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Hallazgo en Hidalgo revela que los ajolotes poblaron México hace millones de años

Científicos de la UNAM describen una especie fósil desconocida que reescribe la historia evolutiva de estos anfibios únicos del continente.
Hallazgo en Hidalgo revela que los ajolotes poblaron México hace millones de años

Un tesoro paleontológico en el corazón de México

En las capas geológicas de Santa María Amajac, Hidalgo, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México han sacado a la luz vestigios de un pasado remoto que transforma nuestra comprensión sobre la evolución de uno de los seres más emblemáticos de Mesoamérica: el ajolote. El descubrimiento formal de Ambystoma quetzalcoatli, una nueva especie fósil de salamandra acuática, amplía sustancialmente el registro paleontológico de estos anfibios únicos en el planeta.

Lo que hace excepcional este hallazgo no es únicamente la antigüedad de los ejemplares, sino la calidad de conservación. Los científicos identificaron esqueletos prácticamente completos y articulados, una rareza en el registro fósil que permite reconstruir con precisión la anatomía de estos organismos que habitaron lacustres desaparecidos hace millones de años. Esta ventana al pasado revela que la línea evolutiva de los ajolotes tiene raíces mucho más profundas de lo que registraba la ciencia hasta hace poco.

¿Por qué importa esto para América Latina?

El descubrimiento mexicano adquiere relevancia dentro de un contexto regional más amplio. América Latina alberga una biodiversidad incomparable: el continente concentra entre el 60 y 80 por ciento de todas las especies vivas del planeta, según estimaciones de organismos internacionales. Sin embargo, esta riqueza está bajo presión creciente por urbanización, deforestación y cambio climático.

El ajolote es un caso particularmente delicado. En su forma actual, la especie endémica Ambystoma mexicanum enfrenta amenazas inmediatas: el drenaje del lago de Xochimilco en la Ciudad de México ha reducido drásticamente su hábitat natural, relegando a las poblaciones silvestres a un estado crítico. Comprender la profundidad temporal de estos anfibios—que radiación evolutiva que se remonta millones de años atrás—contextualiza la urgencia de proteger lo que queda de sus ecosistemas acuáticos ancestrales.

Fósiles que cuentan la historia de los lagos mexicanos

El registro geológico de México contiene capítulos fascinantes sobre sus antiguos sistemas lacustres. Durante el Cenozoico, vastas cuencas de agua dulce cubrieron lo que hoy es el altiplano central. En esas aguas ancestrales se desarrolló una fauna única, adaptada a condiciones específicas que ya no existen. Ambystoma quetzalcoatli habitó uno de esos lagos desaparecidos, compartiendo un mundo con otras formas de vida que la geología ha preservado como fósiles.

El nombre de la especie homenajea a Quetzalcóatl, la deidad mesoamericana asociada con el agua y la serpiente emplumada, un guiño a la importancia cultural de estos anfibios en las civilizaciones precolombinas. Los mexicas ya consideraban al ajolote un organismo sagrado; la paleontología moderna confirma que su importancia biológica es igualmente profunda.

Implicaciones para la biología evolutiva

Los fósiles completos de Ambystoma quetzalcoatli permitirán a los investigadores rastrear cambios morfológicos a través de millones de años. Esto ofrece datos concretos sobre cómo estos anfibios se adaptaron a variaciones climáticas pasadas, información que resulta instructiva frente al cambio climático actual. Los patrones de adaptación que los ajolotes desarrollaron en contextos de transformación ambiental previa podrían revelar mecanismos de resiliencia en la naturaleza.

Además, el hallazgo refuerza la importancia de proteger México como un laboratorio vivo de la evolución. Casi todas las salamandras del género Ambystoma son endémicas de Norteamérica. México es el centro de diversificación de este grupo, lo que lo convierte en un territorio científicamente invaluable para comprender cómo evolucionan los vertebrados en ambientes acuáticos continentales.

La urgencia de preservar el patrimonio natural

Este descubrimiento llega en un momento crítico. Mientras paleontólogos de la UNAM desentierra la historia fósil de los ajolotes, sus descendientes vivientes languidecer en reservas cada vez más reducidas. Xochimilco, que albergó la mayor población silvestre conocida, ha visto colapsadas sus poblaciones desde hace décadas. Científicos advierten que sin intervención urgente, el ajolote mexicano podría extinguirse en su hábitat natural durante este siglo.

El contraste es ineludible: estos anfibios sobrevivieron cambios climáticos extremos hace millones de años, pero no sobreviven la acción humana actual. La lección es clara. La paleontología no es un ejercicio del pasado; es una advertencia del presente. Cada especie fósil desenterrada representa un linaje que perduró, a veces durante decenas de millones de años. Desperdiciar esa resiliencia evolucionada mediante negligencia ambiental contemporánea sería una pérdida irrecuperable.

Siguiente paso: más investigación, más protección

El hallazgo abre nuevos frentes de investigación. Los científicos ahora buscarán otros sitios fósiles en México que podrían contener restos de Ambystoma quetzalcoatli o especies relacionadas. Cada nuevo fósil sumará datos al mosaico evolutivo de estos organismos.

Paralelamente, organismos conservacionistas reclaman que este tipo de descubrimientos científicos catalicen políticas más robustas de protección de hábitats. Si México logró preservar fósiles de millones de años en formaciones rocosas de Hidalgo, debe ser capaz de preservar ajolotes vivientes en sus lagos y acueductos. La biología evolutiva y la conservación no pueden ser disciplinas separadas; deben converger en una estrategia única de custodia del patrimonio natural.

Información basada en reportes de: Gizmodo.com

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