Morena en la cuerda floja: pugnas internas amenazan la unidad del partido
Cuando el río suena, es porque algo lleva. Y en Morena, el agua baja turbia. A pesar de ocupar la presidencia de la República y mantener el control del Congreso, el partido guinda enfrenta una realidad incómoda: sus estructuras internas se fracturan por la disputa de candidaturas y espacios de poder para las próximas elecciones, revelando tensiones que podrían reconfigurar el mapa político nacional.
El poder sigue en Tabasco, no en Palacio Nacional
Contrario a lo que podría suponerse, la presidenta Claudia Sheinbaum no controla completamente las decisiones al interior de Morena. Según analistas políticos, las manos que realmente mueven los hilos del partido permanecen en Tabasco, en poder de figuras cuya influencia sigue siendo determinante en la asignación de candidaturas. Este escenario genera fricción con la administración presidencial y expone un poder dividido que complica la gobernanza.
La salida de Adán Augusto de la dirigencia del Senado fue un intento de Sheinbaum por reducir conflictos y desmarcar a Morena de visiones contrarias a sus intereses. Sin embargo, esta maniobra no ha logrado neutralizar el verdadero núcleo de poder que determina qué candidatos competirán en los comicios venideros.
Fracturas en el Estado de México: el ejemplo que explica todo
El Estado de México ilustra perfectamente las tensiones internas. Allí coexisten al menos dos grupos firmes: el encabezado por la maestra Delfina Gómez y el que respalda a Higinio Martínez, ahora presidente del Senado. Ambos disputan decisiones clave sobre candidaturas, mientras grupos aliados como el PT y el PVEM condiciona su apoyo legislativo a cambio de beneficios electorales.
Dentro de Morena, Nueva Esperanza —el grupo impulsado por la presidenta con figuras como René Bejarano y Dolores Padierna— también pelea espacios en las internas. Pero hay un sector particularmente afectado: los «puros» de Morena, marginados de participación y resentidos por el incumplimiento de promesas que les ofrecían representación política.
La lección que el PRI no aprendió
La historia ofrece una advertencia perturbadora. Cuando el PRI comenzó a perder poder en los años 90 y 2000, fue precisamente porque abandonó a sus bases corporativas: CTM, CNC, CNOP y otras organizaciones sindicales que canalizaban el voto corporativo. Al dejar de ofrecerles espacios y beneficios políticos, estos grupos buscaron alternativas. Cuando los líderes sindicales dijeron a sus agremiados «vayan a donde sus intereses estén», muchos migraron a Morena.
Hoy, estos grupos tienen experiencia acumulada en cambios políticos y conocen el valor de su participación. Si Morena sigue relegándolos o incumpliendo promesas, podrían convertirse en votantes flotantes sin lealtad partidaria definida, capaces de hacer una diferencia crucial en futuras elecciones.
El punto de quiebre llegará en las candidaturas
La conformación de las planillas electorales será el verdadero test de unidad en Morena. Es allí donde se verá si la cohesión es real o solo una fachada. Los grupos internos que se sientan excluidos tendrán oportunidades concretas para evaluar si permanecen en el partido o buscan otras opciones. Mientras tanto, municipios que han devenido en pequeños feudos bajo el control de actores específicos enfrentan creciente rechazo ciudadano.
Las reelecciones no son garantía de estabilidad cuando el poder se ha enquistado en estructuras caciquiles. La sociedad, cansada de estos esquemas, presionará por cambios.
La traición como lógica política
Como advirtió el periodista Jorge Zepeda Patterson: «En política, la lealtad se practica sólo cuando la traición no ofrece dividendos». Morena está a punto de descubrir si sus militantes comparten esta visión pragmática. Si las promesas se cumplen y los espacios se distribuyen equitativamente, la unidad prevalecerá. Si no, el partido podría enfrentar deserciones masivas que reconfigurarían el mapa electoral mexicano.
El río suena. Ahora veremos qué trae el agua.


