Lunes, 7 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Detienen a cercano del famoso tarotista por muerte de colaborador televisivoRobo de carga en México: mercancías codiciadas y zonas de riesgoLos consultorios en farmacias: la puerta silenciosa que transformó el acceso médico en MéxicoMigrantes mexicanos en Europa: la paradoja del amor transnacionalLa paradoja migratoria: ¿cuándo la esperanza económica justifica el riesgo?Noruega pierde a su monarca: el legado ambiental de Harald VCambio de hora 2026: la frontera norte de México se prepara para atrasar relojesDe abogada a voz de la F1: el giro de carrera de Andersen en ArgentinaDetienen a cercano del famoso tarotista por muerte de colaborador televisivoRobo de carga en México: mercancías codiciadas y zonas de riesgoLos consultorios en farmacias: la puerta silenciosa que transformó el acceso médico en MéxicoMigrantes mexicanos en Europa: la paradoja del amor transnacionalLa paradoja migratoria: ¿cuándo la esperanza económica justifica el riesgo?Noruega pierde a su monarca: el legado ambiental de Harald VCambio de hora 2026: la frontera norte de México se prepara para atrasar relojesDe abogada a voz de la F1: el giro de carrera de Andersen en Argentina

México en la encrucijada: ¿Cómo crecer sin recursos?

Con déficit fiscal elevado, México enfrenta el dilema de financiar infraestructura crítica. Expertos debaten dónde encontrar recursos sin comprometer la estabilidad económica.
México en la encrucijada: ¿Cómo crecer sin recursos?

México en la encrucijada: ¿Cómo crecer sin recursos?

México llega a un punto de inflexión que define su futuro económico. Mientras la economía global enfrenta incertidumbre, nuestro país debe tomar decisiones cruciales sobre dónde canalizar recursos escasos. La pregunta que nos obsesiona en política económica no es nueva, pero nunca había sido tan urgente: ¿cómo financiar el crecimiento cuando el dinero disponible es limitado?

La paradoja mexicana es bien conocida por quienes estudian macroeconomía. Tenemos necesidades infraestructurales enormes: carreteras en mal estado, sistemas de agua obsoletos, energía insuficiente, conectividad digital desigual. Estos no son lujos. Son los cimientos sobre los cuales se construye productividad, competitividad y oportunidades reales para los ciudadanos. Una empresa no prospera sin electricidad confiable. Una comunidad rural no accede a mercados sin caminos transitables. Un emprendedor no escala sin internet de calidad.

Sin embargo, el diagnóstico fiscal es implacable. Un déficit público elevado significa que el gobierno gasta más de lo que recauda, generando deuda que alguien tendrá que pagar. En contextos de tasas de interés internacionales al alza, este escenario se vuelve insostenible rápidamente. Es como una familia que gasta 120 pesos cuando solo gana 100: eventualmente, el acreedor llama a la puerta.

La discusión pública tiende a polarizarse. De un lado, están quienes argumentan que la solución es aumentar impuestos o revisar estructuras tributarias. Del otro, quienes insisten en que debemos simplemente reducir gastos corrientes. Ambas posturas tienen algo de razón y mucho de simplismo.

Las lecciones que otros países aprendieron (a veces a precio alto)

Chile experimentó en los años 90 un boom de inversión en infraestructura con participación privada. Funcionó durante un tiempo. Colombia ha diversificado sus fuentes de financiamiento mediante asociaciones público-privadas con resultados mixtos. Brasil construyó aeropuertos y puertos con capital privado, aunque no siempre con gobernanza eficiente. Ninguno de estos países encontró la varita mágica.

Lo que sí aprendieron es que la inversión en infraestructura, cuando es bien ejecutada y transparente, genera retorno económico. Una carretera moderna reduce costos logísticos. Un puerto eficiente atrae comercio. Energía renovable reduce presión fiscal futura. El problema no es invertir; es cómo hacerlo cuando las arcas están vacías y la confianza es frágil.

Opciones reales, no fantasías políticas

Primero: mejorar la calidad del gasto público. México invierte en infraestructura, pero la corrupción y la ineficiencia devoran recursos. Un peso invertido inteligentemente vale más que diez invertidos mal. Esto requiere auditorías robustas, transparencia radical y castigos creíbles para quien desvíe fondos.

Segundo: asociaciones estratégicas con capital privado. No es una panacea, pero cuando se estructura bien—con regulación clara y beneficio compartido—permite ejecutar proyectos sin desangrar las finanzas públicas. El riesgo está en que el sector privado busque rentabilidad rápida en detrimento del interés colectivo. De ahí la importancia de instituciones fuertes que vigilen.

Tercero: repensar la tributación. No necesariamente aumentar tasas, sino ampliar la base. Más contribuyentes formales, menos evasión, cierre de espacios para la elusión legal. Costa Rica lo ha hecho con algún éxito en años recientes.

Cuarto: priorizar implacablemente. No todo puede hacerse simultáneamente. México debe identificar proyectos de alto impacto—aquellos que liberan cuellos de botella y generan efectos multiplicadores—y concentrar recursos ahí, aunque esto signifique dejar esperar otras demandas legítimas.

La verdad incómoda

No hay solución mágica ni sin costo político. Cualquier camino implica tensiones. Aumentar ingresos fiscales puede desalentar inversión. Reducir gastos corrientes afecta servicios públicos. Financiamiento privado introduce nuevos actores con intereses propios. La gobernanza deficiente perpetúa ineficiencia.

Lo que sí está claro: seguir como estamos no es una opción. El crecimiento económico anémico de México en la última década no es coincidencia. Hay un déficit de infraestructura que frena productividad. Hay un déficit fiscal que limita opciones de política. Hay un déficit de confianza institucional que encarece cualquier solución.

La pregunta correcta no es si podemos crecer sin recursos. Es: ¿estamos dispuestos a tomar decisiones incómodas para que el crecimiento sea posible? Porque recursos hay. Están en la eficiencia que no aprovechamos, en la tributación que eludimos, en las alianzas que no establecemos, en las prioridades que no clarificamos.

México crece o se estanca. Pero no crece sin decisiones. Y las decisiones, incómodas o no, son nuestras.

Información basada en reportes de: El Financiero

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →