La paradoja del crecimiento controlado
Cuando escuchas que tu país elegirá crecer menos de lo que podría, la primera reacción es de preocupación. Sin embargo, esto es exactamente lo que plantea la propuesta presupuestaria para 2027: una estrategia deliberada de expansión moderada que prioriza la estabilidad sobre el dinamismo económico.
Este enfoque, conocido como «estancamiento estabilizador», representa una apuesta gubernamental por mantener la inflación controlada, los tipos de cambio predecibles y las finanzas públicas ordenadas, incluso si ello significa renunciar a tasas de crecimiento del producto interno bruto (PIB) más robustas.
¿Qué significa esto en tu día a día?
Para el ciudadano promedio, esta estrategia tiene implicaciones directas. Un crecimiento económico más lento generalmente se traduce en menores oportunidades de empleo formal, presiones salariales contenidas y menos dinamismo en sectores como la construcción y el comercio minorista.
Pero también tiene su lado positivo: precios más estables en alimentos y servicios básicos, tasas de interés predecibles para hipotecas y créditos, y menor volatilidad en el peso frente al dólar. Para las familias que ya tienen deudas adquiridas, esto puede ser un alivio.
La inversión pública, el músculo que se contrae
El presupuesto proyectado contempla una reducción en la inversión pública, lo que significa menos recursos destinados a infraestructura, educación y salud. Esto es quizás el aspecto más sensible de esta propuesta.
Históricamente, la inversión pública en México ha sido insuficiente. Según datos internacionales, el país invierte aproximadamente 3.5% de su PIB en capital público, por debajo del promedio de la OCDE que ronda el 4%. Una contracción adicional profundiza este rezago, afectando la competitividad de largo plazo.
Esto se manifiesta en carreteras en mal estado, escuelas con infraestructura deficiente, y sistemas de agua que pierden entre 35% y 40% del volumen por fugas. La inversión menor hoy significa costos mayores mañana.
El gasto corriente: austeridad selectiva
Además de reducir inversión, el paquete contempla contención del gasto operativo. Esto implica presupuestos más ajustados para agencias y ministerios, lo que típicamente afecta servicios públicos y programas de bienestar.
En América Latina, países como Chile y Colombia han experimentado estrategias similares en ciclos económicos anteriores, con resultados mixtos. La austeridad puede restaurar confianza en los mercados financieros, pero también puede comprometer la calidad de servicios esenciales.
¿Por qué elegir la estabilidad sobre el crecimiento?
Esta decisión responde a varios factores contextuales. Primero, la inflación global aún constituye una amenaza, y mantener tasas de crecimiento moderadas ayuda a contenerla sin necesidad de aumentos agresivos en tasas de interés.
Segundo, las finanzas públicas mexicanas enfrentan presiones: la recaudación tributaria está en torno al 21% del PIB (por debajo del potencial), y los gastos en pensiones están en aumento. Una expansión económica muy acelerada podría requerir mayor endeudamiento.
Tercero, existe incertidumbre externa: cambios en políticas comerciales estadounidenses, volatilidad en precios de energía, y flujos de capital impredecibles hacen que los decisores opten por cautela.
El costo de oportunidad
Lo que está en debate real es el costo de oportunidad. México podría estar creciendo a 3-4% anual de manera sostenible, pero elige crecer a 2-2.5%. Esa diferencia de 1-2 puntos porcentuales se multiplica en años.
Si aplicamos esto a largo plazo: con crecimiento bajo, el ingreso per cápita se duplica en aproximadamente 35 años. Con crecimiento mayor, se duplicaría en 20-25 años. Esa brecha de una década es un tiempo valioso perdido para mejorar calidad de vida.
Una perspectiva regional
En América Latina, países como Brasil buscan aceleraciones mayores, mientras que otros como Uruguay priorizan estabilidad. No existe una solución única. El trade-off entre crecimiento y estabilidad es permanente.
Lo importante es que la estrategia sea transparente y tenga límite temporal. Un país no puede estar indefinidamente en «estancamiento estabilizador» sin quedarse rezagado respecto a sus competidores.
Preguntas para vigilar
¿Cuánto tiempo durará esta fase? ¿Se revertirá la política una vez controlada la inflación? ¿Habrá protección especial para inversión en sectores productivos? Estas respuestas determinarán si esta estrategia es un puerto seguro temporal o una nueva realidad económica mexicana.
Información basada en reportes de: El Financiero


