La aviación mexicana busca despegar hacia la sostenibilidad
El transporte aéreo enfrenta uno de sus mayores desafíos ambientales: reducir drásticamente sus emisiones de carbono en una década crítica para el clima global. En este contexto, Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) ha posicionado a México como protagonista en la búsqueda de soluciones concretas mediante el impulso de combustibles de aviación sostenibles (SAF, por sus siglas en inglés).
La iniciativa mexicana no es aislada ni puramente aspiracional. Responde a compromisos internacionales de descarbonización que México ha suscrito, así como a presiones regulatorias cada vez más estrictas en mercados desarrollados. La Unión Europea, por ejemplo, ya implementa normativas que exigen porcentajes crecientes de SAF en los vuelos comerciales. Para una economía como la mexicana, que depende significativamente del turismo y la conectividad aérea internacional, quedarse rezagado en esta transición no es solo un asunto ambiental, sino competitivo.
¿Por qué la aviación es un sector tan contaminante?
La aviación civil representa aproximadamente 2-3% de las emisiones globales de dióxido de carbono, pero su impacto es aún mayor cuando se consideran efectos atmosféricos adicionales como la formación de óxidos de nitrógeno y cirros a gran altura. En América Latina, donde el transporte aéreo crece aceleradamente debido al aumento de conectividad regional y turismo, estas emisiones tienden a aumentar año tras año.
México, como centro regional de conexiones aéreas y destino turístico de relevancia mundial, concentra una porción significativa de este tráfico. Sus principales aeropuertos —Benito Juárez en Ciudad de México, Cancún, Puerto Vallarta, entre otros— operan bajo presión constante, con crecimiento demográfico y de viajeros que superan infraestructura existente. Sin intervenciones serias en la cadena de suministro energético del sector, las emisiones del transporte aéreo mexicano continuarán su trayectoria ascendente.
¿Qué son y cómo funcionan los combustibles de aviación sostenibles?
Los SAF se producen a partir de materias primas renovables: residuos agrícolas, aceites usados, biomasa forestal, algas, e incluso carbono capturado directamente del aire. Cuando se queman en motores de turbina, generan entre 50-80% menos emisiones de carbono durante su ciclo de vida completo, comparado con el queroseno convencional.
Lo crucial es que estos combustibles son «gota por gota» compatibles con la infraestructura aeroportuaria existente. No requieren modificación de aviones ni sistemas de reabastecimiento. Esta compatibilidad es fundamental para una transición rápida sin paralizar la industria.
Sin embargo, existen limitaciones reales. Actualmente, los SAF cuestan entre 3-5 veces más que el queroseno fósil. La cadena de suministro está apenas en desarrollo. Hay debates legítimos sobre la sostenibilidad real de ciertos insumos —como el aceite de palma— que pueden simplemente desplazar problemas ambientales en lugar de resolverlos.
El desafío mexicano: producción local versus demanda internacional
Para que la iniciativa de ASA sea verdaderamente transformadora, México necesita desarrollar capacidad productiva local de SAF. El país cuenta con ventajas potenciales: clima favorable para biomasa, experiencia en agroindustria, y excedentes de residuos agrícolas que podrían aprovecharse.
Sin embargo, esto requiere inversión pública-privada significativa, investigación científica coordinada entre universidades y empresas, y una política energética clara que incentive esta transición. Otros países latinoamericanos como Brasil —con experiencia en biocombustibles— podrían ser aliados tecnológicos, pero también competidores por mercados regionales.
Una estrategia necesaria, pero insuficiente
Aunque los SAF son herramientas valiosas, no son la solución completa. Paralelamente, es necesario reducir demanda mediante transporte terrestre más eficiente, digitalización de conferencias que evite viajes innecesarios, y diseño urbano que disminuya dependencia de vuelos cortos.
El compromiso de ASA representa un paso riguroso en la dirección correcta. Pero México debe acompañarlo con políticas industriales coherentes, inversión en investigación, y articulación regional. De lo contrario, el impulso de combustibles sostenibles correrá el riesgo de quedar como declaración aspiracional sin impacto real en el terreno.
La ventana para actuar decisivamente en clima se cierra aceleradamente. Para México, la aviación sostenible no es solo una oportunidad ambiental, sino una prueba de capacidad para innovar estratégicamente en sectores clave de su economía.
Información basada en reportes de: Milenio