La brecha de oportunidades tiene nuevo enemigo: la tecnología al servicio de estudiantes

En un país donde casi el 40% de los jóvenes en edad universitaria no accede a educación superior, cada obstáculo cuenta. La UNAM, la institución educativa más grande de México, acaba de reconocer uno que golpea a sus propios estudiantes: la dificultad para navegar el laberinto de becas y apoyos económicos disponibles.

Mientras América Latina discute cómo reducir la deserción universitaria y ampliar la cobertura educativa, la Universidad Nacional ha optado por una solución tan pragmática como urgente. Implementar inteligencia artificial para conectar a sus estudiantes con oportunidades de financiamiento representa más que una innovación administrativa; es un reconocimiento de que los obstáculos económicos siguen siendo la barrera más letal contra la permanencia en las aulas.

El problema que nadie quería nombrar

Buscadores de becas, convocatorias dispersas en decenas de portales, requisitos cambiantes, formularios enredados. Cualquiera que haya pasado por una universidad mexicana reconoce este calvario. Los estudiantes pierden horas valiosas tratando de descifrar si califican para esto o aquello, cuándo cierran las inscripciones, qué documentos necesitan, en qué orden presentarlos.

Mientras tanto, hay recursos sin usar. Becas que quedan vacantes no porque no hay solicitantes, sino porque los solicitantes idóneos nunca las encontraron. Es un fracaso sistémico: cuando la ineficiencia administrativa se convierte en inequidad educativa.

La UNAM no es ajena a esto. Con más de 370,000 estudiantes en el Sistema Escolarizado, la universidad enfrenta demandas de financiamiento que superan ampliamente su capacidad. Muchos estudiantes navegan entre trabajar y estudiar, cargan culpa por no poder dedicarse completamente a su formación, y algunos simplemente se van.

Una herramienta para cambiar el juego

La herramienta de IA que la UNAM está implementando opera con una lógica deceptivamente simple pero transformadora: procesa el perfil de cada estudiante y lo empareja automáticamente con las becas para las cuales es elegible. No requiere que sean los estudiantes quienes hagan todo el trabajo de detective.

Esto es importante porque toca un aspecto que frecuentemente ignoramos en las conversaciones sobre tecnología en educación. No se trata solo de innovación por innovación. Es sobre reconocer que en contextos de desigualdad, la información es un privilegio. Los estudiantes de familias con recursos, con padres educados, con acceso a orientación, siempre encontrarán las becas. Los otros, no.

Una IA que democratiza el acceso a la información sobre oportunidades es, entonces, una herramienta de justicia educativa disfrazada de eficiencia.

Preguntas que merecen respuesta

Como periodista comprometido con el futuro de México, debo hacer preguntas incómodas: ¿Qué tan robusta es esta IA? ¿Perpetuará sesgos algorítmicos que ya existen en los procesos de selección? ¿Contempla a estudiantes en situaciones de vulnerabilidad particular? ¿Se abrirá este sistema a otras instituciones públicas que lo necesitan aún más que la UNAM?

La UNAM tiene el potencial de no solo resolver su propio problema, sino de establecer un modelo escalable. En un sistema de educación superior donde las universidades públicas albergan a la mayoría de estudiantes mexicanos, especialmente de estratos económicos bajos, este tipo de innovaciones pueden replicarse.

Lo que falta en la ecuación

Hay que ser honesto: una IA que encuentra becas es necesaria pero no suficiente. Mientras las becas existentes sigan siendo insuficientes en cantidad y monto, seguiremos teniendo un problema de fondo. La tecnología aquí es un parche, aunque sea un parche inteligente.

Lo que realmente se necesita es un compromiso político y fiscal genuino con la educación superior pública. Becas suficientes, salarios dignos para docentes, infraestructura moderna, investigación financiada. La IA puede hacer más eficiente lo que existe, pero no puede crear recursos que el sistema deliberadamente no provee.

Una ventana de esperanza

Dicho lo anterior, iniciativas como esta merecen reconocimiento porque representan la determinación de trabajar con lo que se tiene. La UNAM no espera a que el gobierno resuelva todo. Reconoce un problema real de sus estudiantes y accionan.

Si funciona como se espera, si la institución comparte los aprendizajes y abre las puertas para que otros repliquen el modelo, esto podría ser un punto de inflexión. No la solución definitiva a la inequidad educativa en México, pero sí una prueba de que la tecnología, bien orientada, puede estar del lado de quienes menos tienen.

En tiempos donde la educación superior pública está bajo presión, donde sus presupuestos se erosionan y sus estudiantes se precariazan, la UNAM envía un mensaje que México necesita escuchar: todavía hay quienes luchan por mantener viva la promesa de que el talento, no el dinero, debería determinar el futuro educativo de nuestros jóvenes.

Información basada en reportes de: Xataka.com.mx