México atrapado en el estancamiento: los riesgos del crecimiento anémico
Las proyecciones económicas son, por naturaleza, ejercicios de incertidumbre. Pero cuando una institución del peso del Banco Mundial mantiene una proyección débil durante varios años consecutivos, deja de ser un pronóstico pesimista para convertirse en un diagnóstico: México enfrenta problemas estructurales que van más allá de ciclos coyunturales.
La institución multilateral acaba de reiterar su previsión de que el país crecerá por debajo del 2% anual en los próximos años. Para dimensionar lo grave que es esto, basta recordar que una tasa de crecimiento inferior al 2% es prácticamente estancamiento en términos per cápita cuando consideramos el crecimiento demográfico. Significa que generaciones de mexicanos no verán mejoras significativas en sus condiciones de vida. Significa pobreza persistente, desigualdad enquistada, y menos oportunidades para millones.
Un crecimiento que no alcanza ni para mantenerse
Durante los últimos 15 años, México ha oscilado entre tasas de crecimiento anual del 2% y 4%, muy por debajo de lo que sus potencialidades deberían permitir. Una población de 130 millones de habitantes, una posición geográfica estratégica, acceso a mercados de América del Norte, recursos naturales significativos: todo sugiere que México debería crecer a tasas del 4% al 5% anual, como otras economías emergentes de su tamaño.
El problema no es la falta de oportunidades globales. Es interno. Y eso es lo que realmente preocupa de las proyecciones del Banco Mundial. No hablan solo de un año malo o una crisis coyuntural. Hablan de un problema de largo plazo.
El riesgo comercial que nadie quiere nombrar
La institución multilateral también ha señalado la incertidumbre derivada de la renegociación del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Este es el elefante en la sala que muchos políticos prefieren no mencionar directamente.
México depende críticamente del acceso al mercado estadounidense. El comercio bilateral representa casi el 25% del PIB mexicano en exportaciones. Cualquier cambio significativo en las reglas de juego comercial genera no solo riesgos inmediatos, sino también incertidumbre que paraliza inversión privada. Las empresas no invierten cuando no saben qué aranceles tendrán en dos años.
Las discusiones sobre el replanteamiento de términos comerciales han generado ruido político, pero los detalles técnicos revelados sugieren que México enfrenta presiones reales: exigencias sobre salarios mínimos en manufactura, protecciones ambientales más estrictas, reglas de origen más rigurosas. Estos cambios, aunque justificables en muchos aspectos, implicarán costos de transición para la economía mexicana.
Los problemas que ningún tratado puede resolver
Pero culpar completamente de la debilidad económica al comercio sería simplista. México enfrenta desafíos estructurales más profundos:
La inversión en educación y capacitación permanece insuficiente. El sistema educativo no forma suficientemente trabajadores para sectores de alto valor agregado. La infraestructura de transporte, energética y digital sigue siendo limitada en muchas regiones. La inseguridad y violencia generadas por el crimen organizado imponen costos económicos invisibles pero enormes: desplazamientos de población, empresas que se van, trabajadores que no pueden laborar libremente.
Además, la volatilidad política y las inconsistencias en políticas públicas han generado desconfianza en el sector privado. La inversión privada como porcentaje del PIB está entre las más bajas de la región.
¿Qué hacer ante este panorama?
Las proyecciones del Banco Mundial no son profecías inevitables. Son advertencias basadas en tendencias actuales. México aún tiene margen para cambiar su trayectoria, pero requiere decisiones difíciles.
Primero, fortalecer las instituciones y la seguridad jurídica. Sin ellas, ninguna reforma funciona. Segundo, aumentar significativamente la inversión en educación técnica y superior, especialmente en ciencias e ingenierías. Tercero, acelerar la modernización de infraestructura, particularmente en logística y energías limpias, donde hay oportunidades globales reales. Cuarto, confrontar de manera efectiva la violencia que desangra al país.
Estas son tareas de largo plazo que trascienden gobiernos. Requieren consensos políticos que hoy resultan elásivos. Y mientras se debate, el país sigue creciendo al ritmo de sus problemas sin resolver, no al ritmo de sus potencialidades.
Las proyecciones débiles del Banco Mundial son incómodas precisamente porque son probables. A menos que Mexico haga cambios mayores en cómo se gobierna y se invierte, seguirá siendo la economía del casi: casi potencia, casi desarrollada, casi capaz de dar a sus ciudadanos lo que merecen. Y eso, para una nación de su envergadura, es simplemente inaceptable.
Información basada en reportes de: El Financiero