Un dinero que no llega: la crisis de las remesas en México
Cada mes, millones de familias mexicanas dependen de un mensaje bancario simple pero crucial: la confirmación de que el dinero enviado desde Estados Unidos ha llegado. Sin embargo, esa certeza se desmorona. En enero de 2026, las remesas experimentaron una contracción de 1.4 por ciento, profundizando una tendencia preocupante que golpea directamente en el bolsillo de los hogares más vulnerables del país.
Para entender qué significa esto en términos reales: una familia que regularmente recibe 300 dólares mensuales para pagar servicios básicos, educación o medicinas ahora puede esperar recibir menos. Cuando hablamos de remesas, no estamos hablando de dinero de lujo. Hablamos del sustento de aproximadamente 10 millones de familias mexicanas que dependen de estos flujos para sobrevivir.
¿Qué está pasando en Estados Unidos?
El culpable identificado es claro: los cambios en la política migratoria estadounidense. La administración que inició en 2025 ha intensificado las medidas de control fronterizo y endurecido las regulaciones migratorias, generando un ambiente de incertidumbre entre la población migrante. Este contexto de mayor escrutinio, redadas y restricciones está produciendo un efecto cascada que ya se refleja en los números.
Aunque la caída de 1.4 por ciento podría parecer modesta en términos porcentuales, el contexto revela la verdadera magnitud del problema. México recibió aproximadamente 32 mil millones de dólares en remesas durante 2024, consolidándose como la segunda fuente de divisas después del petróleo. Una reducción sostenida, aunque sea pequeña, implica miles de millones de dólares que dejan de circular en la economía local.
El efecto dominó en la economía familiar
Las remesas no son simplemente dinero que se deposita en una cuenta bancaria. Son el motor de la economía en cientos de municipios mexicanos. Con estos recursos, las familias pagan renta, compran alimentos, cotizan en servicios de salud privados, y muchas veces financian pequeños negocios o emprendimientos.
Cuando disminuyen las remesas, se genera un efecto dominó: menos consumo en tiendas locales, menos capacidad para emprender, menos inversión en educación. Los hijos de migrantes pueden ver interrumpidos sus planes educativos. Las pequeñas tiendas que dependen del consumo de estas familias comienzan a sufrir. Las remesarias—empresas especializadas en envíos de dinero—también ven reducidos sus ingresos por comisiones.
Un problema estructural que se profundiza
Lo preocupante es que esta caída no es un hecho aislado. Expertos en migración y economía señalan que se trata de la continuación de una tendencia más amplia. La volatilidad política en Estados Unidos, combinada con ciclos económicos inciertos y la digitalización de las remesas, han creado un panorama complejo.
Además, el factor psicológico es importante: los migrantes, enfrentando un ambiente hostil, pueden estar reconsiderando su permanencia en el país del norte. Algunos podrían estar reduciendo sus ahorros o incluso considerando regresar, lo que naturalmente disminuiría la cantidad de dinero disponible para enviar.
¿Qué pueden esperar los mexicanos?
Analistas económicos advierten que sin cambios en la política migratoria, las remesas continuarán bajo presión. El Banco de México y organismos internacionales ya han comenzado a revisar sus proyecciones a la baja para 2026.
Para las familias mexicanas, esto significa que es momento de replantear estrategias: diversificar ingresos, buscar alternativas de ahorro y, en casos extremos, prepararse para cambios estructurales en el nivel de ingresos familiares. A nivel de gobierno, la presión aumenta para desarrollar políticas que compensen esta caída de divisas y protejan a la población vulnerable.
Una lección latinoamericana
Este fenómeno no es exclusivo de México. Países como El Salvador, Guatemala, Honduras y República Dominicana también dependen fuertemente de las remesas. La política migratoria estadounidense, por lo tanto, tiene implicaciones que van más allá de las fronteras mexicanas, afectando a toda la región latinoamericana.
La caída de 1.4 por ciento en enero es una alerta que todos deberían escuchar: la economía de millones está más frágil de lo que parece, y los cambios políticos en una superpotencia tienen consecuencias inmediatas y medibles en la vida cotidiana de familias en toda América Latina.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx