El municipio de Naucalpan comienza a cerrar una herida histórica. El 6 de noviembre de 2026, el Presidente Municipal Isaac Montoya Márquez dio el banderazo de inicio a las obras de rehabilitación vial integral en la Calle Calvario, en el Pueblo de San Lorenzo Totolinga, marcando el primer paso concreto para atender cinco décadas de abandono infraestructural que ha afectado directamente a cerca de 80 mil habitantes de la zona.
Acompañado por vecinos, representantes comunitarios y servidores públicos municipales, el alcalde reconoció la magnitud del rezago: durante 50 años, esta calle no había recibido una atención real. Hoy, ese vacío comenzará a llenarse con una intervención que promete transformar no solo las vías, sino la calidad de vida cotidiana de miles de familias.
Un proyecto integral de infraestructura
La rehabilitación vial en Naucalpan coordinada por la Dirección de Obras Públicas es mucho más que solo asfalto nuevo. El proyecto contempla una renovación completa articulada en dos frentes principales de trabajo:
Pavimentación y seguridad vial: Se realizará una pavimentación con concreto hidráulico que garantice durabilidad y alta resistencia. Se construirán nuevas banquetas y guarniciones para brindar un tránsito seguro e incluyente para peatones, especialmente niños, adultos mayores y personas con discapacidad. También se aplicará señalamiento horizontal y se instalarán reductores de velocidad para prevenir accidentes.
Servicios básicos: La infraestructura hidráulica será completamente renovada. Esto incluye la restitución de líneas de drenaje sanitario, instalación de nuevas tomas de agua potable, reposición de descargas sanitarias en viviendas y la renivelación de pozos de visita para garantizar el óptimo funcionamiento del sistema sanitario y facilitar su posterior mantenimiento.
¿Cómo Naucalpan enfrenta décadas de rezago?
El alcalde Isaac Montoya fue enfático: Naucalpan estaba sumido en un profundo rezago financiero y social. Aproximadamente el 90 por ciento de las colonias habían quedado fuera de los programas de obra pública, bacheo, mantenimiento y mejoramiento de infraestructura en administraciones anteriores. Comunidades enteras fueron ignoradas, permitiendo que numerosas localidades permanecieran en el abandono.
«La deuda más importante era con la ciudadanía», afirmó Montoya Márquez, reconociendo la responsabilidad histórica que recae sobre las autoridades municipales por años de indiferencia institucional.
Inversión récord en obras públicas
Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Naucalpan registró un incremento del 320 por ciento en inversión en obra pública entre 2024 y 2025. Esto representa más de mil millones de pesos durante el primer año de la administración actual, superando ampliamente los recursos destinados por el gobierno anterior: durante tres años no alcanzaron los 700 millones de pesos.
Para potenciar esta capacidad de intervención, el municipio adquirió un tren de pavimentación municipal, y cuenta con el respaldo de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien proporcionó otro equipo de estas características. Esta maquinaria ya se encuentra en operación en la reconstrucción de la Avenida Ahuizotla y la rehabilitación integral de la zona industrial de Naucalpan, la primera intervención de esta magnitud en 35 años en ese sector.
Un compromiso con «nadie se queda atrás»
Isaac Montoya reiteró que su administración tiene el compromiso explícito de saldar la deuda histórica con las comunidades que durante años fueron ignoradas. El enfoque, dice, es «humanista»: se trata de llevar obras, servicios y acciones concretas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las familias.
En este contexto, la rehabilitación vial en Naucalpan no es solo un proyecto de ingeniería, sino un acto de reparación social. Reconoce que la participación ciudadana y el trabajo conjunto entre autoridades y habitantes son fundamentales para consolidar la transformación del municipio.
Para los 80 mil habitantes de San Lorenzo Totolinga, el banderazo de inicio en la Calle Calvario representa más que una promesa: es el cierre de un largo silencio institucional y el inicio de una nueva realidad donde la infraestructura básica —vías seguras, agua potable, drenaje eficiente— deja de ser un privilegio para convertirse en una garantía.


