Las mojoneras coloniales de Ayapango: piedras que defendieron las tierras
En la época prehispánica, las mojoneras cumplían una función clara: delimitar las tierras entre pueblos. Sin embargo, los conflictos por linderos persisten hasta hoy. Un ejemplo emblemático es Chalco-Cocotitlán, donde la mitad del cerro de Cocotitlán pertenece a Chalco. En Ayapango, municipio del Estado de México, quedó registrado en piedra un capítulo crucial de esta historia territorial: la defensa de sus tierras durante la época colonial.
Las marcas del poder: mojoneras en muros sagrados
Los muros de la iglesia de San Juan Bautista, en la cabecera municipal de Ayapango, guardaban durante el siglo XVIII un tesoro documental: imágenes empotradas que marcaban los límites territoriales oficiales. Una de ellas reza: «En el nombre de Jesucristo Rey. Año de 1768. Yo, el Maestro Agrimensor, hice la medida, Jurisdicción de Chalco. Doy fé», seguida de la rúbrica del Juez.
Otras mojoneras fechadas en 1788 y 1642 completaban el registro. Pero estas no eran simples piedras marcadoras. Representaban el resultado de intensas batallas legales que duraron más de dos décadas, durante las cuales Ayapango enfrentó disputas contra la Hacienda de Tomacoco y conflictos de linderos al sur con Amecameca.
¿Por qué en los muros de la iglesia?
La respuesta revela una estrategia ingeniosa. En los campos agrícolas, trabajadores de las haciendas removían constantemente las mojoneras durante la noche, reubicándolas a favor de sus patrones. Los habitantes de Ayapango encontraron la solución: trasladarlas a los muros de las iglesias y capillas, lugares considerados sagrados donde nadie se atrevía a tocar una piedra.
Esta decisión no era casual. Las mojoneras se instalaban durante la fiesta patronal, cuando toda la comunidad servía como testigo del acto. La presencia de la población garantizaba el respeto de los límites establecidos.
Una fórmula legal-religiosa
Las inscripciones en las mojoneras obedecían a un código específico que fusionaba autoridad eclesiástica y civil. La cruz con las letras «J X R» significaba «Bajo amparo de Dios y del Rey». Mover una mojonera no era solo un delito territorial: era un pecado.
Las letras «SS» indicaban una validación doble: la del Juez eclesiástico y la del Juez civil. La frase «Yo el Maestro Medi» certificaba que un agrimensor había realizado personalmente la medición, evitando fraudes de las haciendas. Como Ayapango era cabecera, el Alcalde Mayor de Chalco ordenaba su colocación.
Un registro para la historia
Estos datos, según la investigación basada en documentos del Archivo General de la Nación (AGN), deberían estar registrados en los libros parroquiales bajo títulos como «Títulos de tierras» o «Autos de Posesión», bajo la denominación: «Pueblo de Ayapango vs Hacienda de Tomacoco».
Las mojoneras de Ayapango representan mucho más que simples marcadores territoriales. Son testimonios pétreos de la resistencia de un pueblo por defender sus derechos durante la época colonial, una batalla legal que se libró en los campos y se selló en los muros de su iglesia más importante.