La nueva estrategia de Washington: cuando la seguridad se vuelve selectiva
En un contexto de tensiones geopolíticas crecientes, Estados Unidos ha convocado a lo que denominan una «cumbre antiterrorista» con participación de delegaciones de aproximadamente 60 naciones. El evento, realizado con poco tiempo de anticipación y sin que la comunidad internacional conociera con precisión la lista de asistentes hasta horas antes del inicio, busca articular una respuesta coordinada contra lo que definen como «terrorismo de extrema izquierda».
Lo que llama la atención de esta iniciativa no es solo su formato cerrado y opaco, sino las preguntas fundamentales que plantea sobre cómo se define la seguridad en el mundo contemporáneo y quién tiene la autoridad para establecer esas definiciones.
Definiciones que generan inquietud en América Latina
Para América Latina, una región con historia compleja de intervenciones externas e interpretaciones selectivas de términos como «terrorismo» y «extremismo», esta convocatoria despierta legitimas preocupaciones. Historicamente, la administración estadounidense ha utilizado estas categorías de manera flexible, adaptándolas a sus intereses geopolíticos del momento.
En décadas pasadas, movimientos sociales que reclamaban derechos humanos fueron etiquetados de «subversivos». Organizaciones indígenas que defendían sus territorios fueron clasificadas como «amenazas». Activistas ambientales que protestaban contra corporaciones multinacionales enfrentaron criminalización. La preocupación latinoamericana no es trivial: ¿qué parámetros usará esta coalición para determinar qué es «extrema izquierda» frente a lo que es resistencia legítima?
Un formato que levanta sospechas
El hecho de que ni siquiera se comunicara completamente la nómina de participantes hasta momentos antes del encuentro sugiere un proceso poco transparente. En democracias robustas, las políticas internacionales se construyen mediante debate público, no mediante operaciones de información controlada. Esta opacidad inicial es preocupante cuando se trata de coordinaciones que afectarán la forma en que varios gobiernos abordan movimientos sociales internos.
¿Qué conversaciones ocurren a puerta cerrada entre funcionarios de seguridad? ¿Qué compromisos se adquieren? ¿Cómo se reflejará esto en políticas domésticas contra organizaciones de protesta legítima?
El riesgo de la polarización como estrategia
Polarizar el debate internacional alrededor de «nosotros contra los extremistas de izquierda» simplifica excesivamente problemas complejos. Las amenazas a la seguridad contemporánea son multifacéticas: incluyen criminalidad organizada, violencia digital, cambio climático, desigualdad económica y migraciones forzadas. Reducir la conversación a una categoría política única es tanto conceptualmente impreciso como políticamente peligroso.
Especialmente en contextos donde la protesta social es frecuente y necesaria —donde ciudadanos reclaman justicia ambiental, derechos laborales, acceso a educación—, etiquetar amplios sectores como «extremistas» puede deslegitimar voces que simplemente buscan ser escuchadas dentro de sus propias democracias.
¿Quién define el enemigo?
Esta cumbre refleja una realidad incómoda: en las relaciones internacionales, frecuentemente quien tiene más poder también tiene más voz para definir qué es amenaza y qué no. Sin espacios realmente multilaterales, sin mecanismos de rendición de cuentas, sin garantías de que la seguridad nacional no se usará como pretexto para reprimir derechos fundamentales, los países más vulnerables quedan expuestos.
Para los mexicanos y mexicanas, esto tiene resonancias directas. ¿Cómo afectará esto a movimientos indígenas, ambientalistas, de derechos humanos? ¿Se criminalizarán protestas legítimas bajo el paraguas de una supuesta coordinación internacional contra el «extremismo»?
La necesidad de una seguridad con derechos
No se trata de negar que existen amenazas reales. Se trata de insistir en que cualquier respuesta debe construirse con transparencia, inclusión, respeto por derechos fundamentales y mecanismos de accountability. La seguridad y la libertad no son antagónicas; son complementarias. Un mundo más seguro es uno donde se respetan derechos, no donde se criminalizan las voces disidentes.
Desde En Línea creemos que los mexicanos merecen información clara sobre estos encuentros internacionales que nos afectan, y merecemos gobiernos que defiendan nuestros derechos incluso cuando hay presiones externas. La seguridad verdadera se construye desde la justicia, no desde la represión disfrazada de lucha antiterrorista.
Información basada en reportes de: El Financiero