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Tensión en Oriente Medio dispara petróleo: cómo afecta a México y Latinoamérica

Las amenazas iraníes sobre el Estrecho de Ormuz elevan el crudo sobre US$100 y generan volatilidad en mercados regionales. Qué significa para la región.
Tensión en Oriente Medio dispara petróleo: cómo afecta a México y Latinoamérica

Geopolítica del petróleo: cuando crisis en Oriente Medio llegan a nuestras carteras

Los mercados financieros latinoamericanos experimentaron recientemente movimientos significativos tras las declaraciones de nuevas tensiones en el Estrecho de Ormuz, uno de los pasos más críticos para el comercio mundial de energía. Aunque los titulares se centran en Wall Street y Asia, la realidad es que estas dinámicas geopolíticas distantes tienen consecuencias inmediatas y tangibles para México, Chile, Colombia y el resto de nuestra región.

El crudo volvió a superar la barrera de los US$100 por barril, un nivel que no veíamos hace meses. Simultáneamente, los índices bursátiles globales registraron caídas moderadas pero consistentes, rondando pérdidas cercanas al 1,5% en plazas como Nueva York. En América Latina, el impacto fue similar: mercados como el chileno vieron retrocesos proporcionales, mientras que el dólar se fortaleció significativamente frente a las monedas locales.

¿Por qué el Estrecho de Ormuz importa más de lo que creemos?

Para entender el alcance de estas noticias, es fundamental comprender qué significa el Estrecho de Ormuz en la economía global. Este paso estratégico entre Irán y Omán es el conducto por donde transita aproximadamente el 20-25% del petróleo que se comercializa internacionalmente. No se trata de una cifra menor: cualquier perturbación en esta ruta genera ondas de choque inmediatas en los precios energéticos mundiales.

Cuando un líder político en Teherán amenaza con interrumpir o controlar este paso, no es solo una declaración retórica. Los mercados reaccionan con nerviosismo porque saben que el suministro global de petróleo podría verse comprometido. Esta incertidumbre es precisamente lo que dispara los precios hacia arriba, como mecanismo de protección ante una posible escasez futura.

El efecto cascada en América Latina

Aquí es donde la geografía desaparece como excusa. México, siendo productor y exportador neto de petróleo, enfrenta una paradoja interesante. Por un lado, precios más altos del crudo benefician sus ingresos fiscales y sus exportaciones energéticas. Pero por otro, la volatilidad golpea a sus empresas, especialmente aquellas con deudas en dólares o dependientes del consumo interno de gasolina y diésel.

Para países importadores netos como Chile, Perú o Colombia, la situación es más directa: precios más altos del petróleo significan mayores costos en transporte, calefacción e insumos para la industria. Esto se traduce eventualmente en presiones inflacionarias, algo que los bancos centrales de la región monitorean constantemente.

El fortalecimiento del dólar—que fue particularmente visible en el tipo de cambio chileno, saltando significativamente en una sesión—afecta a toda la región. Nuestras economías están dolarizadas en múltiples niveles: deudas externas, importaciones clave, y en el caso de algunos países, incluso el turismo y las remesas. Un dólar más fuerte encarece estas operaciones.

Volatilidad: la nueva normalidad de los mercados

Lo que observamos no es un crash de mercado catastrófico, sino algo más característico de nuestros tiempos: volatilidad constante. Los movimientos de 1 a 1,5% pueden parecer modestos, pero representan miles de millones en valor destruido o transferido entre inversores. Para fondos de pensiones, carteras de inversión y pequeños ahorristas, estos movimientos importan.

Lo preocupante es que estos ciclos de tensión geopolítica se están volviendo más frecuentes. El Estrecho de Ormuz ha sido un punto de fricción durante décadas, pero la intensidad de las amenazas parece haber aumentado, alimentada por la competencia entre potencias regionales y globales.

¿Qué debería preocuparnos como región?

Latinoamérica depende de una cadena de suministros global que aún no ha sanado completamente de los golpes de los últimos años. Inflación persistente, tasas de interés elevadas y crecimiento lento siguen siendo desafíos. Una nueva crisis energética o una escalada de tensiones que interrumpa el comercio global podrían convertir estos desafíos en crisis.

Los gobiernos de la región necesitan diversificar sus matrices energéticas y reducir la dependencia del crudo. Las transiciones hacia energías renovables, aceleradas en países como Chile y Costa Rica, cobran mayor relevancia cuando vemos cuánta volatilidad introduce la geopolítica petrolera.

Conclusión: conectados queramos o no

La próxima vez que escuchemos noticias sobre tensiones en Oriente Medio, no deberíamos pensar que es un asunto lejano. Cada movimiento geopolítico en el Estrecho de Ormuz, cada declaración de líderes como el de Irán, reverberan en nuestros mercados, nuestros salarios y nuestro costo de vida. Es una realidad incómoda de la economía global integrada: estamos conectados no porque lo deseemos, sino porque así funciona el mundo moderno. Comprender estas conexiones es el primer paso para anticipar riesgos y proteger nuestras economías.

Información basada en reportes de: Latercera.com

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