Cuando la moneda fuerte se convierte en arma de doble filo
Costa Rica experimenta un fenómeno económico contradictorio que beneficia a unos mientras perjudica gravemente a otros. El colón costarricense ha ganado valor significativamente en los últimos dos años, acumulando una apreciación cercana al 29% desde 2022. Esta noticia que parecería positiva en un primer vistazo esconde una realidad más compleja: mientras algunos sectores celebran, otros enfrentan desafíos operacionales sin precedentes.
La paradoja de una moneda fuerte es antigua en la economía mundial. Países como Suiza lo experimentan constantemente: una moneda valorada internacionalmente atrae inversión y reduce costos de importación, pero ahuyenta a los compradores externos. En el caso costarricense, esta dinámica se manifiesta de manera especialmente problemática porque el país depende fuertemente de dos sectores vulnerables a este fenómeno: las exportaciones de bienes y servicios turísticos.
¿Quién gana realmente con esta apreciación?
El sector que más se beneficia es, paradójicamente, el Estado costarricense. Un colón fuerte significa que la deuda pública, gran parte denominada en dólares, se vuelve proporcionalmente más manejable. Cuando tu moneda vale más en el mercado internacional, los mismos pesos de deuda representan menos carga relativa en términos de tu producto interno bruto. Para un país que en años recientes ha enfrentado desafíos fiscales significativos, este alivio automático es considerable.
Los importadores también celebran. Las empresas que traen productos extranjeros al país encuentran que sus costos se reducen naturalmente: necesitan menos colones para comprar la misma cantidad de dólares o euros. Esto debería traducirse en precios más bajos para consumidores, aunque en la práctica el efecto suele ser parcial, pues no todos los ahorros se transfieren al bolsillo del ciudadano promedio.
El costo para los productores locales
En el lado opuesto de la ecuación están los exportadores y el sector turístico, pilares tradicionales de la economía costarricense. Un colón apreciado significa que sus productos se vuelven más caros para compradores internacionales. Una empresa que exporta piñas, electrónica o servicios especializados debe cobrar más colones por el mismo precio en dólares, o aceptar márgenes de ganancia menores.
Para el turismo, el efecto es igual de perverso. Un viajero estadounidense o europeo que planeaba unas vacaciones en Costa Rica ve cómo sus dólares rinden menos colones. El viaje se vuelve proporcionalmente más caro: hoteles, restaurantes, tours, souvenirs. Esto presiona la llegada de turistas justo cuando la industria intenta recuperarse de la crisis pandémica.
Contexto regional: ¿un problema costarricense?
Este no es un fenómeno aislado en América Latina. Varios países de la región han experimentado dinámicas similares en diferentes momentos. El fortalecimiento de una moneda nacional suele ocurrir cuando hay expectativas de mayor estabilidad macroeconómica o cuando los bancos centrales implementan políticas de tasas de interés elevadas para controlar la inflación.
En el caso costarricense, la apreciación del colón se ha producido en un contexto de variaciones en los diferenciales de tasas de interés regionales y presiones inflacionarias que han afectado a toda América Latina. El Banco Central, al mantener tasas relativamente altas para defender la estabilidad de precios, ha creado incentivos para que inversionistas mantengan activos denominados en colones, aumentando la demanda por la moneda local.
El dilema de política económica
Las autoridades monetarias enfrentan un dilema clásico sin solución perfecta. Reducir las tasas de interés podría ayudar a los exportadores mediante una eventual depreciación del colón, pero arriesgaría un repunte inflacionario que afectaría el poder adquisitivo de todos los ciudadanos. Mantener la postura actual mantiene baja la inflación y fortalece las finanzas públicas, pero castiga a sectores productivos cruciales para la generación de empleo y divisas.
¿Qué significa esto para la vida cotidiana?
Para el costarricense promedio, la realidad es mixta. Los salarios en colones mantienen su poder adquisitivo relativo, pero los sectores que sufren con la apreciación pueden enfrentar despidos o estancamiento de inversión. El consumidor se beneficia marginalmente con productos importados, aunque el efecto es limitado. El desempleo en regiones especializadas en exportación o turismo puede aumentar, presionando la estabilidad laboral.
Esta es la paradoja de la política económica moderna: lo que parece bueno en los reportes macroeconómicos del Estado no siempre se traduce en mejoras generalizadas en la calidad de vida. Costa Rica deberá buscar políticas complementarias que protejan los sectores afectados, quizás a través de incentivos fiscales, inversión en infraestructura turística o apoyo a la innovación tecnológica en exportaciones, mientras mantiene la estabilidad monetaria que el país ha cosechado con esfuerzo.
Información basada en reportes de: Nacion.com


