La ciencia mexicana sigue siendo territorio masculino: así afecta al país
Cuando hablamos del futuro científico de México, es inevitable preguntarse quién está construyendo ese futuro. La respuesta, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, resulta incómoda: apenas tres de cada diez investigadores en nuestro país son mujeres. Se trata de una realidad que trasciende los números fríos y que impacta directamente en la capacidad de innovación, en el desarrollo tecnológico y en la competitividad de una nación que necesita desesperadamente crecer en estos campos.
La cifra de 32.3 científicas por cada 100 investigadores coloca a México por debajo de la media global, en un contexto donde la presencia femenina en la ciencia sigue siendo uno de los grandes pendientes del siglo XXI. Aunque es cierto que se han registrado avances en los últimos años, especialmente en algunos campos específicos como ciencias de la salud, la realidad es que la brecha persiste, profunda y sistemática, en disciplinas consideradas fundamentales para el desarrollo económico y tecnológico.
Más allá de los números: una cuestión estructural
No se trata simplemente de un problema de igualdad de género, aunque eso es grave. Es también una cuestión de eficiencia y de desperdicio de recursos intelectuales. Cuando se excluye o se desalienta a las mujeres de carreras científicas, México pierde aproximadamente la mitad de su potencial de innovación. Pierde talentos, perspectivas diferentes, formas alternativas de resolver problemas que podrían revolucionar campos enteros de investigación.
Las causas son múltiples y complejas. Desde estereotipos arraigados en la educación básica que desalientan a las niñas de interesarse en matemáticas y ciencias, hasta políticas institucionales que no facilitan la conciliación entre la vida académica y familiar, la carrera científica femenina enfrenta obstáculos que sus colegas masculinos simplemente no tienen que atravesar. En universidades y centros de investigación mexicanos, las mujeres acceden a menos recursos, reciben menos mentoría de pares experimentadas, y enfrentan dinámicas laborales que, en el mejor de los casos, las toleran como excepciones.
América Latina en la encrucijada
Dentro del contexto latinoamericano, México no está solo en este desafío, pero tampoco está entre los mejor posicionados. Mientras algunos países de la región han implementado políticas agresivas de inclusión de mujeres en ciencia, México ha avanzado más lentamente. Perú, Colombia y Chile han logrado equilibrios mayores en sus comunidades científicas, demostrando que el cambio es posible cuando existe voluntad política real.
La pregunta que debería inquietar a hacedores de política educativa y científica es: ¿cuántos medicamentos no se descubrirán? ¿Cuántas tecnologías no se desarrollarán? ¿Cuántos problemas complejos permanecerán sin solución porque les falta la perspectiva de la mitad de la población que podría contribuir a resolverlos?
Caminos hacia adelante
Las soluciones existen y han sido probadas en otros contextos. Requieren, primero, una aceptación honesta del problema. Las universidades mexicanas necesitan auditorías internas de género en sus programas científicos. Es necesario que instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) diseñen políticas específicas de apoyo a investigadoras en etapas críticas de sus carreras.
La educación básica debe replantearse cómo presenta las disciplinas STEM a estudiantes de todos los géneros. Los modelos mentales sobre quién puede ser científico necesitan cambiar, comenzando desde primaria. Simultáneamente, las instituciones de educación superior deben revisar sus políticas de contratación, evaluación y promoción para identificar sesgos inconscientes que favorecen trayectorias masculinas.
Lo esperanzador es que esto no es imposible. Otros países han demostrado que con presupuesto, liderazgo firme y políticas bien diseñadas, la brecha de género en ciencia puede reducirse significativamente en una década. México tiene el talento. Tiene las instituciones. Lo que falta es la determinación de enfrentar el statu quo.
El futuro científico de nuestro país no será tan brillante como podría ser mientras sigamos perdiendo la mitad del talento disponible. Es hora de que la conversación sobre equidad de género en ciencia deje de ser un tema marginal para convertirse en una prioridad nacional de competitividad.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx