La tesis que divide: ¿por qué crece la extrema derecha en Europa?
La pregunta que recorre las capitales europeas tiene respuesta según Juan Carlos Monedero, uno de los principales intelectuales detrás de Podemos. Para el académico madrileño, el auge de formaciones de ultraderecha no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de un vacío político dejado por las izquierdas que no cumplieron sus promesas de transformación social.
Monedero, quien en 2014 fue parte del equipo que fundó Podemos como respuesta política al movimiento del 15-M, sostiene que las organizaciones progresistas cometieron el error estratégico de no capitalizar el descontento ciudadano cuando tuvieron la oportunidad. Ese espacio político abandonado fue ocupado sistemáticamente por partidos que canalizaban la ira popular hacia objetivos distintos: inmigración, identidad nacional, rechazo al establishment.
El contexto: tres años de movilizaciones que cambiaron España
Antes de Podemos, España había vivido entre 2011 y 2014 una ebullición social sin precedentes. El movimiento 15-M había sacado a las calles a cientos de miles de personas contra los bancos, la corrupción política y un sistema económico que parecía beneficiar solo a una élite. Las ocupaciones en plazas principales, las asambleas ciudadanas y el rechazo al bipartidismo parecían anunciar un cambio político inminente.
Podemos nació como la herramienta institucional para canalizar esa energía. Con un discurso de ruptura y promesas de transformación radical, la formación morada logró entrar en el Congreso en 2014 con más de 3 millones de votos. Sin embargo, la realidad parlamentaria, los pactos inevitables y las limitaciones del sistema político demostraron ser mayores que las expectativas generadas.
El fracaso progresista y sus consecuencias globales
Monedero plantea una tesis incómoda para las izquierdas europeas: cuando los gobiernos progresistas llegaron al poder, frecuentemente adoptaron políticas centradas o incluso neoliberales. Las promesas de cambio estructural se diluían en negociaciones políticas. El ciudadano que esperaba transformación encontró continuidad.
Este patrón se repite en múltiples contextos. En Francia, Sánchez en España, gobiernos de centro-izquierda que no cumplieron las expectativas radicales. Mientras tanto, figuras como Le Pen, Abascal o Meloni aprovechaban el descontento, ofreciendo una narrativa clara y directa: los problemas vienen de fuera, de la inmigración, de la globalización, de los supranacionales.
La lección latinoamericana
En América Latina, este fenómeno tiene resonancias particulares. La región experimentó hace dos décadas gobiernos de izquierda que sí implementaron transformaciones profundas: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina. Algunos fracasaron, otros enfrentaron golpes de Estado, otros evolucionaron hacia posiciones más moderadas. Pero la experiencia demostró que incluso los cambios radicales pueden no satisfacer todas las expectativas ciudadanas, especialmente frente a crisis económicas globales.
El surgimiento de candidatos ultraderechistas en Perú, Brasil (con Bolsonaro) y otros países confirma el patrón: cuando las izquierdas no entregan resultados tangibles, la población busca alternativas radicales en el otro extremo.
¿Qué debe cambiar según Monedero?
La propuesta implícita es que las izquierdas necesitan recuperar la capacidad de transformación real. No basta con acceder al poder institucional si no se generan cambios estructurales en la economía, la distribución de recursos y las relaciones de poder. La izquierda debe competir ofreciendo soluciones concretas a problemas inmediatos: empleo, vivienda, servicios públicos de calidad.
Sin esa oferta clara, el ciudadano continuará buscando respuestas en narrativas simplistas que culpan de sus males a grupos vulnerables. La extrema derecha prospera en el vacío de esperanza dejado por una izquierda que no sabe o no puede transformar.
La encrucijada política actual
Hoy, mientras Europa navega un panorama fragmentado donde fuerzas ultraderechistas ganan terreno en Alemania, Francia, Italia e Hungría, la reflexión de Monedero adquiere urgencia. No se trata solo de una reflexión académica sino de una advertencia política: las izquierdas tienen una última oportunidad para demostrar que pueden gobernar de manera diferente, priorizando transformación sobre pragmatismo político.
La pregunta ya no es si la extrema derecha seguirá creciendo, sino si las fuerzas progresistas lograrán ofrecer una alternativa creíble antes de que sea demasiado tarde. En España, en Europa y en América Latina, ese debate permanece abierto.
Información basada en reportes de: Elperiodico.com