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IA y fotografía: cómo la inteligencia artificial cuestiona la verdad de las imágenes

Con la llegada de herramientas de generación y manipulación de imágenes basadas en IA, la fotografía tradicional enfrenta su mayor crisis de credibilidad desde su invención.
IA y fotografía: cómo la inteligencia artificial cuestiona la verdad de las imágenes

La fotografía pierde su poder de verdad en la era de la inteligencia artificial

Durante casi dos siglos, la fotografía ha funcionado como prueba irrefutable de la realidad. Ese dispositivo que capturaba la luz en una placa química, después en película, luego en sensores digitales, prometía autenticidad. «Si está en la foto, entonces sucedió», creíamos. Pero esa certeza, ese contrato silencioso entre la imagen y la verdad, se tambalea ahora bajo el peso de algoritmos cada vez más sofisticados.

La reflexión que plantea el Subcomandante Marcos respecto a la inteligencia artificial toca un nervio expuesto en el oficio fotográfico contemporáneo: ya no es necesario estar presente en el momento decisivo, ni siquiera necesitas capturar la luz reflejada en un objeto real. Con las herramientas de IA actuales, basta con describir lo que deseas ver y la máquina lo genera. O peor aún, toma imágenes existentes y las reinterpreta a tu antojo, borrando rastros de manipulación que antes dejaban huellas detectables.

El Día Mundial de la Fotografía bajo nuevas sombras

Cada 19 de agosto el mundo fotográfico se detiene para conmemorar esta forma de expresión. Este año la conmemoración adquiere un matiz agridulce. Mientras celebramos el legado de fotógrafos que documentaron guerras, revoluciones, injusticias y belleza, nos enfrentamos a una pregunta incómoda: ¿qué valor tiene una imagen cuando ya no podemos confiar en su origen?

La industria de la fotografía, tanto profesional como amateur, enfrenta una transformación comparable a la que sufrió la música con las descargas digitales o la prensa escrita con internet. No es simplemente un cambio técnico, sino una redefinición fundamental de qué significa capturar y compartir la realidad visual.

Manipulación antes y después de la IA

Claro está que la manipulación fotográfica no es novedad. Desde que existe el fotomontaje, pasando por los retoques de Stalin que borraba políticos de fotografías históricas, hasta los filtros de Instagram que distorsionan nuestras percepciones corporales, la fotografía siempre ha sido manipulable. La diferencia radica en la escala, la velocidad y la invisibilidad.

Antes, la alteración dejaba rastros. Un fotógrafo de prensa necesitaba acceso a cuarto oscuro, químicos, destrezas técnicas. Los editores de imágenes digitales usaban herramientas visibles: desenfoque, clonado, cambio de colores. Era un oficio. Ahora, un algoritmo entrena con millones de imágenes y aprende a generar, modificar y combinar visiones de realidad sin que ningún humano intervenga directamente en cada decisión.

El problema latinoamericano y global

En Latinoamérica, donde la fotografía documental ha jugado un papel crucial en la denuncia de violaciones de derechos humanos, desapariciones y injusticias, esta transformación presenta peligros específicos. Las imágenes de fotógrafos como Hector García, Yuri Cortez o las documentalistas de violencia de género han sido pruebas en juzgados, testimonios en investigaciones, símbolos de resistencia.

Si la confianza en la fotografía se erosiona globalmente, ¿cómo se probarán las atrocidades futuras? ¿Cómo documentaremos las dictaduras que todavía existen, la represión que continúa, la pobreza que persiste? La IA no solo amenaza el arte fotográfico, sino las herramientas mismas de la verdad que comunidades vulnerables utilizan para hacerse escuchar.

Hacia una nueva alfabetización visual

Expertos advierten que necesitamos desarrollar nuevas competencias para navegar este mundo donde imagen y realidad pueden separarse completamente. No se trata de rechazar la IA, sino de entenderla, de exigir transparencia sobre cuándo y cómo se utiliza, de desarrollar tecnología que permita detectar manipulaciones.

Los fotógrafos profesionales, mientras tanto, se reinventan. Algunos enfatizan el proceso vivo, la presentación en vivo de su trabajo, la conexión entre el acto de fotografiar y su propósito. Otros abrazan nuevas herramientas, colaborando con IA en lugar de competir contra ella.

Lo que es seguro es que el 19 de agosto de 2024 marca un antes y un después. La fotografía sigue siendo poderosa, pero ya no podemos dormir tranquilos creyendo en su inocencia.

Información basada en reportes de: Xataka.com.mx

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