio bilateral

México depende de Estados Unidos más que nunca. Aproximadamente el 80% de las exportaciones mexicanas van hacia el norte, y el comercio bilateral supera los 600 mil millones de dólares anuales. Las decisiones que tome el Congreso estadounidense sobre aranceles, políticas migratorias y regulaciones comerciales tendrán repercusiones directas en empleos, salarios y oportunidades de negocio en México.

Un Congreso con fuerte control de un solo partido podría impulsar cambios radicales en las reglas comerciales. Esto incluye ajustes al T-MEC, aumentos de aranceles a productos mexicanos o presiones para que las empresas reubiquen su producción de regreso a Estados Unidos. Las PyMES mexicanas que dependen de la cadena de suministro norteamericana serían las más vulnerables ante estos cambios.

Por el contrario, un Congreso dividido significaría que ningún partido puede imponer su agenda unilateralmente. Esto podría generar mayor estabilidad en las relaciones comerciales, aunque también podría significar parálisis legislativa en temas que requieren acción coordinada.

Migración y política exterior: otra cara de la moneda

Las elecciones noviembre 2024 también determinarán el rumbo de las políticas migratorias que afectan a decenas de miles de mexicanos cada año. El Congreso estadounidense controla los presupuestos para seguridad fronteriza, programas de deportación y políticas de asilo. Un Congreso con mayoría conservadora sólida podría endurecer significativamente estas políticas, mientras que uno dividido podría mantener un status quo más cercano al actual.

La política exterior también está en juego. Las decisiones sobre sanciones internacionales, ayuda extranjera y presencia militar de Estados Unidos en el mundo afectan la estabilidad regional que México necesita. Un gobierno fuerte en Washington, sin límites congresionales, podría tomar decisiones más unilaterales que ignoren las preocupaciones de sus vecinos.

¿Por qué los mexicanos deben estar atentos al 3 de noviembre?

Los mexicanos no votan en las elecciones estadounidenses, pero viven diariamente con sus consecuencias. Desde el trabajador en una maquiladora que depende de órdenes de compra estadounidenses, hasta el pequeño comerciante fronterizo, pasando por familias que tienen miembros en ambos lados de la frontera, la política norteamericana es política mexicana por efecto.

Las elecciones noviembre 2024 son un termómetro de cómo será la política estadounidense durante los próximos dos años. Si el resultado es un Congreso dividido y débil, habrá espacio para negociar. Si es una mayoría sólida y disciplinada, México deberá prepararse para cambios potencialmente disruptivos en las reglas de juego comercial y político que hoy conoce.

En la Ciudad de México, las cancillerías latinoamericanas y los centros de poder empresarial ya están modelando escenarios para el día 4 de noviembre. Porque las elecciones norteamericanas no terminan en Nueva York ni en California: sus consecuencias llegarán a México en forma de nuevas políticas, acuerdos reconfigurados y una realidad geopolítica distinta. Por eso, aunque no podamos votar, sí podemos entender qué está en juego cuando Estados Unidos elige.

Información basada en reportes de: El Financiero