Una candidata OMS pandemias ha planteado una advertencia que trasciende las fronteras europeas: la acelerada destrucción de ecosistemas naturales en todo el mundo multiplica las probabilidades de que emerjan nuevas enfermedades infecciosas capaces de convertirse en crisis de salud global. Esta reflexión toma especial relevancia para México y América Latina, regiones donde la deforestación y la degradación ambiental avanzan a ritmo acelerado.
María Neira, directora del departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), presentó formalmente el 5 de noviembre de 2026 su postulación para ocupar el cargo de directora general de la organización. Lo hizo en acto celebrado en las instalaciones del Ministerio de Sanidad de España. En su intervención, Neira conectó dos fenómenos que suelen tratarse de forma separada: la salud humana y la integridad de los sistemas naturales.
¿Por qué los ecosistemas destruidos generan nuevas pandemias?
La conexión entre degradación ambiental y emergencia de enfermedades infecciosas no es nueva en la literatura científica, pero cobra urgencia cuando es planteada por funcionarios de alto nivel en organismos internacionales. El mecanismo es bien documentado: cuando los humanos invaden o fragmentan hábitats naturales, aumentan los contactos entre poblaciones de animales silvestres y personas. Muchas de las enfermedades que se han convertido en pandemias en los últimos 25 años —desde el SARS en 2003 hasta la COVID-19 en 2019— originaron en animales antes de saltar a humanos, en un proceso llamado zoonosis.
La deforestación en regiones tropicales acelera especialmente este fenómeno. Cuando se talan bosques, los animales portadores de virus se ven obligados a buscar nuevas áreas de habitación, entrando en contacto más frecuente con asentamientos humanos. México, con una pérdida forestal estimada en cientos de miles de hectáreas anuales según datos de organismos ambientales, representa un caso crítico en este escenario.
La candidata española a la OMS enfatiza que no se trata simplemente de proteger la biodiversidad por razones éticas o estéticas, sino de reconocer que la salud humana depende fundamentalmente de ecosistemas intactos. Cuando esos ecosistemas colapsan, aumenta el riesgo para la población mundial.
Significado de esta advertencia para México y Latinoamérica
Para México, la candidata OMS pandemias plantea un desafío que requiere repensar políticas públicas. El país enfrenta simultáneamente presión por desarrollo económico y la necesidad de preservar sistemas ambientales. La Amazonía brasileña, los bosques de Centroamérica, y los ecosistemas mexicanos —desde la selva Lacandona hasta los bosques nublados de Oaxaca— funcionan como reservorios de biodiversidad que mantienen equilibrios ecológicos regionales.
Si esos espacios continúan fragmentándose, México no solo experimentará pérdida de recursos naturales y biodiversidad, sino que se expone a mayores probabilidades de que enfermedades zoonóticas emerjan en su territorio o en regiones cercanas y se propaguen rápidamente hacia la población mexicana.
Latinoamérica, que concentra aproximadamente el 10% de la biodiversidad mundial, es particularmente vulnerable. La región ha experimentado brotes de enfermedades transmitidas por vectores (dengue, Zika) y ha sido epicentro de virus emergentes. Una candidata OMS pandemias que plantea este nexo obliga a gobiernos y organismos internacionales a considerar que la inversión en conservación ambiental no es un lujo, sino una medida de prevención de salud pública.
¿Qué representa esta candidatura para la salud global?
La postulación de María Neira refleja una tendencia creciente en organismos internacionales: la necesidad de integrar perspectivas ambientales en decisiones sobre salud pública. Su trayectoria en el departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS sugiere que una eventual dirección general estaría enfocada en abordar causas estructurales de enfermedades, no solo síntomas.
Para ciudadanos mexicanos, esto podría significar que políticas internacionales de salud puedan presionar más efectivamente a gobiernos para que protejan ecosistemas, reconociendo que la salud de las poblaciones humanas está indisolublemente ligada a la salud ambiental.
Contexto: pandemias previas y lecciones aprendidas
La experiencia de la pandemia de COVID-19 (2019-2023) dejó lecciones globales sobre vulnerabilidad. Aunque su origen exacto sigue siendo investigado, el consenso científico reconoce que patógenos desconocidos pueden emerger en zonas donde humanos, animales domésticos y fauna silvestre coexisten en espacios degradados. México vivió experiencias intensas durante esa crisis sanitaria, mostrando tanto capacidades como fragilidades en su sistema de respuesta.
Las advertencias sobre candidata OMS pandemias y ecosistemas no son alarmismo, sino síntesis de evidencia acumulada. Organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y estudios independientes han documentado que entre 2000 y 2020 emergieron más de 30 nuevas enfermedades infecciosas, la mayoría con origen animal.
La candidatura presentada en noviembre de 2026 representa una oportunidad para que la comunidad internacional reconozca que prevención de pandemias y protección ambiental son una sola estrategia. Para México específicamente, significa que conversaciones sobre deforestación, cambio climático y salud pública pueden integrarse en política exterior y doméstica con mayor rigor científico.
Los lectores mexicanos que se preocupan por su salud y la de sus familias deben saber que las decisiones ambientales de hoy —sobre qué bosques se protegen, qué tierras se preservan— determinarán en parte el riesgo de crisis sanitarias del mañana. La advertencia de una candidata OMS pandemias no es una profecía apocalíptica, sino un recordatorio de que la salud es inseparable del ambiente que compartimos.
Información basada en reportes de: Elperiodico.com

