Cuando el precio sube más que la producción baja
La última década ha sido especialmente dura para Pemex. La producción de petróleo en México ha caído de manera sostenida, pasando de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a poco más de 1.7 millones en 2023. Es una caída brutal que refleja años de inversión insuficiente, infraestructura envejecida y falta de exploración. Sin embargo, un fenómeno reciente parece contrastar con esta realidad: los ingresos por venta de crudo al exterior han crecido significativamente en los últimos meses.
El mes de mayo evidenció esta paradoja de manera clara. Mientras la cantidad de barriles exportados continuaba su trayectoria descendente, los ingresos totales saltaron 30%. La explicación es simple pero reveladora: el precio internacional del petróleo ha alcanzado niveles que no se veían desde hace años. Esta cifra podría interpretarse como una buena noticia para las finanzas públicas mexicanas, pero una mirada más profunda nos obliga a cuestionar si realmente estamos frente a una recuperación o simplemente presenciamos un espejismo temporal.
La trampa del precio alto
Aquí reside el verdadero problema. Pemex se encuentra atrapada en una dependencia peligrosa de factores completamente fuera de su control. Los precios del petróleo responden a dinámicas geopolíticas globales, tensiones en Medio Oriente, decisiones de la OPEP, y especulación financiera en mercados internacionales. Es decir, Pemex puede celebrar ingresos mayores, pero no tiene capacidad real de influir en la variable que los determina.
Expertos advierten sobre escenarios catastróficos. Un cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, podría disparar los precios hasta 180 dólares por barril. Parece un escenario remoto, pero la historia geopolítica reciente demuestra que lo remoto puede volverse realidad en semanas. En ese caso, México experimentaría ingresos extraordinarios, sí, pero también vería disminuir aún más su producción porque incluso a precios altos, Pemex no tiene los recursos para invertir masivamente en extracción.
El problema de fondo: la producción en caída libre
El verdadero indicador de salud de Pemex no son los ingresos puntuales de mayo, sino la tendencia de largo plazo. Una empresa petrolera que gana más vendiendo menos es una empresa que está liquidando su futuro. Es como un agricultor que vende sus últimas cosechas a precio alto pero ha descuidado sus campos hasta el punto de que ya no puede sembrar más.
México perdió aproximadamente 1.7 millones de barriles diarios de capacidad productiva en dos décadas. Eso equivale a perder una industria completa. El Golfo de México, donde se concentra la producción nacional, requiere inversión constante en exploración y mantenimiento de plataformas. Sin esa inversión, los campos maduran, se agotan, y la caída se acelera. Pemex ha operado con presupuestos limitados, canibalizando inversión en exploración para financiar operaciones actuales y transferencias al gobierno federal.
Contexto regional: la ventaja que México no aprovecha
Mientras México ve declinar su producción petrolera, otros países de América Latina han diversificado sus economías o modernizado sus industrias energéticas. Brasil, por ejemplo, ha invertido agresivamente en exploración de aguas profundas y ahora es el productor de petróleo de mayor crecimiento en América Latina. Colombia, aunque enfrenta sus propios desafíos, ha mantenido una producción más estable que la mexicana.
México, en cambio, sigue atrapado en un modelo que depende de la extracción de petróleo convencional sin visión a largo plazo. No es un problema de falta de petróleo en el subsuelo mexicano. Es un problema de visión estratégica, inversión y gobernanza.
¿Una tregua o el final del ciclo?
El repunte de ingresos en mayo puede ser una tregua temporal antes de que continúe el declive. O podría ser el comienzo de un nuevo ciclo de precios altos si las tensiones geopolíticas persisten. Lo que es cierto es que no podemos construir la estrategia energética de un país de 130 millones de habitantes sobre la esperanza de que los precios internacionales sigan altos indefinidamente.
La pregunta incómoda que debería formularse es: ¿está México usando este respiro de ingresos mayores para invertir en exploración, modernización y transición energética? O, como ha ocurrido en ciclos anteriores, ¿se destinarán estos recursos a gastos corrientes y transferencias que no generan capacidad productiva futura?
Pemex ganó más en mayo. Pero la victoria será pasajera si no se acompaña de decisiones difíciles sobre inversión, modernización y transformación. La paradoja de ganar más vendiendo menos es, en realidad, una alarma que suena cada vez más fuerte.
Información basada en reportes de: El Financiero