México busca descarbonizar el cielo con combustibles de aviación más limpios
La industria aeroportuaria mexicana enfrenta un desafío sin precedentes: reducir significativamente sus emisiones de carbono en los próximos años. En este contexto, Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), la empresa estatal que gestiona la mayoría de terminales aéreas del país, ha tomado una posición de liderazgo al impulsar el desarrollo de combustibles sostenibles de aviación (SAF, por sus siglas en inglés). Esta iniciativa representa una respuesta concreta a los compromisos climáticos que México ha adquirido tanto en el ámbito nacional como en tratados internacionales.
El transporte aéreo es responsable de aproximadamente el 2-3% de las emisiones globales de dióxido de carbono, pero en mercados como el latinoamericano, donde la aviación es crucial para conectar territorios geográficamente dispersos, su impacto relativo es aún mayor. México, como potencia aeroportuaria regional con rutas que conectan América del Norte, Central y el Caribe, tiene una responsabilidad particular en esta transición energética.
¿Qué son los combustibles sostenibles de aviación y por qué importan?
Los SAF son biocombustibles producidos a partir de materias primas renovables como residuos agrícolas, aceites usados, algas o cultivos dedicados. A diferencia del queroseno convencional derivado del petróleo, estos combustibles pueden reducir las emisiones de ciclo de vida hasta en un 80%, según datos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).
Lo relevante para Latinoamérica es que muchas de estas materias primas pueden ser producidas localmente. Países como México cuentan con sectores agroindustriales desarrollados y biomasa disponible que podría convertirse en insumo para estos combustibles. Esto abre oportunidades económicas: generación de empleo, desarrollo de nuevas cadenas de valor y posicionamiento como productor de tecnología limpia en la región.
Un compromiso dentro de marcos más amplios
El movimiento de ASA se inscribe en una estrategia nacional de descarbonización del transporte aéreo que busca cumplir las metas establecidas en la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de México. El país se comprometió a reducir emisiones de gases de efecto invernadero en un 35% para 2030 respecto a escenarios de referencia, meta que requiere transformaciones profundas en sectores como el transporte.
Internacionalmente, la aviación opera bajo el esquema CORSIA (Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation), que establece un crecimiento neutral en carbono desde 2020. Sin embargo, el desarrollo de combustibles realmente sostenibles es visto por expertos como el paso más efectivo hacia una descarbonización genuina, no solo basada en compensaciones.
Retos y oportunidades en el camino
La transición a SAF enfrenta desafíos concretos. Actualmente, estos combustibles representan menos del 0.1% del combustible de aviación global, principalmente por costos aún elevados y limitada capacidad de producción. En México, la industria de biocombustibles está menos desarrollada que en Brasil o Argentina, lo que requiere inversión pública y privada significativa.
Sin embargo, el potencial es real. La industria aeroportuaria, con su peso en la economía del país, tiene capacidad para impulsar cambios en la cadena de suministro. Aerolíneas internacionales operando en México cada vez exigen combustibles sostenibles, lo que crea presión de mercado para que el país desarrolle esta capacidad.
Una pieza del rompecabezas climático regional
La apuesta de ASA es, en última instancia, una pieza de un rompecabezas más grande. Latinoamérica es vulnerable al cambio climático pero también tiene recursos para liderarlo: biodiversidad, potencial de energías renovables y, en muchos casos, biomasa abundante. Iniciativas como esta demuestran que la descarbonización no es un lujo de países ricos, sino una necesidad económica y ambiental urgente que la región puede asumir desde sus propias fortalezas.
La próxima fase será observar cómo se traducen estos compromisos en inversiones concretas, regulaciones que incentiven la producción local de SAF y alianzas entre actores públicos y privados. El tiempo para actuar en aviación limpia es ahora.
Información basada en reportes de: Milenio