En el corazón de Tenango del Valle, Madelen Garduño Camacho transforma la cera en piezas artesanales que cuentan historias. Con las manos como herramienta principal y técnicas heredadas de cinco generaciones, esta artesana del Estado de México mantiene viva una cerería tradición con raíces que se remontan a la época novohispana. Su trabajo, respaldado por el Gobierno de la Maestra Delfina Gómez Álvarez a través de la Secretaría de Cultura y Turismo, es un testimonio viviente de cómo la memoria colectiva puede resistir en tiempos de cambio acelerado.

De abuelas a artesana: la transmisión del conocimiento

Madelen aprendió los secretos de este oficio de sus abuelas, Ofe y Toñita, así como de su madre. Cada generación añadió precisión y creatividad a procesos que, aunque parecen simples, demandan paciencia infinita y un compromiso profundo con la calidad. «El proceso de elaboración de las velas es completamente con técnicas tradicionales. Nosotros hemos preservado y conservado todas estas técnicas. Los procesos son completamente hechos a mano», relata la artesana con orgullo.

En su taller familiar ubicado en Independencia Sur número 204, en el centro de Tenango del Valle, no hay moldes industriales ni máquinas que aceleren el trabajo. Cada vela nace de la fundición de distintas ceras y de la aplicación cuidadosa de capas de colores que crean formas, texturas y acabados únicos. Esta metodología, que mantiene vivos procesos novohispanos, es lo que diferencia sus creaciones en un mercado saturado de productos masivos.

Creaciones que requieren tiempo y dedicación

Las piezas más emblemáticas de la cerería tradición de Madelen son sus velas en forma de panes de muerto, que pueden requerir alrededor de 13 días de trabajo. Más aún, sus calaveritas exigen aproximadamente 15 días de elaboración meticulosa. Estas no son cifras caprichosas: representan el tiempo necesario para que cada detalle sea perfecto.

Para crear estas obras, Madelen utiliza materias primas, esencias y pigmentos naturales que aportan características particulares a cada creación. Esta elección consciente de ingredientes naturales no solo mejora la calidad final, sino que también refleja una responsabilidad ambiental y cultural. Cada vela cuenta una historia de respeto por la tradición y por la tierra de donde provienen sus materiales.

El apoyo institucional como puente con el mercado

Reconociendo la importancia de preservar saberes ancestrales, el Gobierno del Estado de México, a través del Instituto de Investigación y Fomento de las Artesanías del Estado de México (IIFAEM), ha facilitado que artesanos como Madelen puedan exhibir y comercializar sus productos. «Nos encontramos afiliados al IIFAEM y nuestras piezas son comercializadas a través de las tiendas de CASART, y hemos recibido apoyos para poder exhibir nuestros productos en los puntos de venta que tienen y también en las ferias y exposiciones que convoca el Gobierno del Estado», explica Garduño Camacho.

Este apoyo es crucial en un contexto donde las artesanías tradicionales compiten con productos de bajo costo importados. Al fortalecer los espacios de comercialización, las instituciones reconocen que la cerería tradición no es un lujo nostálgico, sino un patrimonio vivo que merece subsistir en la economía actual.

Puertas abiertas al conocimiento y la compra

Más allá de la venta, Madelen ha abierto su taller a visitantes y habitantes de Tenango del Valle para que conozcan de cerca cómo la cera líquida se transforma en arte mediante el trabajo manual. Estas actividades educativas son actos de generosidad cultural: permiten que nuevas personas comprendan el valor de lo hecho con las manos y, potencialmente, despierten vocaciones en futuras generaciones de artesanos.

Para quienes deseen adquirir estas creaciones o simplemente conocer más sobre este oficio ancestral, las puertas del taller están abiertas. Ubicado en Independencia Sur número 204, en el centro de Tenango del Valle, también es posible seguir a Ceras Artesanales en Facebook e Instagram, o comunicarse al teléfono 722 467 8747.

En un mundo que privilegia la velocidad y la uniformidad, Madelen Garduño y su cerería tradición representan una resistencia hermosa: la de quien decide que ciertos conocimientos merecen tiempo, que la calidad no se negocia y que la memoria cultural es un bien común que debe transmitirse sin diluirse. Así, cada vela que sale de su taller es un pequeño acto de rebelión contra el olvido.