¿Despierta la inversión o es solo un espejismo trimestral?

Después de meses observando cómo la inversión productiva se desmoronaba como un castillo de arena, finalmente aparece una buena noticia en los números. El segundo trimestre muestra un repunte que rompe la tendencia a la baja que nos ha acompañado demasiado tiempo. Pero aquí viene la pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿estamos ante el auténtico cambio de rumbo que necesita la economía, o simplemente ante un rebote estadístico que podría derrumbarse en los próximos meses?

En Latinoamérica, hemos visto este patrón demasiadas veces. Un trimestre de esperanza, análisis optimistas en los medios, y luego la realidad golpea cuando descubrimos que era un espejismo. La inversión productiva es el corazón de cualquier economía sana. Sin ella, no hay empleos de calidad, no hay innovación, no hay crecimiento real que beneficie a las mayorías. Por eso cada cifra importa, y por eso también debemos analizarla con frialdad.

Cuando los gráficos nos cuentan historias incompletas

Es cierto que los gráficos pueden ser elocuentes. Una línea que cambia de dirección, que deja de caer para empezar a subir, genera optimismo genuino. Y hay razones para cierto optimismo: después de una caída sostenida, cualquier mejora es bienvenida. Pero la pregunta crucial es si esa mejora es robusta o efímera.

Lo que preocupa en el contexto actual es que la inversión productiva en nuestro país ha estado bajo presión por factores estructurales que van más allá de un solo trimestre. La incertidumbre regulatoria, los cambios constantes en las reglas del juego, la volatilidad macroeconómica y el costo del capital siguen siendo obstáculos formidables. Un trimestre al alza no disuelve estos problemas fundamentales.

Además, debemos preguntarnos qué tipo de inversión está repuntando. ¿Es inversión en manufactura, tecnología e infraestructura? ¿O es principalmente capital que se mueve buscando arbitraje especulativo? La composición importa tanto como el volumen. Podemos tener números grandes que enmascaren debilidades preocupantes en la calidad del crecimiento.

La lección de los ciclos económicos

La historia económica latinoamericana nos enseña que los ciclos son reales y a menudo brutales. Hemos estado en ciclos alcistas que parecían permanentes, solo para despertar a una crisis. También hemos experimentado recuperaciones que prometían estabilidad y se desvanecieron cuando cambió el viento global. La inversión productiva es particularmente sensible a estas variables externas: precios de materias primas, tasas de interés internacionales, flujos de capital.

En ese contexto, celebrar un trimestre es prematuro. Celebrar una tendencia que se consolide durante dos, tres o cuatro trimestres es más sensato. Y exigir que las autoridades y los empresarios actúen para que esa tendencia se profundice es responsabilidad cívica.

Lo que falta en la conversación

El repunte del segundo trimestre es una noticia que merece atención, pero la verdadera pregunta es qué está impulsando este cambio. ¿Hay políticas públicas claras que están incentivando la inversión? ¿Las empresas están recuperando confianza en el futuro del país? ¿Hay acceso a financiamiento en términos razonables? ¿La mano de obra calificada está disponible?

Estas preguntas no se responden con un gráfico al alza. Se responden hablando con inversionistas, con emprendedores, con empresas grandes y medianas. Se responden analizando qué sectores están invirtiendo y por qué. Se responden evaluando si las condiciones que permitieron este rebote son sostenibles.

Una invitación a la vigilancia inteligente

No se trata de ser pesimista. El optimismo es necesario para que una economía funcione. Los inversionistas necesitan creer que el futuro será mejor, o simplemente no invierten. Pero el optimismo informado, basado en hechos y no en deseos, es diferente del optimismo ingenuo.

Lo que propongo es observar con atención los siguientes trimestres. Mantengamos nuestro escepticismo sano pero constructivo. Celebremos la mejora, pero no bajemos la guardia respecto a los problemas de fondo. Exijamos que los responsables de la política económica aprovechen esta ventana de mejora para implementar cambios estructurales verdaderos: reforma tributaria justa, seguridad jurídica, educación en habilidades demandadas, infraestructura moderna.

El despertar de la inversión puede ser real. Pero un despertar no es suficiente. Necesitamos que la economía se mantenga despierta, que trabaje de forma inteligente y que genere prosperidad compartida. Eso es lo que deberíamos estar vigilando realmente.

Información basada en reportes de: El Financiero