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Tensiones geopolíticas: el riesgo energético que acecha a México

Un conflicto internacional podría desestabilizar los precios del petróleo justo cuando México enfrenta desafíos de gobernanza. ¿Qué significa para tu bolsillo?
Tensiones geopolíticas: el riesgo energético que acecha a México

Cuando la política internacional golpea tu cartera

México atraviesa un momento delicado. No es un secreto que la agenda política interna demanda atención urgente: fortalecer instituciones, combatir la corrupción, modernizar sistemas públicos. Pero mientras el país se concentra en estos desafíos internos, una amenaza externa asecha silenciosamente: la posibilidad de una escalada en tensiones geopolíticas que podría disparar los precios de la energía a nivel mundial.

Cuando hablamos de crisis energética global, no estamos siendo alarmistas. Estamos hablando de algo que afecta directamente tu costo de vida: desde lo que pagas por llenar el tanque de gasolina, hasta el precio de los alimentos en el supermercado, pasando por tus recibos de electricidad.

¿Por qué debería importarte lo que pasa en Medio Oriente?

Aproximadamente el 30% del petróleo que se comercializa mundialmente transita por el Estrecho de Ormuz, una ruta estratégica ubicada entre Irán y Omán. Cualquier alteración en esa región tiene consecuencias inmediatas en los mercados energéticos globales. Si las tensiones se intensifican, los precios del crudo pueden dispararse en cuestión de horas.

Para México, esto es particularmente sensible. Aunque el país no depende enteramente del petróleo como en décadas pasadas, sigue siendo un sector relevante. Además, los costos energéticos impactan toda la cadena productiva: transporte, manufactura, agricultura. Todo se encarece.

El problema de intentar crecer mientras sostienes la casa

La gobernabilidad es, efectivamente, la prioridad número uno en este momento para México. El país requiere instituciones fuertes, predecibles y eficientes para atraer inversión, mantener la confianza de los mercados y garantizar que los recursos públicos se destinen donde verdaderamente se necesitan.

Pero aquí está la paradoja: es difícil enfocarse en reformas estructurales profundas cuando tienes que lidiar con shocks externos incontrolables. Una crisis energética global no esperaría a que México resuelva sus asuntos internos. Llegaría y punto.

¿Cuáles serían las consecuencias concretas?

Imaginemos un escenario donde los precios del petróleo se disparan un 30% o más (algo que ocurrió en 2022 tras la invasión de Rusia a Ucrania). Las consecuencias serían multifacéticas:

En transporte: El costo de pasajes aéreos, autobús y logística aumentaría. Un viaje que costaba 500 pesos podría costar 650 en semanas.

En alimentos: Los productores agrícolas enfrentarían costos de combustible más altos, trasladando ese incremento al consumidor final. Una canasta básica podría encarecer entre 5% y 10%.

En empleos: Las empresas, presionadas por márgenes reducidos, podrían ser más cautelosas con nuevas contrataciones o aumentos salariales.

En finanzas públicas: El gobierno tendría menos flexibilidad para invertir en salud, educación o infraestructura si debe asignar más recursos a subsidios energéticos.

El factor Latinoamericano

México no está solo en esta vulnerabilidad. Toda América Latina depende de mercados energéticos globales. Un shock en precios de petróleo o gas afecta simultáneamente a Colombia, Ecuador, Brasil y otros productores, así como a importadores netos de energía.

La región históricamente ha sufrido porque los ciclos de precios de commodities no están bajo su control. Cuando suben, hay bonanza temporal; cuando bajan, hay contracción. Pero una crisis aguda es diferente: genera caos en poco tiempo.

¿Qué hacer ante esto?

No se trata de paranoia, sino de realismo. Los gobiernos prudentes monitorean riesgos geopolíticos, diversifican sus fuentes energéticas y construyen colchones fiscales. México ha avanzado en algunas de estas áreas, pero siempre hay margen para mejorar: invertir en energías renovables, mantener reservas estratégicas, fortalecer instituciones que garanticen que los recursos se usen eficientemente incluso en tiempos difíciles.

Al final, la lección es clara: mientras resuelves tus problemas de casa, también debes vigilar lo que ocurre en la calle. La gobernabilidad interna y la estabilidad externa no son excluyentes; son complementarias. Solo con ambas bases sólidas, un país como México puede verdaderamente prosperar.

Información basada en reportes de: El Financiero

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