De símbolo de modernidad a ruina: la segunda oportunidad del Imax barcelonés
El antiguo Imax de Barcelona, que durante décadas representó la vanguardia tecnológica en la capital catalana, vivirá una metamorfosis inesperada. Lo que fue un ícono de los años 90, convertido posteriormente en una estructura deteriorada, recibirá una nueva vocación antes de desaparecer del panorama urbano. El espacio será reconvertido en Prisma, un centro de arte inmersivo que abrirá sus puertas el próximo 1 de julio, marcando un capítulo final simbólico en la historia de esta emblemática construcción.
La trayectoria del edificio resume, de alguna manera, los ciclos de transformación que viven las grandes ciudades. Construido durante el apogeo de las aspiraciones modernas de Barcelona, el Imax fue testimonio del optimismo urbanístico que caracterizó la década anterior a los Juegos Olímpicos de 1992. Su pantalla gigante y su tecnología de proyección representaban lo más avanzado en entretenimiento digital de aquella época. Sin embargo, como sucede con muchas estructuras diseñadas para tecnologías específicas, quedó obsoleto cuando los formatos evolucionaron y el público migró hacia otras opciones.
Un rescate con propósito: la apuesta por experiencias inmersivas
El fondo de inversión Stoneweg adquirió el inmueble con una visión clara: no demoler, sino reimaginar. Esta decisión llega en un contexto especial: la Copa América de vela que se disputará en Barcelona próximamente. El centro Prisma se posiciona como una respuesta a la creciente demanda de espacios dedicados a experiencias inmersivas, un segmento que ha experimentado expansión sostenida en las principales metrópolis occidentales.
Las instalaciones de arte inmersivo representan una tendencia global que ha ganado relevancia desde la pandemia. Ciudades como Madrid, Nueva York, París y Buenos Aires han visto proliferar estos espacios, donde la tecnología de proyección 3D, realidad aumentada y ambientes sensoriales se fusionan con expresiones artísticas contemporáneas. El público busca experiencias que trasciendan la visualización pasiva, y estos centros ofrecen exactamente eso: entornos donde arte, tecnología e interactividad convergen.
Un puente temporal hacia la transformación del Port Vell
La resurrección del Imax como Prisma no es permanente. El proyecto es consciente de que constituye una etapa transitoria en la evolución del Puerto Viejo barcelonés. Tras el cierre de este centro, la zona será objeto de una transformación mayor: la construcción del Liceu Mar, un proyecto ambicioso destinado a reinventar completamente el paisaje portuario de Barcelona.
Esta situación ilustra una estrategia urbana inteligente: en lugar de dejar el espacio abandonado durante los años que median entre su cierre y la demolición definitiva, los promotores decidieron darle un uso cultural y económicamente productivo. Prisma operará como catalizador de actividad y visitantes, manteniendo viva la zona mientras se ultiman los detalles del desarrollo futuro.
Perspectiva latinoamericana en la renovación urbana
Desde una óptica latinoamericana, esta decisión tiene implicaciones interesantes. Mientras muchas ciudades de América Latina enfrentan el desafío de gestionar edificios históricos o emblemáticos que han perdido relevancia funcional, el modelo barcelonés sugiere alternativas creativas. En lugar de optar por la demolición inmediata o permitir la degradación, existe una tercera vía: la reconversión temporal con propósito cultural.
Ciudades como Buenos Aires, México o Lima podrían encontrar en esta experiencia una inspiración para abordar sus propios patrimonio abandonado. La transformación del Imax en Prisma demuestra que es posible extraer valor cultural y económico de estructuras en desuso, aunque sea de forma temporal.
Qué esperar de Prisma
El centro se perfila como un espacio dirigido tanto al turismo como al público local. Su apertura coincide estratégicamente con la atención mediática que generará la Copa América de vela, lo que garantiza afluencia de visitantes internacionales. Las experiencias inmersivas que ofrecerá, aunque aún no se han detallado completamente, presumiblemente combinarán arte contemporáneo con narrativas que conecten con la historia de Barcelona y su relación con el agua y la navegación.
Para el 1 de julio, Barcelona habrá ganado un espacio cultural singular y habrá pospuesto, por un tiempo más, el adiós definitivo a una estructura que marcó la imaginación colectiva de varias generaciones. Cuando Prisma cierre sus puertas y comience la demolición del Imax, la ciudad habrá completado un ciclo narrativo: desde la esperanza moderna de los 90, pasando por el olvido, hasta una última contribución cultural antes de ceder paso al futuro.
Información basada en reportes de: Elperiodico.com