La oportunidad que México casi pierde
Durante años, los semiconductores fueron la obsesión de países asiáticos y potencias occidentales. Taiwan, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos acaparaban la producción mundial de chips, mientras América Latina observaba desde la barrera. Pero algo cambió. La pandemia expuso las vulnerabilidades de una cadena de suministro hiperconcentrada, las tensiones comerciales entre superpotencias fragmentaron el mapa geopolítico, y de repente surgieron nuevas oportunidades para países que antes parecían condenados a ser espectadores.
México, con su proximidad geográfica a Estados Unidos y su experiencia manufacturera, despertó el interés de instituciones internacionales como la OCDE. El organismo multilateral acaba de publicar un análisis que suena prometedor: existe una ventana real para que el país latinoamericano se posicione como fabricante de semiconductores relevante. Pero, como ocurre con tantas historias de potencial sin explotar en la región, hay un pero que eclipsa el optimismo: las matemáticas.
¿Cuál es realmente el problema?
Cuando hablamos de «mejorar en matemáticas», no se trata apenas de alumnos que suspendan exámenes. Estamos ante un problema estructural de capital humano. La industria de semiconductores no es simple manufactura tradicional. Requiere ingenieros, técnicos especializados y personal capacitado en diseño, fabricación de precisión, control de calidad y solución de problemas complejos. Todos estos roles demandan sólidos fundamentos matemáticos, comprensión de física, y habilidades analíticas que se construyen desde la educación básica.
Las cifras de México en pruebas internacionales como PISA son desalentadoras. El país consistentemente queda por debajo del promedio de la OCDE en competencias matemáticas y científicas. Esto no es casualidad: es resultado de décadas de subinversión educativa, infraestructuras deficientes en escuelas públicas, docentes con recursos limitados, y una desconexión abismal entre lo que aprenden los estudiantes y lo que demanda la industria moderna.
La trampa de las promesas sin respaldo
Es tentador ver en este análisis de la OCDE una validación internacional para políticas desarrollistas. México tiene ventajas reales: vecindad con el mercado estadounidense, costos laborales menores que Asia, y un ecosistema de manufactura ya establecido. Algunas regiones como Monterrey y Ciudad Juárez tienen tradición en industrias técnicas. Sobre el papel, todo tiene sentido.
Pero aquí viene lo que pocos quieren escuchar: las promesas de industrialización no se cumplen solo con voluntad política y diagnósticos bien intencionados. La OCDE puede identificar oportunidades, pero no puede sustituir años de educación deficiente con una conferencia o un plan quinquenal. Taiwan no llegó a ser potencia de semiconductores en cinco años. Corea del Sur invirtió décadas en educación científica, investigación y desarrollo antes de dominar la industria.
¿Qué necesitaría México realmente?
Para competir en semiconductores no basta con atraer inversión extranjera. Se requeriría: reformas educativas profundas que refuercen ciencias desde primaria, mejor preparación docente, laboratorios y equipamiento moderno en escuelas y universidades, y programas de capacitación técnica vinculados directamente con la industria. También haría falta inversión sostenida en investigación y desarrollo local, no solo maquilas que ensamben componentes diseñados en otros lados.
Lo más irónico es que México tiene instituciones educativas de calidad, universidades con investigadores competitivos y sectores que podrían liderar esta transición. El problema es la desigualdad: la excelencia académica en México es un lujo para minorías urbanas privilegiadas, mientras millones de estudiantes en zonas rurales y periferias tienen acceso a educación de tercera categoría.
La pregunta incómoda
Entonces, ¿por qué importa este diagnóstico de la OCDE? Porque valida lo que ya sabemos: México tiene potencial desperdiciado. Pero también porque suena como una excusa más para aplazar decisiones difíciles. Es más fácil hablar de «oportunidades en semiconductores» que enfrentar la realidad de que el país necesita repensar su sistema educativo desde los cimientos.
Sin eso, estos análisis serán ejercicios académicos bien intencionados que terminarán en reportes olvidados en oficinas gubernamentales. La ventana de oportunidad no permanece abierta indefinidamente. La industria global se mueve rápido, y mientras México debata cómo mejorar sus matemáticas, otros países ya estarán construyendo fábricas.
Información basada en reportes de: Xataka.com.mx