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La barrera de las 2 horas cayó: Así revolucionan el maratón los nuevos tenis

Dos atletas quebraron el mito de los 120 minutos en Londres, demostrando que la tecnología en zapatillas de running ya no es lujo sino determinante.
La barrera de las 2 horas cayó: Así revolucionan el maratón los nuevos tenis

Cuando la zapatilla se convierte en aliada científica

El maratón de Londres acaba de escribir una de las páginas más emocionantes de la historia del atletismo mundial. Dos corredores cruzaron la meta en tiempos inferiores a las dos horas, un logro que parecía condenado a permanecer en el territorio de lo imposible. No estamos hablando de un simple número en un cronómetro: esta es la culminación de décadas de investigación, inversión millonaria y una obsesión colectiva por entender los límites del cuerpo humano.

Lo fascinante de este hito no radica solo en los pies que lo alcanzaron, sino en lo que pisaban: zapatillas diseñadas con tecnología de punta que parecen sacadas de un laboratorio de ingeniería aeroespacial. Placas de carbono, espumas reactivas patentadas, geometrías aerodinámicas… cada detalle cuenta cuando se trata de arrancar segundos a una distancia de 42 kilómetros y 195 metros.

De lo que parecía ciencia ficción a la realidad

Hace apenas una década, bajar de dos horas en maratón era considerado por muchos expertos como físicamente imposible. Era el equivalente al ‘nunca se ha hecho’ que alguna vez acompañó a otros hitos: el kilómetro en menos de tres minutos, el triple mortal en gimnasia, la velocidad supersónica en caída libre. Los fisiólogos del deporte calculaban que el cuerpo humano simplemente no estaba preparado para mantener un ritmo de 2:50 minutos por kilómetro durante más de dos horas consecutivas.

Lo que cambió no fue la genética de los atletas, ni apareció una raza de corredores sobrehumanos. Lo que revolucionó el deporte fue la confluencia de tres factores: preparación científica, nutrición estratégica y, crucialmente, equipamiento de élite. Las marcas deportivas invirtieron recursos astronómicos en investigación y desarrollo, creando zapatillas que no solo son cómodas, sino que tienen propiedades biomecánicas específicamente diseñadas para maximizar la eficiencia energética de cada zancada.

La brecha que se abre en América Latina

Para el contexto latinoamericano, este momento marca una distancia incómoda pero real. Mientras corredores de élite en Europa, Kenia y Japón tienen acceso a estas tecnologías de última generación, entrenan con biomecánicos de clase mundial y compiten en eventos con presupuestos millonarios, nuestros atletas en la región enfrentan desafíos distintos. No es que falten talento o determinación: lo que falta es acceso equitativo a las herramientas que hoy son casi requisito para competir al más alto nivel.

Argentina, Colombia, México y otros países han producido excelentes maratonistas, pero muchos de ellos deben buscar patrocinios internacionales o emigrar para acceder a los mismos recursos que sus competidores europeos tienen garantizados. Es una realidad que duele mencionar, pero que define la actual brecha de rendimiento global.

Más allá del record: las historias detrás

Lo que muchas veces se pierde en la obsesión por los números es la historia humana. Estos dos atletas que corrieron por debajo de las dos horas no llegaron ahí de la noche a la mañana. Son producto de años de entrenamiento feroz, sacrificios incalculables, rechazos previos, lesiones superadas. Sus equipos incluyen médicos, nutricionistas, psicólogos deportivos, fisioterapeutas que trabajan en armonía perfecta. Es un ecosistema donde cada pieza importa.

Además, esta hazaña trae consigo cuestionamientos legítimos: ¿en qué punto el equipamiento influye más que el atleta? ¿Es deportivamente justo que una zapatilla cueste entre 250 y 350 dólares, dejándola fuera del alcance de la mayoría? Estas preguntas no tienen respuestas simples, pero son necesarias para una conversación honesta sobre el futuro del deporte profesional.

¿Cuál será el siguiente límite?

Ahora que la barrera de las dos horas ha caído, la comunidad atlética internacional ya especula sobre el siguiente hito. ¿Veremos a tres corredores bajo 120 minutos en el próximo año? ¿Se estandarizará este tiempo como el nuevo podio de excelencia? ¿Qué marca será el siguiente sueño imposible?

Lo que queda claro es que el deporte sigue evolucionando, y esa evolución ya no depende únicamente de la voluntad del atleta, sino de la ingenuidad humana para crear mejores herramientas. En las próximas décadas, veremos récords caer con una frecuencia que hoy nos parecería inconcebible. La pregunta no es si los límites pueden romperse, sino cuántas veces más podremos romperlos.

Información basada en reportes de: El Financiero

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