Veinticinco estudiantes de la Unidad de Estudios Superiores Tejupilco de la Universidad Mexiquense del Bicentenario (UMB) demostraron que la educación ambiental no es solo un discurso: es acción. Con su proyecto «Campus Vivo», ganaron el primer lugar nacional en la categoría de Educación Superior del concurso «Escuelas por la Tierra», convocado por la Fundación EDUCA México, A.C.
El reconocimiento llega después de más de un año de trabajo colaborativo en el que jóvenes de las licenciaturas en Arquitectura y Nutrición, acompañados por cinco docentes, transformaron su campus en un laboratorio vivo de sustentabilidad. No se trata solo de una calificación: representa el compromiso de una generación que entiende que el cambio ambiental comienza en casa.
De la idea a la realidad: cómo nació Campus Vivo
El proyecto integra varias iniciativas concretas que demuestran cómo la teoría se convierte en práctica. Los estudiantes ganan concurso nacional con acciones tangibles: la habilitación de un bordo para captar agua de lluvia, que luego se utiliza en el riego de cultivos; la creación de un huerto escolar sustentable y un jardín polinizador que beneficia tanto a la biodiversidad como a la comunidad académica.
Además, implementaron un sistema de compostaje con residuos orgánicos generados en el campus, cerrando así el ciclo de aprovechamiento de recursos. Pero lo más importante: vincularon estas acciones con instituciones especializadas en proyectos ambientales, convirtiendo al campus en un espacio de aprendizaje real y colaborativo.
«Campus Vivo sigue adelante cuando aprendemos, colaboramos y cuidamos nuestra escuela», expresó Sarahí Carbajal Carbajal, estudiante de la Licenciatura en Nutrición. Sus palabras sintetizan la filosofía detrás del proyecto: la sostenibilidad no es responsabilidad de unos pocos, sino de toda una comunidad.
Un reconocimiento a la responsabilidad social estudiantil
El Secretario de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de México, Miguel Ángel Hernández Espejel, reconoció públicamente el esfuerzo y la dedicación de estos jóvenes. Destacó que estudiantes ganan concurso porque reflejan buenas prácticas ambientales y un compromiso genuino con la sostenibilidad, la responsabilidad social y la educación ambiental.
En la etapa final del certamen, los estudiantes mexiquenses compitieron contra ocho instituciones de educación superior del país, entre ellas la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la Universidad Mundo Maya campus Campeche, la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y el Instituto Tecnológico Superior de Puerto Peñasco, en Sonora. La victoria no fue sencilla, pero su dedicación habló por sí sola.
¿Qué significa este triunfo para la educación ambiental en México?
Diana Iveth Palacios Román, académica de la Licenciatura en Nutrición, ofrece una perspectiva que va más allá del premio: «Para nosotros Campus Vivo representa una oportunidad para educar con el ejemplo, y demostrar que una institución educativa puede convertirse en un espacio en donde se aprende, se participa y se fortalece el cuidado de nuestro medio ambiente y nuestra responsabilidad con el planeta».
Esta reflexión es crucial. En un contexto donde la crisis ambiental requiere de soluciones urgentes, iniciativas como esta muestran que los jóvenes mexicanos están listos para liderar el cambio. No esperan permiso: generan sus propias soluciones dentro de sus comunidades inmediatas.
Un laboratorio agroecológico en el corazón del campus
Hoy, la Unidad de Estudios Superiores Tejupilco se ha convertido en un espacio donde se cultivan hortalizas y plantas medicinales, se practica la rotación de cultivos, se elabora composta y se aprovecha cada gota de agua de lluvia. Pero lo más valioso es que la iniciativa ha trascendido los límites académicos: fomenta en estudiantes, docentes e integrantes de la comunidad una conciencia renovada sobre el cuidado ambiental.
Como premio a su esfuerzo, la Fundación EDUCA México otorgó a estos estudiantes ganan concurso con un reconocimiento oficial y materiales por 50 mil pesos para dar continuidad al proyecto. Un apoyo tangible que reconoce no solo lo logrado, sino la promesa de lo que vendrá.
En tiempos de incertidumbre ambiental, iniciativas como Campus Vivo recuerdan que el cambio es posible cuando la comunidad se une alrededor de un propósito común. Estos 25 estudiantes de Tejupilco no solo ganaron un concurso: sembraron una semilla que seguirá germinando en las futuras generaciones.


