México avanza hacia una aviación menos contaminante
En un contexto donde el transporte aéreo representa aproximadamente el 2-3% de las emisiones globales de carbono y enfrenta presión internacional para reducir su huella ambiental, México ha comenzado a materializar una estrategia de descarbonización del sector aeroportuario. Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), empresa estatal clave en la infraestructura de transporte, ha asumido un rol protagónico en esta transición energética que busca alinear la industria mexicana con los compromisos climáticos adquiridos en tratados internacionales.
El desarrollo de combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) representa una de las vías más viables para que el sector aeronáutico reduzca emisiones sin sacrificar operatividad. A diferencia de otros sectores que pueden electrificarse con mayor facilidad, la aviación de largo alcance depende aún de combustibles de alta densidad energética, lo que convierte a los SAF en una solución intermedia fundamental durante la próxima década.
Contexto regional: por qué esto importa en América Latina
Latinoamérica es responsable de apenas el 8% de las emisiones globales, pero es la región más vulnerable a los impactos del cambio climático. Sequías en el Amazonas, fenómenos climáticos extremos en Centroamérica y estrés hídrico en la región andina son consecuencias que se aceleran. Por eso, cuando una economía como la mexicana toma iniciativas de descarbonización en sectores dinámicos como el transporte aéreo, establece precedentes que pueden inspirar políticas similares en Colombia, Perú, Brasil y otros países latinoamericanos.
México, como puerta de entrada aérea de América Latina y con uno de los mayores volúmenes de tráfico aéreo regional, tiene una responsabilidad particular. Sus decisiones en infraestructura verde pueden catalizar transformaciones en toda la región.
¿Qué son los combustibles sostenibles de aviación?
Los SAF se producen a partir de materias primas renovables: residuos agrícolas, aceites usados, desechos forestales o cultivos energéticos sostenibles. Su ventaja principal es que pueden utilizarse en aviones comerciales existentes sin modificaciones significativas, facilitando una transición gradual y económicamente viable. Estudios internacionales demuestran que los SAF pueden reducir hasta un 80% las emisiones de carbono en ciclo de vida, comparados con combustibles fósiles tradicionales.
Para México, esto abre oportunidades. El país posee una base agroindustrial robusta y regiones con potencial para cultivos energéticos sostenibles, particularmente en estados como Veracruz, Tabasco y regiones del norte. La industria de biocombustibles, si se desarrolla con criterios rigurosos de sostenibilidad, podría generar empleos verdes mientras descarboniza la aviación.
Retos y consideraciones críticas
Sin embargo, no todo es promisorio. La transición a SAF enfrenta obstáculos reales. Primero, los costos: actualmente los combustibles sostenibles para aviación cuestan entre dos y tres veces más que el queroseno convencional. Esto puede trasladarse a tarifas aéreas más altas, afectando el acceso de poblaciones de medianos ingresos a la movilidad aérea.
Segundo, la cadena de suministro. México requeriría desarrollar infraestructura de producción, refinación y distribución desde cero. Esto demanda inversión pública y privada coordinada, así como normativas claras que eviten que la búsqueda de sostenibilidad genere nuevos problemas: deforestación para cultivos energéticos, competencia con seguridad alimentaria o desplazamiento de comunidades locales.
Tercero, la certificación internacional. Los SAF deben cumplir estándares rigurosos de sostenibilidad ambiental y social. México necesitará marcos regulatorios que garanticen que sus combustibles «sostenibles» realmente lo sean, sin caer en greenwashing.
Oportunidad para la transición justa
A pesar de los desafíos, la iniciativa de ASA representa un paso necesario. Latinoamérica no puede permitirse quedarse al margen de la descarbonización global. Si México desarrolla cadenas de valor en combustibles sostenibles con estándares altos, protegiendo ecosistemas y derechos de comunidades indígenas y rurales, podría posicionarse como líder regional en aviación verde.
La pregunta que los ciudadanos y autoridades deben formularse es: ¿esta transición incluirá mecanismos de justicia climática que protejan a quienes menos han contaminado? ¿Habrá participación genuina de comunidades locales? ¿Se vigilará que los compromisos ambientales sean verificables y no solo declarativos?
La descarbonización de la aviación es urgente. Pero en América Latina, debe ser también equitativa, o corre el riesgo de reproducir los mismos patrones de desigualdad que han caracterizado nuestras transiciones energéticas anteriores.
Información basada en reportes de: Milenio