México abre espacio institucional a parteras tradicionales
La Secretaría de Salud (Ssa) ha restructurado su Comité Nacional de Partería para incorporar formalmente a las parteras tradicionales de comunidades indígenas y afromexicanas. Esta decisión representa un cambio significativo en la política sanitaria mexicana, reconociendo que la atención del parto en el país ocurre mediante sistemas de conocimiento diversos que coexisten desde hace siglos.
El ajuste institucional responde a la necesidad de adoptar un enfoque intercultural en salud reproductiva, una tendencia que gana terreno en América Latina. Organismos como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han documentado que en regiones con población indígena, las parteras tradicionales atienden entre 40% y 70% de los partos, dependiendo del país y zona geográfica.
Un reconocimiento con antecedentes
La inclusión de parteras tradicionales no es novedad en la región. Países como Bolivia, Guatemala y Perú han incorporado modelos de atención híbrida que combinan saberes ancestrales con protocolos biomédicos. Sin embargo, México ha rezagado formalmente este reconocimiento en estructuras de decisión nacional, aunque las parteras han operado en comunidades durante generaciones.
Las parteras tradicionales mexicanas, conocidas en algunos contextos como «comadronas» o «xtatunan» en lenguas indígenas, poseen conocimientos acumulados sobre anatomía, hierbas medicinales y técnicas de manejo del parto que han permitido tasas de éxito considerables en sus comunidades. Su rol trascendió la simple asistencia obstétrica: son consejeras, educadoras sanitarias y custodias de prácticas culturales vinculadas con la maternidad.
Contexto actual de salud materna en México
México enfrenta desafíos persistentes en mortalidad materna. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la razón de mortalidad materna ha presentado fluctuaciones preocupantes en años recientes, con disparidades significativas entre zonas rurales e indígenas versus áreas urbanas. En comunidades remotas, la distancia a centros hospitalarios y el acceso limitado a servicios especializados complican el parto seguro.
Es precisamente en estos contextos donde la presencia de parteras capacitadas adquiere relevancia sanitaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que parteras entrenadas en manejo de emergencias obstétricas pueden reducir mortalidad cuando operan dentro de sistemas de referencia establecidos hacia hospitales.
Interculturalidad como estrategia sanitaria
La reformulación del Comité Nacional de Partería busca garantizar que las políticas de atención del parto consideren contextos culturales específicos. Esto implica que protocolos sanitarios nacionales no se impongan unilateralmente, sino que se desarrollen considerando la experiencia de quienes atienden partos en territorios indígenas y afromexicanos.
Esta perspectiva permite abordar barreras reales: desconfianza en sistemas de salud, idioma, distancia geográfica y diferencias en concepciones del cuerpo y la reproducción. Estudios antropológicos documentan que comunidades indígenas frecuentemente recurren primero a parteras porque representan continuidad cultural y accesibilidad inmediata.
Retos de la implementación
Aunque el reconocimiento institucional es positivo, quedan interrogantes sobre capacitación continua, certificación de competencias, acceso a insumos seguros y mecanismos de referencia efectivos hacia centros hospitalarios. Varios países latinoamericanos enfrentan desafíos similares al intentar formalizar saberes tradicionales sin deslegitimarlos.
La participación representativa en el Comité es un primer paso. Su efectividad dependerá de que decisiones tomadas por este órgano se traduzcan en financiamiento, acceso a material obstétrico seguro y protocolos de comunicación con el sistema sanitario oficial.
Perspectiva regional
En el contexto latinoamericano, México se suma a esfuerzos por reconocer sistemas de atención integrados. Bolivia incluso ha legislado sobre «parto respetado» considerando prácticas indígenas. Chile y Colombia exploran modelos similares. Esta tendencia refleja aprendizaje de que respetar autonomía cultural en salud reproductiva no compromete estándares de seguridad, sino que los complementa.
La medida también simboliza un reconocimiento tardío pero necesario: que México es un país pluricultural y que políticas públicas deben reflejarlo, especialmente en áreas tan sensibles como la salud materna.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx