Más programas, mismos problemas: la paradoja de la atención a mujeres en México
El panorama de violencia y desapariciones de mujeres en México no mejora, y la razón es clara: falta seguimiento real a los programas asistenciales que se ofrecen. Mientras las autoridades anuncian iniciativas, los números que demuestren su efectividad simplemente no existen.
Esta es la conclusión inevitable al observar una realidad contradictoria: hay más proyectos dirigidos a mujeres que nunca antes, más canales de comunicación, más programas de atención disponibles. Sin embargo, la situación para muchas mujeres mexiquenses sigue igual o ha empeorado. El Estado de México encabeza vergonzosamente ambas categorías de preocupación: violencia y desapariciones.
La diferencia entre decir y hacer
Existe una distinción fundamental que las autoridades parecen ignorar: una cosa es entregar un recurso económico o una beca, donde la sociedad tiene libertad de acción sobre cómo utilizarlo. Otra muy distinta es impulsar programas permanentes sin una planeación clara sobre qué se pretende lograr y hacia dónde se quiere llegar.
Sin objetivos definidos, sin metas medibles y sin un seguimiento riguroso, los programas se convierten en meros anuncios mediáticos. Esto no solo es ineficiente: contribuye directamente a la crisis de inseguridad que viven las mujeres mexicanas.
Seguridad integral: la asignatura pendiente
Lo que realmente hace falta es una estrategia de seguridad integral que el Estado no está ofreciendo ni garantizando. No se trata solo de crear programas, sino de diseñarlos con propósitos específicos, medibles y sostenibles en el tiempo.
La brecha entre lo anunciado y lo ejecutado es el verdadero problema. Si lo que se hace no alcanza para proteger a las mujeres, entonces es urgente una transformación radical en la atención a las mexiquenses. Se requiere mayor inversión, mejor coordinación institucional y, sobre todo, rendición de cuentas sobre resultados reales.
Las mujeres no necesitan más programas sin dirección. Necesitan acciones concretas, seguimiento verificable y autoridades comprometidas en reducir realmente la violencia y las desapariciones. Mientras eso no suceda, los números seguirán siendo igual de preocupantes.