Más allá de las cifras: el verdadero desafío de los hospitales públicos

En América Latina, existe una tendencia extendida a evaluar el desempeño de los hospitales públicos mediante métricas simples: cantidad de consultas realizadas, número de cirugías practicadas, pacientes atendidos por día. Esta lógica, heredada de modelos empresariales, ha permeado durante décadas las políticas de salud pública en la región. Sin embargo, expertos en gestión sanitaria advierten que esta aproximación es insuficiente y potencialmente contraproducente para sistemas que tienen una misión fundamentalmente diferente a la de una fábrica.

«Un hospital público no produce automóviles ni electrodomésticos», explicó el Dr. Roberto Tapia, especialista en política sanitaria de la Universidad de Chile, en una reciente conferencia sobre indicadores de desempeño. «Su objetivo es restaurar y mantener la salud de las poblaciones, especialmente de aquellos que no pueden pagar atención privada. Eso requiere un conjunto mucho más complejo de mediciones».

El problema de las métricas simplificadas

Cuando los hospitales son presionados únicamente por números de producción, surgen incentivos perversos. Los profesionales médicos pueden priorizar casos rápidos sobre casos complejos. Las consultas se aceleran sin profundidad diagnóstica. Los pacientes con enfermedades crónicas o condiciones que requieren seguimiento prolongado pueden quedar rezagados. Estudios realizados en Colombia, México y Perú han documentado que hospitales orientados por metas cuantitativas tienden a presentar mayores tasas de complicaciones postoperatorias y menor adherencia al tratamiento.

«Cuando se mide solo productividad, el sistema colapsa en calidad», advierte la Dra. María González, directora del observatorio de salud pública de la Pontificia Universidad Católica de Argentina. «Hemos visto hospitales que reportaban números excelentes, pero sus pacientes desarrollaban infecciones intrahospitalarias, o los tratamientos no funcionaban porque faltaba seguimiento».

Indicadores que sí importan

Los sistemas de salud pública modernos en el mundo han migrado hacia indicadores multidimensionales. Estos incluyen:

Calidad clínica: tasas de error médico, infecciones asociadas a la atención, complicaciones evitables y mortalidad intrahospitalaria ajustada por riesgo.

Resultados en salud: mejora de la función física, control de síntomas, capacidad de retorno a actividades cotidianas y satisfacción del paciente con el tratamiento recibido.

Equidad: análisis desglosado por sexo, edad, nivel socioeconómico y ubicación geográfica para identificar si hay grupos que reciben peor atención.

Costo efectividad: no solo el gasto total, sino cómo cada peso invertido en tratamientos genera beneficios en salud, y si el sistema protege financieramente a las familias del gasto catastrófico.

El contexto latinoamericano

En América Latina, donde la inversión en salud pública es históricamente insuficiente, estos debates adquieren urgencia. Según datos de la CEPAL, el gasto en salud pública en la región representa en promedio el 3.5% del producto interno bruto, muy por debajo de países desarrollados. Con recursos limitados, es aún más crítico garantizar que se usen eficientemente para maximizar beneficios en salud, no simplemente para llenar camas.

«Si medimos solo volumen, estamos destinando recursos hacia lo que es fácil medir, no necesariamente hacia lo que más impacto tiene en salud pública», explica el Dr. Carlos Mendoza, epidemiólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México. «Un hospital que atiende 500 pacientes diarios con calidad mediocre es menos útil que uno que atiende 300 pero con buenos resultados».

Cambio de paradigma en marcha

Varios países latinoamericanos comenzaron a implementar sistemas de evaluación más complejos. Chile ha incluido indicadores de experiencia del paciente. Brasil incorpora análisis de equidad en su tablero de control hospitalario. Uruguay rastrea resultados clínicos específicos para procedimientos clave. Estos cambios no ocurren sin resistencia, pues requieren más sofisticación en recolección de datos y análisis, y obligan a hospitales a confrontar deficiencias que números simples podían ocultar.

El camino hacia adelante

La transformación de cómo medimos éxito en hospitales públicos no es solo un asunto técnico. Es una pregunta política fundamental: ¿para quién funciona el sistema de salud? Si funciona para satisfacer números reportados a ministerios, entonces métricas simples de volumen son suficientes. Si funciona para las familias que dependen de ese hospital para sobrevivir, entonces necesitamos miradores mucho más amplios, incómodos y exigentes. La evidencia global sugiere que solo el segundo camino es sostenible a largo plazo.

Información basada en reportes de: El Financiero