Olivia Laing, la escritora británica cuyo ensayo sobre la soledad urbana marcó un antes y después en la crítica cultural contemporánea, se adentra ahora en territorio de ficción con una novela que sitúa sus preocupaciones intelectuales en el corazón del cine italiano. La obra, ambientada en la Roma de Cinecittà, constituye una reflexión profunda sobre cómo ciertos momentos históricos regresan disfrazados, cómo el pasado no se clausura sino que late bajo la superficie de lo cotidiano.

Esta nueva publicación de Olivia Laing novela roma llega en un momento en que las sociedades contemporáneas enfrentan interrogantes incómodos sobre la persistencia de ideologías que creíamos superadas. La novela traza diálogos sutiles entre dos filmes emblemáticos del director italiano Federico Fellini y Pier Paolo Pasolini, permitiendo que ambas películas conversen como espejos de realidades distintas pero conectadas por hilos invisibles de poder, deseo y represión.

¿Por qué la Roma de los estudios cinematográficos?

Cinecittà no es simplemente un escenario. Es un personaje en sí mismo, un lugar donde se construían ficciones mientras la historia real sucedía en las calles de Roma. Olivia Laing parece entender que los estudios de cine italiano representan un espacio liminal: un territorio donde la realidad y la fantasía colisionan, donde las fantasías estéticas de los directores dialogaban con las fantasías políticas de sus épocas.

La elección de este escenario por parte de la autora sugiere una pregunta fundamental que resonará especialmente en México, donde también conocemos de cerca cómo el cine y la cultura pueden ser tanto espacios de resistencia como de reproducción de poderes establecidos. Durante décadas, nuestro cine de oro fue un espejo donde se reflejaban —y simultáneamente se distorsionaban— las realidades sociales de la nación.

Pasolini como profeta: el fascismo que nadie vio venir

Según lo que Olivia Laing ha expresado, el cineasta y poeta Pier Paolo Pasolini percibió el retorno del fascismo mucho antes de que la mayoría de los intelectuales lo reconociera abiertamente. Pasolini no hablaba de un fascismo nostálgico o de museo, sino de una forma nueva, más sutil, que se infiltraba en las costumbres, en el consumo, en los cuerpos mismos de las personas.

Esta perspectiva es crucial para lectores latinoamericanos. A lo largo del continente, hemos experimentado cómo autoritarismos históricos no desaparecen limpiamente sino que se transforman, adquieren nuevas máscaras. El fascismo que Pasolini identificaba no era solo un sistema político sino una lógica de dominación que persiste en formas que a menudo no reconocemos como tales. En esa intuición pasoliniana reside parte del interés de la novela de Olivia Laing novela roma: la capacidad de ver lo que está sucediendo mientras sucede, de nombrar lo innombrable.

Un ensayista que se reinventa en la ficción

Quien ha leído «El jardín contra el tiempo» y otros ensayos de Olivia Laing reconocerá en esta novela la misma inteligencia penetrante, la misma capacidad para rastrear conexiones entre arte, política y deseo que caracteriza su obra ensayística. Pero ahora, trabajando con la forma novelística, Laing puede explorar estos temas a través de personajes, de diálogos, de la textura misma de la narración.

Es un movimiento que varios escritores han realizado en los últimos años: novelistas como Carmen Mola en España o Mariana Enríquez en Argentina han utilizado la ficción para abordar temas históricos y políticos complejos, precisamente porque la novela permite una profundidad de exploración que el ensayo, por más brillante que sea, no siempre alcanza.

¿Qué nos dice esto sobre el presente?

La decisión de Olivia Laing de publicar esta novela ahora —en 2026, cuando las democracias globales experimentan nuevas tensiones y reconfiguraciones— no es casual. Parece ser un llamado a la atención, una invitación a leer la historia no como algo concluido sino como un proceso inacabado, peligroso y fascinante.

Para el lector mexicano, la obra de Olivia Laing novela roma ofrece herramientas para comprender cómo el cine, la cultura y la política están irremediablemente entrelazados. Nos recuerda que las películas que vemos, los libros que leemos, las historias que contamos, nunca son asuntos puramente artísticos. Siempre cargan dentro la economía política de su momento, las luchas de poder que atraviesan el cuerpo social.

La publicación de esta novela constituye un aporte importante a la conversación contemporánea sobre cómo reconocer y nombrar las formas nuevas que adquieren las viejas tentaciones autoritarias. Y en tiempos donde estas preguntas son urgentes en todo el mundo, desde Roma hasta la Ciudad de México, la voz reflexiva y aguda de Olivia Laing novela roma encuentra un público atento y necesitado de sus perspectivas.

Olivia Laing continúa cumpliendo con su responsabilidad de intelectual: iluminar lo oscuro, dar nombre a lo que acecha, recordarnos que la cultura no es un lujo sino un campo de batalla donde se define el futuro de nuestras sociedades.

Información basada en reportes de: Eldiario.es