Cuando termina una era: Argentina mira hacia adelante sin su referente
En las últimas décadas, América Latina ha aprendido que los ciclos de sus grandes estrellas del fútbol son inevitables. Después de Maradona llegó un período de búsqueda para Argentina. Ahora, con la retirada de Lionel Messi de la selección, el país vuelve a enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿quién llena ese vacío? Claudio Borghi, quien ha vivido buena parte de su vida profesional en Chile observando desde la cordillera los movimientos del fútbol rioplatense, ofrece una perspectiva única sobre este momento de transición.
Radicado en territorio chileno por más de treinta años, «Bichi» ha sido testigo de la evolución del fútbol sudamericano desde una posición privilegiada. No es forastero, pero tampoco es parte de la nostalgia cotidiana de Buenos Aires. Esa distancia geográfica le permite analizar con una claridad que a menudo se pierde en el fervor emocional de la prensa argentina. Y su conclusión es directa: los próximos años serán complicados, similar a lo que sucedió cuando Argentina tuvo que reconstruirse después de la era dorada de Diego.
El legado que no se repite
La comparación con Maradona no es casual. Ambos futbolistas redefinieron lo que significaba llevar la camiseta albiceleste. Más allá de los goles y las asistencias, representaban algo profundo en la identidad nacional: la capacidad de transformar el juego, de imponer su voluntad sobre el terreno, de ser prácticamente un equipo dentro del equipo. Cuando se fueron, dejaron no solo números en las estadísticas, sino un vacío emocional que tardó años en procesarse.
Sin embargo, Borghi reconoce que la Argentina actual no es la del pasado. El equipo que ganó la Copa América en 2021 y el Mundial en 2022 construyó una estructura colectiva diferente. No dependía únicamente de Messi en la misma medida que dependía de Maradona en los ochenta. Ese es un factor que matiza el pronóstico, aunque no lo hace menos desafiante.
Reivindicación de una gestión olvidada
En su análisis, Borghi también dedica palabras a Carlos Bilardo, técnico que ha sido frecuentemente marginado de las narraciones heroicas del fútbol argentino moderno. Para el exjugador chileno, Bilardo representa un eslabón importante en la construcción estratégica que eventualmente permitió que Argentina volviera a competir en los más altos niveles. Su trabajo de formación, aunque a menudo criticado en su momento, sentó bases que trascendieron su propia era.
Este tipo de reconocimiento es importante en la prensa deportiva latinoamericana, donde frecuentemente se olvidan los protagonistas secundarios de historias de éxito. Borghi, desde su perspectiva externa, puede permitirse ser justo con figuras que en Argentina misma siguen siendo controversiales.
Gratitud hacia los arquitectos recientes
Mención especial merece también Martín Pizzi en la reflexión de Borghi. El técnico que guió a Argentina en un período crítico de reconstrucción posterior a 2018 recibe reconocimiento por haber iniciado un proceso que otros completarían después. En Latinoamérica, donde las presiones sobre los técnicos son brutales, recordar esos esfuerzos intermedios es un acto de justicia deportiva.
La sorpresa del futuro: los nuevos talentos
Quizás lo más interesante del análisis de Borghi es su sorpresa ante el surgimiento de Faustino Oro. Este tipo de descubrimientos representa lo que Argentina tiene por delante: jóvenes jugadores que crecerán en un contexto sin la sombra de Messi, construyendo sus propias identidades dentro de la selección. No será lo mismo, pero será diferente, y esa diferencia podría traer sus propias virtudes.
Desde Chile, observando hacia el este, Borghi entiende que los próximos años serán de reconstrucción pausada pero necesaria. Argentina tiene historia suficiente, estructura suficiente y talento emergente como para no entrar en crisis. Pero sí necesitará paciencia, algo que en el fútbol latinoamericano es a menudo un lujo.
Información basada en reportes de: La Nacion


