Lunes, 7 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Chips, aranceles e imperio: cómo EEUU y China rediseñan las fronteras tecnológicasInvestigación por homicidio vinculado a músico: el rol de criptomonedasMéxico integra atención de diabetes, insuficiencia renal y enfermedades cardiacasSheinbaum cuestiona acercamiento entre Fox y liderazgo del PRIIA y poder: la paradoja que amenaza nuestras democraciasSalmonela: cuándo una infección común se convierte en riesgo mortalTensiones globales sacuden mercados latinoamericanos: el efecto dominó económicoEl libro de papel resiste: Contrapunto expande su imperio editorial en tiempos digitalesChips, aranceles e imperio: cómo EEUU y China rediseñan las fronteras tecnológicasInvestigación por homicidio vinculado a músico: el rol de criptomonedasMéxico integra atención de diabetes, insuficiencia renal y enfermedades cardiacasSheinbaum cuestiona acercamiento entre Fox y liderazgo del PRIIA y poder: la paradoja que amenaza nuestras democraciasSalmonela: cuándo una infección común se convierte en riesgo mortalTensiones globales sacuden mercados latinoamericanos: el efecto dominó económicoEl libro de papel resiste: Contrapunto expande su imperio editorial en tiempos digitales

México recuperará su tesoro artístico: la Colección Gelman vuelve en 2028

Tras años de negociaciones, la obra maestra del coleccionismo latinoamericano regresará a tierras mexicanas en dos años, marcando un hito en la repatriación cultural.
México recuperará su tesoro artístico: la Colección Gelman vuelve en 2028

El regreso de una colección que define una época

Después de décadas fuera de México, la Colección Gelman Santander cruzará nuevamente la frontera para quedarse. La confirmación oficial llegó esta semana desde la Fundación Banco Santander y desde la Secretaría de Cultura federal, sellando un acuerdo que representa mucho más que la devolución de obras de arte: simboliza la reivindicación de una memoria visual que pertenece a la historia cultural mexicana.

El 2028 marcará el momento en que esta colección histórica, una de las más importantes acumuladas en el siglo XX por coleccionistas latinoamericanos, finalmente vuelva a casa. Jacques y Natasha Gelman, esos legendarios amantes del arte que tejieron una red de vínculos con artistas, galeristas y creadores, dejaron un legado que trasciende la simple acumulación de bienes. Su mirada selecta, su pasión por lo mexicano y su conexión profunda con el modernismo latinoamericano crearon un acervo que hoy se reconoce como documento viviente de nuestra identidad estética.

Las capas de una negociación compleja

Este retorno no es producto de un capricho o una decisión impulsiva. Detrás de la confirmación de 2028 existen años de diálogos diplomáticos, valoraciones patrimoniales, conversaciones entre instituciones y reflexiones sobre qué significa realmente que una colección privada de este calibre regrese a su territorio de origen. La Fundación Banco Santander, que durante años ha sido custodio de estas obras, ha jugado un papel fundamental en facilitar este proceso, entendiendo que algunas cosas trascienden la propiedad corporativa para convertirse en responsabilidad ciudadana.

En un contexto latinoamericano donde las grandes colecciones frecuentemente permanecen dispersas entre continentes, donde el mercado del arte sigue gravitando hacia los grandes museos europeos y estadounidenses, el retorno de Gelman adquiere una dimensión política y cultural que sobrepasa lo meramente administrativo. No se trata solo de mover cuadros de un lugar a otro, sino de reconocer que existe una geografía espiritual del arte, un lugar donde cierta obra encuentra su verdadero sentido.

Una colección que respira mexicanidad

Lo que hace particularmente significativo este retorno es la composición misma de la colección. Los Gelman fueron devotos del arte mexicano en sus momentos de mayor experimentación y búsqueda. Frida Kahlo, Diego Rivera, Remedios Varo, Leonora Carrington, Rufino Tamayo: estos nombres no son meros títulos en un catálogo, sino voces que definieron cómo México miraba hacia adentro durante el siglo pasado. Cuando estas obras vuelvan, lo harán cargadas de historias, de complicidades artísticas, de un diálogo que nunca debería haberse interrumpido.

Los museos mexicanos tendrán la responsabilidad de recibir este patrimonio con la solemnidad que merece. No será suficiente con colgarlo en las paredes; será necesario contextualizar, educar, crear espacios de reflexión donde los visitantes comprendan por qué un coleccionista extranjero entendió antes que muchos mexicanos la trascendencia de nuestros artistas. Será una oportunidad para replantear cómo valoramos nuestra propia producción cultural, cómo los mexicanos hemos aprendido a reconocer nuestro arte a través de la mirada externa.

El espejo que nos devuelven

En cierto modo, este retorno es como recibir un espejo en el que nos vemos tal como éramos vistos desde la admiración y la inteligencia crítica. La Colección Gelman funcionará, presumiblemente, como un catalizador para nuevas conversaciones sobre identidad, modernismo, la América Latina como productor de imágenes que transformaron el siglo XX, y el papel de México en esa transformación. Dos años es tiempo suficiente para prepararse, para que instituciones, académicos y ciudadanos pensemos qué haremos con este regalo cultural que nos devuelven.

Mientras tanto, la noticia corre por galerías, universidades y espacios culturales: nuestro tesoro viene en camino. Y con él, la posibilidad de escribir un nuevo capítulo donde el arte mexicano deja de ser patrimonio de otros para convertirse nuevamente en responsabilidad colectiva nuestra.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →