México enfrenta el reto de descarbonizar su aviación con combustibles alternativos
En un contexto donde la aviación comercial representa aproximadamente el 2-3% de las emisiones globales de carbono, México se posiciona como actor regional en la transición hacia combustibles más limpios. Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), la entidad estatal que administra la mayoría de terminales aéreas del país, ha anunciado su participación activa en el desarrollo de combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés), una estrategia que se alinea con compromisos internacionales de descarbonización.
Esta iniciativa adquiere relevancia particular para América Latina, donde el transporte aéreo es fundamental para la conectividad de un territorio geográficamente disperso y con infraestructura terrestre limitada en varias regiones. Paradójicamente, la dependencia de la aviación en la región contrasta con su vulnerabilidad frente al cambio climático, que amenaza especialmente a naciones latinoamericanas con costas, zonas forestales y ecosistemas frágiles.
¿Qué son los combustibles sostenibles de aviación y por qué importan?
Los SAF se producen a partir de fuentes renovables como residuos agrícolas, aceites usados, biomasa forestal certificada o síntesis química con energías limpias. Según datos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), estos combustibles pueden reducir hasta un 80% las emisiones netas de carbono en comparación con el queroseno convencional, considerando todo el ciclo de vida del producto.
México, productor agrícola de escala significativa, posee potencial inexplorado en la generación de materias primas para SAF. Residuos de caña de azúcar, aceite de palma sostenible, algas y otras biomasas podrían convertirse en insumos para esta cadena de valor emergente, generando empleos verdes en zonas rurales y agregando valor a la producción agroindustrial.
El contexto regional y global de la descarbonización aérea
La Unión Europea ha establecido mandatos legales que exigen a las aerolíneas incorporar un 2% de SAF en 2025, escalando a 70% para 2050. Estados Unidos ha ofrecido créditos fiscales para productores. En América Latina, sin embargo, estas políticas aún son incipientes. Brasil ha experimentado con biocombustibles aviadores desde hace años, pero con implementación limitada.
México, al fortalecer su rol en esta transición, puede convertirse en referente regional. Los principales aeropuertos del país —especialmente el Benito Juárez de Ciudad de México, hub del transporte aéreo latinoamericano— manejan millones de pasajeros anuales. Una descarbonización gradual desde estos puntos genera efectos cascada en la industria regional.
Desafíos reales que enfrenta la implementación
La transición no es lineal. El costo de producción de SAF sigue siendo 2-4 veces superior al combustible convencional. Sin subsidios o mecanismos de precio del carbono, su adopción masiva es lenta. Además, la infraestructura de distribución en aeropuertos latinoamericanos requiere inversión significativa para almacenamiento y manejo de estos combustibles más viscosos y corrosivos.
Otro factor crítico: el riesgo de que la demanda de biomasa para SAF compita con seguridad alimentaria o incremente presión sobre ecosistemas. América Latina, hogar de la Amazonia y biodiversidad irreemplazable, debe garantizar que la producción de SAF no acelere deforestación ni desplazamientos de comunidades indígenas.
Oportunidad de construcción de cadena de valor verde
Si México desarrolla estrategias coordinadas entre ASA, refineries estatales como Pemex, investigación universitaria y pequeños productores agrícolas, puede crear un ecosistema de producción de SAF. Esto implicaría certificaciones de sostenibilidad rigurosas, tecnología limpia para procesamiento y acuerdos con aerolíneas internacionales operando en territorio mexicano.
La inversión en descarbonización de la aviación no es un lujo ambiental. Es una adaptación anticipada ante regulaciones internacionales cada vez más estrictas y una oportunidad para competir en mercados globales que premian la sostenibilidad. Para México y la región, representa la posibilidad de transformar vulnerabilidades climáticas en fortalezas económicas.
El anuncio de ASA es un paso inicial. Su consolidación dependerá de políticas consistentes, financiamiento público-privado y regulación clara que incentive, no solo declare, la transición hacia una aviación genuinamente sostenible.
Información basada en reportes de: Milenio