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La brecha de género tardará 300 años: ¿Por qué la ONU sigue sin una mujer al mando?

Eva D. Castro lidera ONU Mujeres en España y cuestiona la ausencia de secretarias generales en la historia de la organización. Un dato que revela más de lo que parece.
La brecha de género tardará 300 años: ¿Por qué la ONU sigue sin una mujer al mando?

La matemática incómoda de la desigualdad

Cuando una experta en fondos públicos dice que la igualdad total llegará en trescientos años, no está siendo pesimista. Está siendo matemática. Eva D. Castro, quien asume la presidencia del comité de ONU Mujeres en España desde 2025, pone números a lo que muchos prefieren obviar: el ritmo actual de cambio es tan lento que genera cifras que parecen sacadas de un manual de ficción distópica.

Lo interesante aquí no es solo el dato alarmante, sino lo que Castro levanta como bandera en la conversación: la inexistencia de una mujer secretaria general en toda la historia de Naciones Unidas. Desde su fundación en 1945, la posición más alta de la organización internacional ha sido ocupada exclusivamente por hombres. Nueve secretarios generales. Cero mujeres.

¿Por qué importa quién dirige la ONU?

La pregunta no es trivial. El liderazgo no es solo un cargo administrativo; es un símbolo que resuena globalmente. Cuando las mujeres están ausentes en las posiciones de mayor poder en organismos que hablan de derechos humanos y equidad, se envía un mensaje contradictorio: hablamos de igualdad desde estructuras profundamente desiguales.

Castro sugiere que sería «muy simbólico» tener una mujer en ese cargo. La palabra elegida es deliberada. No dice «necesario» o «urgente», sino «simbólico». Porque en realidad es todo eso junto. El simbolismo importa en política internacional, especialmente cuando se trata de legitimidad y credibilidad.

La realidad latinoamericana

En América Latina, donde varios países han tenido presidentas mujeres—desde Michelle Bachelet en Chile hasta Cristina Fernández en Argentina, Evo Morales fue una excepción en un continente donde las mujeres conquistaron espacios de poder ejecutivo—la ausencia de una mujer en la secretaría general de la ONU suena aún más anacrónica.

Sin embargo, la región también ilustra una verdad incómoda: tener mujeres en la presidencia no garantiza políticas de igualdad de género profundas. Algunos gobiernos con lideresas han enfrentado críticas por sus posiciones en derechos reproductivos o políticas laborales para mujeres. El simbolismo es necesario, pero insuficiente.

El problema de los trescientos años

La proyección de Castro merece escrutinio. ¿De dónde viene esa cifra? Probablemente de estudios que analizan la velocidad histórica de cambio en participación femenina en espacios de poder. Si el progreso continúa al ritmo actual, sí, tardaremos siglos. Pero esa proyección también es una advertencia disfrazada de estadística: si no aceleramos, esto es lo que sucede.

El problema es que las proyecciones así pueden funcionar de dos formas: como llamada de atención o como profecía que se cumple a sí misma. Si la gente internaliza que «de todas formas tardará trescientos años», el incentivo para cambiar disminuye.

¿Qué cambiaría una secretaria general mujer?

Es justo hacer la pregunta incómoda: ¿cambiaría estructuralmente algo? La ONU ya tiene un aparato dedicado exclusivamente a temas de género (el propio ONU Mujeres). La secretaría general es más una posición diplomática que ejecutiva en el sentido legislativo.

Pero aquí está lo importante: las instituciones funcionan con narrativas. Si la narrativa de la ONU sigue siendo «los hombres lideran, las mujeres ejecutan programas sobre equidad», el mensaje institucional se contradice a sí mismo. Una mujer en la secretaría general no solucionaría la desigualdad global, pero podría cambiar cómo la organización se percibe a sí misma.

Lo que falta en la conversación

Castro alerta sobre un problema real, pero la solución requiere más que reconocimiento simbólico. Implica reformar los mecanismos de selección de secretarios generales (actualmente opacos y sujetos a negociaciones geopolíticas), garantizar que las mujeres que lleguen a posiciones de poder no sean figuras decorativas, e implementar políticas de género que vayan más allá de departamentos especializados.

La pregunta verdadera no es si una mujer debe ser secretaria general de la ONU. Es por qué después de ochenta años aún tenemos que hacer esa pregunta.

Información basada en reportes de: Elespanol.com

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