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¿Por qué Wall Street apuesta a Latinoamérica en tiempos de incertidumbre?

Un ejecutivo de SURA Investments revela la estrategia detrás de la confianza institucional en la región, mientras el mundo se debate entre oportunidades y riesgos geopolíticos.
¿Por qué Wall Street apuesta a Latinoamérica en tiempos de incertidumbre?

La apuesta calculada de los inversores globales por América Latina

En un planeta donde la volatilidad financiera se ha convertido en la norma, las miradas de los grandes capitales no dejan de girar hacia América Latina. Pero no por nostalgia o romanticismo: hay números de por medio. Gonzalo Falcone, quien dirige SURA Investments, una de las firmas de gestión de capital más relevantes del continente, acaba de sintetizar una narrativa que circula con fuerza en los salones de Nueva York y Londres: la región ofrece una combinación única de estabilidad institucional relativa y oportunidades económicas que el mundo desarrollado ya no proporciona.

Lo curioso es que esta perspectiva desafía el imaginario colectivo que persigue a Latinoamérica en los medios internacionales. Mientras que los titulares suelen enfatizar crisis políticas, volatilidad electoral o turbulencias sociales, los gestores de fondos globales leen el mismo escenario de forma distinta: como un mercado donde las instituciones, pese a sus imperfecciones, han demostrado una capacidad genuina para absorber cambios sin colapsar.

¿Qué tan sólida es esta confianza institucional?

Aquí conviene hacer una pausa crítica. La confianza institucional es un concepto elástico. En las últimas dos décadas, América Latina ha experimentado transiciones presidenciales de izquierda a derecha y viceversa. Gobiernos han cambiado; sistemas electorales también. Y aunque ha habido golpes de Estado blandos, guerras judiciales y persecuciones políticas, lo cierto es que la mayoría de países mantiene estructuras de pesos y contrapesos que funcionan, aunque imperfectamente.

Para inversores internacionales, esto es música celestial. No es lo mismo invertir en un país donde el riesgo de una expropiación súbita es real que en otro donde, aunque el gobierno sea hostil a ciertos sectores, existe un marco legal predecible. SURA Investments apuesta precisamente a esto: la previsibilidad dentro del caos. Una característica que, irónicamente, muchos países desarrollados han comenzado a perder.

El ciclo monetario favorable: ¿oportunidad real o espejismo?

El segundo argumento que subyace en la estrategia regional gira en torno a los ciclos monetarios. Después de años de tasas de interés deprimidas en Estados Unidos y Europa, la realidad cambió. Sin embargo, en Latinoamérica, el timing ha sido diferente. Algunos bancos centrales de la región ya han completado ciclos de subida de tasas y comienzan a transitar hacia posibles reducciones, lo que potencialmente abre puertas para activos locales.

Pero aquí también hay matices importantes. La inflación en la región no ha desaparecido como en Estados Unidos. Persisten presiones sobre materias primas, cadenas de suministro desestabilizadas y demandas salariales que no ceden. ¿Realmente estamos en un ciclo favorable o simplemente en la ilusión de uno?

Commodities: el viejo juego de siempre con nuevas reglas

Donde la apuesta cobra mayor sentido es en la exposición estratégica a commodities. Latinoamérica no es un actor marginal en este mercado: produce litio, cobre, oro, petróleo, soja, café. Y en un mundo que transiciona hacia energías renovables (que demandan litio y cobre), la región posee depósitos geológicos insustituibles.

El desafío, sin embargo, es político. El litio en Argentina, el cobre en Chile, el petróleo en Colombia: todos estos recursos están en el centro de debates nacionales sobre soberanía, redistribución de riqueza y derechos ambientales. Los inversores pueden contar con los recursos, pero ¿pueden contar con la estabilidad de las reglas del juego?

¿Posicionamiento relativo o apuesta de menor riesgo?

Cuando Falcone menciona un posicionamiento relativo atractivo respecto al contexto global, implícitamente está diciendo algo importante: en comparación con otros mercados, Latinoamérica se ve mejor. No porque sea perfecta, sino porque otros están peor. Europa enfrenta estancamiento, China crisis inmobiliaria, Estados Unidos polarización extrema. Latinoamérica, por contraste, aparece como una alternativa.

Esta es una mecánica de mercados que pocas veces se menciona: las inversiones globales no buscan paraísos; buscan lo mejor disponible en el menú. Y en 2024, el menú regional no se ve tan mal.

El riesgo que nadie quiere mencionar

Lo que falta en estas narrativas optimistas es un reconocimiento más honesto de los riesgos reales: desigualdad extrema, educación deficiente, infraestructura envejecida y, sí, instituciones que funcionan pero son corruptibles. La confianza de los grandes capitales no es altruismo; es cálculo. Y los cálculos pueden cambiar con rapidez si las variables políticas o macroeconómicas se mueven.

Dicho esto, el interés renovado en Latinoamérica como destino de capital es un hecho. Y si se traduce en inversión real, empleo y crecimiento, importa poco que los motivos sean puramente financieros. Lo que importa es si la región puede traducir esta ventana de oportunidad en beneficio colectivo, algo que, históricamente, ha demostrado ser mucho más difícil que simplemente atraer inversión.

Información basada en reportes de: Www.df.cl

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