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La industria reclama reformas estructurales para competir en mercados abiertos

Ejecutivos de Ternium advierten que la apertura económica sin cambios tributarios profundos deja a Argentina en desventaja frente a Brasil y la competencia asiática.
La industria reclama reformas estructurales para competir en mercados abiertos

La industria siderúrgica advierte sobre los riesgos de una apertura sin reformas

La liberalización comercial es un tema candente en la política económica argentina, pero no todos celebran la medida sin condiciones. Desde uno de los principales grupos empresariales del país surge una advertencia clara: abrir las puertas del mercado sin antes ajustar los cimientos de la estructura tributaria puede resultar en un fracaso costoso para la industria local.

Directivos de Ternium, la empresa siderúrgica emblemática del Grupo Techint, plantearon esta inquietud a través de conversaciones con medios especializados. Su mensaje es contundente: no se trata de cerrar las compuertas, sino de asegurar que el país tenga herramientas competitivas reales antes de enfrentarse a rivales mejor posicionados.

Un desequilibrio tributario que define los resultados

El principal punto de fricción radica en la carga impositiva que enfrentan las empresas manufactureras argentinas en comparación con sus competidoras regionales. Brasil, principal potencia industrial de Sudamérica, ofrece a sus fabricantes estructuras fiscales significativamente más favorables. Esta diferencia no es un detalle administrativo, sino un factor determinante que afecta márgenes, inversión y capacidad de innovación.

Cuando una empresa argentina debe tributar considerablemente más que sus equivalentes brasileños por el mismo tipo de actividad, la cancha de juego no está solo inclinada: está prácticamente de costado. El competidor del otro lado del Río de la Plata puede invertir en tecnología, expansión o investigación con recursos que su par argentino debe destinar a impuestos.

La amenaza de los productos subsidiados desde Asia

Pero el desafío no viene solo del hemisferio. China ha consolidado una posición dominante en mercados globales mediante un modelo que combina ventajas de costos con subsidios estatales a la exportación. Acero, productos químicos, electrónica: en casi todas las categorías, la producción china llega a mercados emergentes con precios que muchas industrias locales no pueden igualar sin sacrificar rentabilidad.

Para Argentina, esto significa una situación de doble vulnerabilidad. Si abre sin prepararse, la competencia regional la presionará desde el norte y la competencia asiática desde el otro lado del mundo. Las pequeñas y medianas empresas industriales, que generan empleo en el interior del país, podrían ser las más afectadas.

¿Qué tipo de reformas estructurales se necesitan?

Ternium y otros actores del sector manufacturo no piden proteccionismo eterno, sino reformas de fondo que nivelen la cancha. Entre ellas figuran: simplificación tributaria que reduzca la carga sobre producción e inversión, armonización gradual de impuestos con estándares regionales, y políticas que incentiven la modernización tecnológica de la industria local.

También reclaman mecanismos de defensa comercial más ágiles para contrarrestar prácticas desleales de dumping, especialmente desde potencias asiáticas. Esto no significa volver al aislacionismo, sino implementar reglas claras dentro de un sistema abierto.

El dilema de toda economía en transición

El dilema que enfrenta Argentina no es exclusivo. Desde México hasta Tailandia, gobiernos y empresas debaten cómo acceder a mercados globales sin sacrificar industria doméstica. La experiencia internacional sugiere que el timing y las condiciones son cruciales: una apertura mal calibrada puede liquidar capacidades productivas que tardan años en reconstruirse.

Para el caso argentino, la pregunta central es si el Gobierno está dispuesto a acompañar la liberalización con paquetes de reforma tributaria que hagan viable la competencia local, o si prevé una transición más rápida donde sectores enteros absorban los costos del ajuste.

Las próximas negociaciones serán decisivas

Las conversaciones con Ternium y otros grandes industriales no son meramente informativas. Son una señal de que el sector privado está alertando sobre los riesgos de una estrategia incompleta. Si el Gobierno prosigue con apertura sin responder a estas demandas de reforma estructural, podría enfrentar resistencia creciente de actores clave de la economía real.

Equilibrar la cancha, como solicitan desde la siderurgia, implica decisiones políticas difíciles sobre tributación, regulación y política industrial. Pero según estos actores, es el requisito indispensable para que una economía abierta sea también una economía competitiva.

Información basada en reportes de: La Nacion

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