Los tributos brutales de la época precolombina: castigos y abuso en la zona de los volcanes
La llegada de los españoles a Mesoamérica trajo consigo una nueva forma de explotación. Aunque los pueblos originarios esperaban el fin de los abusos tras la Conquista de México-Tenochtitlan, sus esperanzas fueron defraudadas. El Códice Mendoza, documento fundamental del siglo XVI, revela cómo los encomenderos españoles impusieron un régimen de tributos acompañado de castigos brutales contra quienes no cumplían a tiempo.
Un sistema de explotación sin precedentes
Tras la conquista española, la Corona otorgó a los encomenderos el derecho de recibir tributos de los pueblos originarios. Estos funcionarios españoles no solo exigían pagos, sino que lo hacían «a sangre y fuego», según los registros históricos. Los tributos se suponía que iban a las arcas reales de los virreyes, pero en la práctica, muchos encomenderos se apropiaban de ellos.
En Tlalmanalco —cuyo nombre en náhuatl significa «Lugar donde se Aplana la Tierra»— ubicado en la zona de los volcanes, los indígenas debían pagar cada 80 días un tributo extraordinario: 400 mantas, 400 penachos y 20 cargas de cacao. El incumplimiento traía consecuencias devastadoras: confiscación de tierras y castigos físicos severos.
Violencia documentada en el Códice Mendoza
La lámina 48r del Códice de Mendoza de 1542 retrata gráficamente la brutalidad del sistema. En la imagen, un español barbado con sombrero rojo jala del cabello a un indígena que aparece desvanecido y sangrando del cuello. Otro nativo está severamente castigado detrás, evidencia de que ambos no cumplieron con el pago a tiempo.
La ilustración incluye una balanza con dos platos conteniendo círculos dorados, símbolo de que la Corona española exigía que los tributos se pesaran correctamente. Si un encomendero robaba oro, enfrentaba castigo real.
El caso de Añe Baca: abuso documentado y castigo
El Códice Mendoza registra un caso específico de abuso que llegó a oídos de la Corona. Un cobrador español llamado Añe Baca maltrataba sistemáticamente a los capataces indígenas con patadas y golpes, exigiéndoles el tributo con amenazas y gritos. Los obligaba a entregar joyas de oro bajo tortura, completando sus extorsiones con violencia física.
El texto del códice relata: «Maltrataba a pie a los capataces dándoles patadas y palos. A gritos y amenazas les quitaron una joya de oro, pero se la quitaron y les dieron de golpes».
La intervención de la Corona española
Los frailes españoles, testigos de estos abusos, denunciaron los hechos ante la Corona. Aunque no todas las órdenes religiosas fueron defensoras de los indígenas, algunos sí documentaron las atrocidades cometidas por los encomenderos. Esta «Segunda Conquista Espiritual» fue acompañada de explotación económica sistemática.
En respuesta, la Corona española en 1542 tomó medidas drásticas: el encomendero Añe Baca fue castigo y destituido de su cargo. Este caso demuestra que, pese al sistema corrupto, existieron mecanismos de control cuando los abusos trascendieron y fueron documentados.
Un legado de violencia
El Códice Mendoza representa uno de los testimonios más valiosos sobre la explotación colonial. Sus ilustraciones y textos no solo documentan hechos históricos, sino que evidencian la resistencia de las comunidades indígenas y los intentos, aunque limitados, de la Corona por frenar los abusos más flagrantes.
La historia de Tlalmanalco y sus tributos brutales refleja la realidad de miles de pueblos mesoamericanos que, bajo el régimen colonial, experimentaron una transformación radical de sus sistemas tributarios preexistentes, pasando de estructuras complejas pero conocidas a un sistema de explotación sin límites legales claros.
Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Códice Mendoza, folios 34r-48r, 1542.