El dilema comercial que divide al agro costarricense

Costa Rica enfrenta una decisión que trasciende los pasillos de negociación internacional. La posibilidad de adherirse al Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) genera expectativa y preocupación en partes iguales entre los productores agrícolas del país. Mientras algunos ven una puerta hacia mercados de alto poder adquisitivo, otros temen que sus productos no resistan la competencia de potencias agroindustriales como Vietnam, Tailandia y Japón.

El tema no es menor. La agricultura representa aproximadamente el 6% del producto interno bruto costarricense, pero emplea a decenas de miles de personas en zonas rurales donde opciones laborales escasean. Por eso, cuando el sector agropecuario se reúne con Comex —la Comisión Nacional de Negociación Comercial— las conversaciones adquieren urgencia política y social.

¿Qué es el CPTPP y por qué importa?

El Acuerdo Transpacífico no es una simple zona de libre comercio. Es un tratado de nueva generación que reduce aranceles, pero también armoniza reglas laborales, ambientales y de propiedad intelectual entre once economías que representan más del 13% del comercio mundial. Sus miembros incluyen Vietnam, Japón, Australia, Singapur, Nueva Zelanda y seis naciones más de América Latina y Asia.

Para Costa Rica, el atractivo es acceso a estos mercados sin intermediarios. Los productos costarricenses —piña, cacao, café, carne— enfrentarían menores barreras arancelarias. En teoría, eso abre oportunidades de crecimiento. Pero la realidad comercial es más compleja: significa también competencia directa sin protecciones.

Las preocupaciones legítimas del sector agrícola

Los productores costarricenses tienen razones concretas para inquietarse. Vietnam, por ejemplo, es el mayor exportador mundial de cacao y café. Su capacidad de producción a bajo costo es difícil de igualar. Si Costa Rica entra al CPTPP sin salvaguardas especiales, sus pequeños y medianos productores podrían ser desplazados en sus propios mercados internacionales.

Las reuniones entre el agro y Comex revelan un punto central: la necesidad de períodos de transición más largos para ciertos productos sensibles. Costa Rica, como economía más pequeña, necesita tiempo para mecanizar, diversificar y ganar competitividad antes de enfrentar la competencia plena con gigantes agroindustriales asiáticos.

Además, existe preocupación por normas ambientales. El CPTPP exige estándares de sostenibilidad cada vez más rigurosos. Aunque Costa Rica es líder regional en conservación —un activo comercial—, cumplir estas normas requiere inversión que muchos productores pequeños no pueden costear.

La oportunidad económica que no se puede ignorar

Sin embargo, rechazar el acuerdo también tiene costos. Los mercados asiáticos crecen más rápido que los latinoamericanos. Japón y Singapur son economías de alto consumo, con preferencia por productos premium y de nicho. El cacao de Costa Rica, la piña gourmet o el café de especialidad tienen demanda real en esas latitudes.

Además, no estar en el CPTPP podría significar quedarse afuera mientras competidores —incluso dentro de América Central— se integran y ganan ventajas. Guatemala, Honduras y El Salvador ya analogan membresía. La región está en movimiento.

Lo que está en juego para el consumidor costarricense

En la vida cotidiana, esto se traduce así: si Costa Rica entra al acuerdo con buenos términos de transición, los productores tienen tiempo para adaptarse. Podrían invertir en tecnología, mejorar rendimientos y acceder a nuevos consumidores globales. Eso eventualmente crea empleo rural y estabiliza precios locales.

Si la negociación es desfavorable, pequeños productores podrían abandonar sus tierras, provocando éxodo rural, desempleo en zonas periféricas e importaciones masivas de alimentos procesados más baratos pero de menor calidad nutritiva.

El camino adelante

Las conversaciones entre sector agropecuario y Comex son fundamentales porque exponen las necesidades reales de quienes producen. No se trata de cerrazón proteccionista, sino de cómo negociar la apertura de manera inteligente.

Costa Rica tiene fortalezas: reputación de calidad, certificaciones ambientales, tecnología. Pero necesita acuerdos con cláusulas de salvaguarda, financiamiento para transición tecnológica y acceso preferente en productos de nicho. Sin estos elementos, el CPTPP podría ser menos beneficioso de lo prometido.

El país debe decidir pronto. La integración transpacífica avanza, y quedarse fuera tiene precio. Pero entrar sin protecciones también. La negociación correcta —la que escuche al agro y proteja a los más vulnerables— es el verdadero desafío.

Información basada en reportes de: Nacion.com