Bajo el lema «Recordando a los muertos, celebrando la vida», el Gobierno del Estado de México, a través de la Protectora de Bosques (Probosque), realizó el Festival de las Migraciones de los Espíritus Protectores del Bosque en Metepec. Un encuentro cultural y educativo que buscó vincular las tradiciones ancestrales del Día de Muertos con la conservación de bosques y la importancia vital de las especies migratorias que cada año arriban al territorio mexiquense.
El festival no fue solo una celebración, sino una invitación a comprender que cuando honramos a nuestros difuntos, también podemos reconocer los viajes extraordinarios que realizan miles de animales silvestres. Una conexión profunda entre lo espiritual y lo ambiental que refleja la cosmovisión de comunidades que ven a la naturaleza como parte de su identidad.
Un espacio para entender las rutas de la vida
Durante el evento realizado en las oficinas centrales de Probosque, las y los asistentes participaron en actividades que relacionaron el regreso simbólico de los seres queridos con los recorridos migratorios de distintas especies. La exposición «Migraciones: Rutas de vida» fue el corazón del festival, dedicada a las travesías de mariposas monarca, libélulas, colibríes, murciélagos, patos, garzas y aves rapaces.
Estas especies no son simples visitantes del bosque. Durante la temporada de otoño, realizan desplazamientos clave para el equilibrio de los ecosistemas mexiquenses. La conservación de bosques es, en muchos sentidos, garantizar que estas rutas migratorias permanezcan vivas y seguras para que ciclos naturales continúen su curso.
¿Por qué importan las especies migratorias en los ecosistemas?
Charlas de divulgación científica abordaron el rol ecológico de aves rapaces, polinizadores y otras especies fundamentales. Los especialistas explicaron que estas migraciones no son eventos aislados, sino funciones vitales: la polinización, el control natural de plagas y la dispersión de semillas que regeneran los bosques.
Mariposas monarca, libélulas y murciélagos, frecuentemente invisibles en la cotidianidad urbana, son guardianes silenciosos de la salud forestal. Su presencia indica que los hábitats funcionan correctamente y que los cuerpos de agua mantienen su vitalidad. La conservación de bosques, entonces, no es un acto aislado, sino una responsabilidad que conecta con la supervivencia de especies que viajan miles de kilómetros.
Tradición y ciencia en la «Procesión Probosque»
Alejandro Santiago Sánchez Vélez, Director General de Probosque, subrayó durante el encuentro la importancia de reconocer a las especies silvestres como parte del entorno compartido: «Buscamos acrecentar la conciencia, la compasión y el amor en su más amplia acepción por los seres no humanos que nos acompañan en el planeta. Las migraciones nos muestran que ambientalmente solo hay una patria y que en esta aldea global compartimos un destino común».
Posteriormente, la «Procesión Probosque» recorrió simbólicamente las instalaciones con luz y música, representando el regreso de las almas durante el Día de Muertos y la llegada simultánea de animales migratorios que encuentran refugio en los ecosistemas del Estado de México. Una fusión visual entre lo sagrado y lo natural que recordó a los asistentes que la conservación de bosques es también un acto de honra hacia lo que nos precede.
Convivencia comunitaria y reflexión colectiva
Al concluir las actividades, las y los participantes compartieron una convivencia con alimentos tradicionales, pan de muerto y flores de cempasúchil. En esa mesa comunitaria convergieron generaciones, saberes ancestrales y conciencia ambiental: la certeza de que proteger los bosques es proteger las rutas por donde transitan los espíritus de la vida.
Con este festival, el Gobierno de la Maestra Delfina Gómez Álvarez cerró una brecha frecuente entre celebración popular y acción ambiental. Acercó a la ciudadanía información concreta sobre biodiversidad y conservación, recordando que cada árbol en pie, cada manantial limpio, es parte de las rutas migratorias que sostienen el planeta.
La conservación de bosques no es una responsabilidad relegada a especialistas. Es una tarea colectiva que, como en Metepec, puede comenzar reconociendo que los muertos regresan, sí, pero también llegan cada otoño millones de alas que merecen encontrar un hogar seguro.


