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Las lecciones de Mills sobre el poder: por qué importan en América Latina hoy

Un sociólogo estadounidense del siglo XX ofrece herramientas para entender cómo se concentra el poder en nuestras regiones y cómo cuestionarlo.
Las lecciones de Mills sobre el poder: por qué importan en América Latina hoy

Cuando la sociología nos ayuda a leer la realidad latinoamericana

A finales de los años cincuenta, mientras América Latina experimentaba transformaciones políticas profundas, un intelectual estadounidense desarrollaba un análisis que resultaría fundamental para comprender las dinámicas de poder en cualquier sociedad moderna. Charles Wright Mills, sociólogo de origen estadounidense, no era un pensador que se limitara a describir la realidad desde una torre de marfil académica. Su trabajo representaba un esfuerzo deliberado por desenmascarar cómo funcionaban realmente las decisiones en su país, y sus conclusiones tienen resonancia particular para quienes vivimos en contextos donde el poder se concentra de formas visibles e invisibles.

Lo que Mills propuso en su investigación fue desafiar la noción ingenua de que en las democracias modernas existe una verdadera distribución del poder entre múltiples grupos competidores. En cambio, argumentó que existe una estructura de poder que funciona a través de redes estrechas de individuos que ocupan posiciones clave en las instituciones militares, políticas y económicas. Esta observación, aunque dirigida al contexto norteamericano, ilumina aspectos de la realidad latinoamericana que a menudo nos resultan familiares: la forma en que ciertos círculos perpetúan su influencia, cómo las decisiones se toman en espacios alejados del escrutinio público y cómo los intereses privados moldean la política estatal.

El poder tras bambalinas en nuestro continente

En México y el resto de América Latina, las estructuras de poder descritas por este sociólogo estadounidense adquieren formas particulares. Pensemos en cómo se entrelazan los intereses empresariales con decisiones de política pública, o cómo las élites políticas mantienen conexiones con sectores económicos que les permiten influir en la gobernanza. No se trata únicamente de corrupción en el sentido criminal, sino de algo más sistémico: una forma de operar donde los que están dentro de ciertos círculos tienen acceso a información, recursos y redes que los ciudadanos comunes nunca tendrán.

La relevancia de esta perspectiva se intensifica cuando observamos fenómenos contemporáneos en la región. Las decisiones sobre política económica frecuentemente benefician a grupos específicos. Los cambios en regulaciones ambientales suelen favorecer a empresas grandes en detrimento de comunidades locales. Los nombramientos en organismos clave del Estado responden a lógicas de red y lealtad más que a méritos o procesos transparentes. Estos patrones no son accidentales; responden a estructuras de poder que funcionan de manera muy similar a lo que Mills identificó en la sociedad estadounidense, aunque con características propias de nuestros contextos.

Herramientas para cuestionar desde abajo

Lo valioso de retomar este análisis no es para caer en pesimismo sobre la inevitabilidad de estas estructuras. Al contrario, Mills creía en la importancia de la reflexión crítica como herramienta de transformación. Su invitación era a que la población desarrollara lo que llamaba imaginación sociológica: la capacidad de conectar problemas personales con estructuras sociales más amplias. Cuando un pequeño agricultor pierde su tierra, no es solo un problema individual; es el resultado de políticas que favorecen la concentración de tierras. Cuando jóvenes profesionales no encuentran empleos dignos, no es por falta de esfuerzo personal únicamente; responde a modelos económicos que priorizan la ganancia corporativa sobre el bienestar laboral.

Para América Latina, esta herramienta intelectual es especialmente potente. Nos permite ver más allá de las narrativas oficiales y comprender cómo funcionan realmente las cosas. Nos capacita para hacer preguntas incómodas: ¿quién toma realmente las decisiones importantes?, ¿qué intereses están representados y cuáles están ausentes?, ¿cómo podemos reorganizar el poder de manera más democrática y equitativa?

Conectando pasado y presente

Cuando Mills escribía en 1959, América Latina ya enfrentaba dilemas sobre la distribución del poder. Las élites tradicionales convivían con nuevas fuerzas políticas, los movimientos sociales cuestionaban estructuras heredadas del colonialismo, y las potencias externas ejercían influencia significativa. Décadas después, aunque los contextos han cambiado, estas tensiones persisten. La diferencia es que ahora contamos con herramientas analíticas que nos permiten verlas con mayor claridad.

La contribución de Mills fue mostrar que no debemos aceptar narrativas que presentan las realidades políticas como inevitables o naturales. Las estructuras de poder son construcciones humanas y, como tales, pueden ser cuestionadas, analizadas y potencialmente transformadas. Para México y América Latina, donde la desigualdad persiste en formas complejas y donde los ciudadanos frecuentemente sienten que sus voces importan poco en decisiones que los afectan profundamente, esta perspectiva ofrece un punto de partida para una reflexión más profunda sobre cómo vivimos juntos y cómo queremos hacerlo.

Releer a pensadores como Mills no es un ejercicio nostálgico de académicos. Es un acto político de resistencia intelectual que nos ayuda a ver más claramente el mundo que habitamos y los cambios que queremos construir.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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