La maldad como enfermedad social
Lo que en la niñez expresábamos como un juego —»quiero ser malo»— se ha convertido en muchos adultos en una realidad que daña tanto a quienes la ejercen como a quienes la padecen. Según el Dr. Arnulfo L’Gámiz Matuk, investigador del CICSA de la Universidad Anáhuac, la maldad no es simplemente una cuestión moral: es un problema de salud pública que requiere intervención urgente.
La maldad, definida como aquello que causa dolor, sufrimiento o injusticia de manera intencional, ha dejado de ser irreflexiva para convertirse en una voluntad consciente de causar daño. Sus manifestaciones van más allá de la violencia física evidente: incluyen el engaño, la manipulación, la crueldad, el abuso de poder y la discriminación.
Manifestaciones sutiles pero destructivas
Lo más preocupante es que no toda maldad es obvia. Existen expresiones sutiles que causan daño significativo sin ser reconocidas como tales. La maldad pasiva —la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, el desprecio por la dignidad de los demás, los rumores, las calumnias y las burlas crueles— se ha normalizado socialmente.
Un fenómeno especialmente persistente en la contemporaneidad es la omisión de ayuda cuando tenemos la capacidad de ofrecerla. Estas acciones silenciosas pueden ser aún más destructivas precisamente porque se consideran «normales».
Impacto en la salud individual
Las consecuencias de la maldad en la salud individual son devastadoras: estrés postraumático, depresión, ansiedad, trastornos del sueño, aislamiento social y pérdida de confianza. Según el investigador, también se presentan dolores físicos sin causa médica aparente, aumento de enfermedades cardiovasculares y trastornos mentales que acortan tanto la cantidad como la calidad de vida.
Una sociedad enferma se normaliza
El impacto no se limita a individuos aislados. La sociedad en su conjunto está enferma, y lo más grave es que la maldad se está normalizando en sus instituciones fundamentales: familias, escuelas, centros laborales, plataformas electrónicas y medios de comunicación.
México convive con impunidad, grandes injusticias institucionales, violencia generalizada y polarización social. La desconfianza, el miedo y la violencia afectan la salud mental, física, social y espiritual de toda la población, especialmente de los más vulnerables.
Un llamado a la reflexión y la acción
Frente a este panorama, el Dr. L’Gámiz Matuk propone que es prioritario reflexionar individualmente y que las familias retomen su esencia positiva. La solución, aunque parece imposible, es factible si prevalece la voluntad positiva individual y social, comenzando con nosotros mismos y nuestros círculos más cercanos.
El investigador sugiere construir entornos saludables mediante familias que eduquen en la ternura, escuelas que enseñen valores humanos, gobiernos que actúen con justicia, medios de comunicación que promuevan la verdad y personas que elijan la compasión.
La bondad como medicina
«La bondad, la solidaridad, el respeto y la compasión no son debilidades», enfatiza el experto. «Son medicinas sociales y personales que fortalecen la salud en todas sus dimensiones». En una sociedad donde la maldad se ha normalizado, estas virtudes se convierten en herramientas terapéuticas tanto para individuos como para comunidades enteras.
El combate contra la maldad no es una tarea lejana o abstracta: es una necesidad sanitaria inmediata que debe abordarse desde la educación, la familia y las instituciones sociales.