El dilema de México: atrapado en la desaceleración global
La economía mexicana se encuentra en una encrucijada compleja. Mientras el mundo lidia con incertidumbre económica, México experimenta un crecimiento prácticamente estancado, oscillando entre cifras marginales que apenas superan el 1%. Para millones de mexicanos, esto se traduce en empleos limitados, salarios que pierden poder adquisitivo y menos oportunidades de movilidad económica.
¿Cuál es la raíz del problema? En gran medida, la salud de la economía estadounidense. A través del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), nuestro país está profundamente integrado a la economía norteamericana. Aproximadamente el 80% de las exportaciones mexicanas van hacia Estados Unidos, y el 60% de nuestras importaciones provienen de allá. Esto significa que cuando Washington estornuda, la Ciudad de México resfría.
La turbulencia en el norte impacta el sur
La economía estadounidense, que durante años fue el motor de crecimiento para la región, ahora muestra signos de debilitamiento. Aunque no está en recesión técnica, su ritmo de expansión se ha moderado significativamente. Los analistas advierten sobre posibles alzas de tasas de interés, reducción del gasto de consumo y menor demanda de importaciones. Todo esto golpea directamente a empresas mexicanas exportadoras.
El sector automotriz, que genera más de 900 mil empleos directos en México, es particularmente vulnerable. Las plantas ensambladoras en Guanajuato, Coahuila y otras entidades dependen críticamente de la demanda estadounidense. Una contracción en Detroit se siente inmediatamente en Monterrey o en Ciudad Juárez.
Europa y Asia: más problemas en el horizonte
Pero Mexico no solo mira al norte. Europa, históricamente un socio comercial importante, enfrenta su propio estancamiento. Alemania, Italia y otros países europeos crecen a ritmos muy lentos. Japón, la tercera economía mundial, también está rezagada. Esto significa mercados internacionales menos dinámicos, menos demanda global por productos mexicanos y más competencia por los clientes que quedan.
Para el consumidor promedio en México, esto se traduce en un mercado laboral más competido y ofertas de empleo menos generosas. Las empresas, enfrentando menos demanda externa, tienden a contratar con cautela, ajustar nóminas y reducir beneficios.
¿Qué pasa con la inflación y el empleo?
Con un crecimiento marginalmente positivo pero insuficiente, el Banco de México enfrenta un dilema. Si bien la inflación se ha moderado desde los picos de 2022, mantiene niveles por encima de la meta del 3%. Esto significa que los ahorros de las familias pierden poder adquisitivo, y los créditos hipotecarios siguen siendo costosos.
El desempleo formal en México ronda el 2.8%, pero estas cifras ocultan una realidad más compleja: la informalidad afecta a más del 57% de la población ocupada. Miles de mexicanos trabajan como vendedores ambulantes, conductores de plataformas digitales o en negocios propios, sin prestaciones ni estabilidad. Con un crecimiento económico tan débil, la creación de empleos formales de calidad es limitada.
La perspectiva a mediano plazo
Los analistas esperan que las tensiones comerciales y políticas internacionales continúen presionando la economía global. El nearshoring podría ser una oportunidad para México, con empresas buscando alternativas a China y una mayor integración con el mercado estadounidense. Sin embargo, esto requiere inversión en infraestructura, educación y competitividad, áreas donde México enfrenta déficits históricos.
Mientras tanto, las familias mexicanas deben prepararse para una economía de crecimiento lento. Esto significa ser más cuidadosos con el endeudamiento, diversificar ingresos cuando sea posible y buscar mecanismos de ahorro que protejan contra la inflación.
¿Qué puede hacer México?
Para romper este círculo de estancamiento marginal, los analistas sugieren medidas de mediano plazo: fortalecer la educación técnica, mejorar la infraestructura de transportes, reducir la corrupción que ahuyenta inversión extranjera, y diversificar mercados más allá de Estados Unidos. Algunos sugieren mirar hacia la región del Pacífico, Vietnam y otros mercados emergentes.
Lo cierto es que México no puede desacoplarse de la economía estadounidense en el corto plazo. Pero tampoco debe aceptar pasivamente el estancamiento. La próxima década será determinante para definir si México logra consolidar una base económica más resiliente y diversificada, o si continúa en la vulnerabilidad de depender de la salud de sus socios comerciales.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx