La FIFA enfrenta su mayor crisis de gobernanza en años
La noticia llegó como un balde de agua fría para Gianni Infantino: sus ambiciosos planes de abrir las puertas del Mundial a inversores privados se desmoronaron. Este revés no es simplemente un fracaso administrativo. Representa, para muchos observadores del fútbol global, el primer signo visible de debilitamiento del control que ha ejercido el presidente suizo sobre la organización internacional más poderosa del deporte.
En las entrañas de la FIFA, en Zúrich, los murmullos de inconformidad se intensifican. Dirigentes de confederaciones nacionales, algunos de ellos latinoamericanos, comienzan a sopesar nombres alternativos. La pregunta que circula en los pasillos no es menor: ¿quién podría disputarle la presidencia a Infantino en las próximas elecciones?
Un proyecto que promete pero no seduce
Infantino llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 con promesas de modernización y transparencia, después de los escándalos de corrupción que rodearon a su antecesor, Sepp Blatter. Una de sus banderas fue expandir el Mundial a 48 equipos en lugar de 32, una medida que, en teoría, ampliaría oportunidades para selecciones de menor tradición.
Sin embargo, su estrategia más reciente—buscar asociaciones con capitales privados para financiar los torneos—tocó un nervio sensible. Para muchas federaciones, especialmente las de naciones en desarrollo, esto olía demasiado a neoliberalismo desenfrenado. La idea de que corporaciones privadas ganaran dinero con el deporte rey, con sus ganancias yendo a fondos privados en lugar de fortalecer el fútbol comunitario, generó resistencia organizada.
América Latina y el voto en la balanza
En Latinoamérica, la reacción fue mixta pero inclinada hacia la precaución. Federaciones como la mexicana, brasileña y argentina son actores cruciales en cualquier votación interna de la FIFA. Estos países, que han visto cómo sus recursos se dirigen principalmente a élites deportivas mientras las comunidades carentes luchan por acceso a canchas y entrenamiento, no vieron con buenos ojos que los Mundiales se convirtieran en negocios más lucrativos aún.
El contexto es crucial: América Latina ha sido históricamente la región donde el fútbol es más que deporte. Es movilidad social, identidad comunitaria y respiradero para millones. Una FIFA cada vez más corporativizada choca frontalmente con estas realidades.
¿Quiénes podrían desafiar a Infantino?
Aunque los nombres específicos de posibles candidatos aún no se definen públicamente, observadores del fútbol mundial apuntan a dirigentes con perfiles alternativos. Se habla de figuras con mayor legitimidad en confederaciones africanas y asiáticas, regiones donde Infantino buscó consolidar apoyo pero donde sus políticas financieras generaron también resistencia.
Un cambio de liderazgo en la FIFA no sería un asunto menor. Definiría la estrategia para Mundiales venideros, la distribución de ingresos entre federaciones, y la dirección de iniciativas de desarrollo del fútbol base en economías emergentes.
El reloj comienza a correr
Los próximos meses serán decisivos. Mientras Infantino intenta recuperarse de este golpe político, otros van tejiendo alianzas. En América Latina, donde la pasión futbolística se traduce en voto político dentro de organismos deportivos, las conversaciones ya comenzaron.
Lo que está en juego no es solo quién dirija la FIFA, sino qué FIFA emergerá de esta crisis: una más abierta a la participación de federaciones medianas y pequeñas, o una que continúe consolidando poder en manos de pocos. Para millones de futbolistas comunitarios en México, Centroamérica y el Caribe, la respuesta importa más de lo que imaginan los despachos de Zúrich.
Información basada en reportes de: Europapress.es


